El buen vivir de los Hadza

No cultivan la tierra, no crían ganado y viven sin reglas ni calendarios

Por Wari

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No cultivan la tierra, no crían ganado y viven sin reglas ni calendarios. Llevan una existencia de cazadores-recolectores que apenas ha cambiado en 10 mil años. ¿Qué saben ellos que nosotros hemos olvidado?

A fines del año pasado, la revista National Geographic publicó un reportaje acerca de la etnia Hadza, de especial interés para los antropólogos, pues nos entrega pistas sobre lo que pudo haber sido la existencia humana -de cazadores y recolectores- antes de la revolución neolítica y del desarrollo de la agricultura. Es decir, durante más del 99 % del tiempo que el gé­­nero Homo ha habitado la Tierra (desde hace dos millones de años).

Los Hadza son una tribu de Tanzania. Resulta revelador cómo viven absolutamente sin ninguna preocupación. Cuando necesitan dormir, duermen. Cuando necesitan comer, cazan o recogen bayas. No tienen ningún tipo de ritual: Cuando uno muere, lo entierran en cualquier lugar sin dolor. Los niños aprenden de los mayores el arte de la caza y de la recolección. No existe el matrimonio, las parejas no suelen durar más que algunos años y los niños son criados en forma comunitaria.

Si se presenta algún tipo de conflicto, separan las dos partes enviándolas a grupos vecinos. Si se ven amenazados, cambian de ubicación. Jamás piensan en el futuro. Y así han sobrevivido miles de años sin aparentes problemas. Sólo ahora, la presión de un gobierno que los considera una vergüenza y debido a los intereses por sus tierras yermas, está acorralándoles hasta hacer peligrar su estilo de vida.

Resulta extraño pensar lo poco que necesita un Hadza para vivir: Un cuchillo, un arco, flechas, una manta y un par de cazuelas. Esas son sus posesiones. No hay jerarquías. Nadie manda sobre los demás. Por naturaleza, por tradición, las presas cazadas son siempre compartidas por el grupo. Aunque hay división de roles y tareas por sexo, las mujeres gozan de igual respeto y valoración que los varones.

Según las pruebas genéticas, pueden representar una de las raíces principales del árbol genealógico de la humanidad, que se remontaría más de 100 mil años en el tiempo.

La humanidad entera tendría mucho que aprender de esta gente. Estamos inmersos en un mundo en el que el dinero, el trabajo, la envidia, los sueños incumplidos y el consumismo nos devoran la moral y nos roban la vida sin que seamos conscientes. Muy pocos son capaces de renunciar a unas pocas cosas y hacer valer aquello de: “No es más rico el que más posee sino el que menos necesita”.

El artículo completo del National Geographic aquí

Fuente: despierta.posterous.com

El Ciudadano

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