El terremoto: la gran oportunidad política para Piñera

El nuevo presidente de Chile comienza su mandato en medio de una tragedia que atinge a gran parte del territorio nacional

Por Wari

24/03/2010

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El nuevo presidente de Chile comienza su mandato en medio de una tragedia que atinge a gran parte del territorio nacional. Al igual que los grandes sismos del siglo XX, exceptuando los  de 1939 y 1971, la catástrofe deberá ser afrontada por un Chile gobernado por la derecha. Una derecha que recupera el poder después de 20 años y encuentra un país que pese al débil maquillaje de la “protección social”, muestra la misma cara que los cirujanos plásticos de la dictadura le impusieron.

Lejos de significar una limitante para la instalación del actual gobierno, el terremoto puede significar una gran oportunidad política para instalar de una vez, todas las reformas que perfeccionen aún más el desigual sistema económico actual, sin despertar el descontento social, mientras se erige al nuevo héroe de la reconstrucción.

Hace unos días en un show mediático los grandes capitales aportaban dinero para reconstruir el país. “Todos debemos hacer un esfuerzo” se nos decía, mientras pasaban uno tras otro los representantes de las grandes empresas que donaban cifras sorprendentes para quien las compara con su sueldo mínimo, pero insignificantes para quien las compara con la gran ganancia que ha significado instalar empresas en un país que regala sus recursos naturales y ofrece un contingente de trabajadores con nulos derechos laborales y con un sueldo de miseria.

El público se puso de píe para aplaudir mientras el animador se emocionaba cuando la mayor empresa minera privada del país hizo su aporte. Los audaces periodistas que en ese momento atendían los teléfonos en el show, no preguntaron a esa empresa qué relación tiene ese aporte con lo que se han llevado sin pagar un peso de impuesto,  al amparo de una legislación ideada por el hermano del excelentísimo Señor Presidente y profundizada por la Concertación. Seguramente con el dinero que se han llevado del país más rico en cobre del mundo, no sólo reconstruiríamos Chile, sino también Haití; en condiciones mucho mejores a las anteriores al terremoto.

La periodista y analista Naomi Klein en su libro La Doctrina del Shock, señala que los momentos de catástrofe natural, social y/o política, generan las condiciones propicias para la instalación de las políticas ideadas por el padre del libre mercado Milton Friedman. Este economista y sus discípulos reconocieron que sus políticas serían profundamente impopulares, generando un descontento social que pondría en riesgo la continuidad del sistema.

La venta de la educación pública, la privatización de la salud, la venta y/o destrucción de las empresas y servicios públicos, no son sólo malas noticias; sino que significan la decadencia en la calidad de vida de la mayoría de la población y por ello no serán recibidas por ésta como la buena nueva.

Durante los años 40 la psiquiatría descubrió que por medio del electroshock a un paciente con problemas mentales se le podía regenerar una personalidad, lo que en los hechos significaba transformarles en zombis gobernables como niños pequeños. Posteriormente la CIA ocupó estas técnicas para torturar y obligar a prisioneros políticos a delatar a sus compañeros de lucha.

En ese proceso se descubrió también que los estados de shock pueden también ser colectivos. Un evento traumático, catastrófico en la vida de un país, puede convertir a éste también en un paciente al cual hay que aplicar un tratamiento.

Bajo este modelo no es casualidad que el primer país en que se ensayasen las enseñanzas del señor Friedman, fuera el nuestro.

En aquellos años la sociedad chilena sufría uno de los eventos más traumáticos de su historia. Los militares y los civiles de la derecha fascista, impusieron el terror no apenas en quienes eran torturados, en las familias de los apresados o desaparecidos, sino en toda una sociedad que en estado de shock observaba cómo la crueldad se instalaba impunemente.

Fue necesario reprimir, perseguir, encarcelar, matar y/o hacer desaparecer; a un pueblo entero, para crear las condiciones propicias para que los niños de Chicago, discípulos de don Milton, y ahijados de Pinochet, destruyeran todo lo que el país había logrado construir desde tiempos de Aguirre Cerda, bajo el lema de que el desarrollo del lo público llevaría al desarrollo nacional; y en especial las conquistas populares obtenidas bajo el gobierno de la Unidad Popular, que pusieron al país entre los de mayor justicia social del mundo.

Quienes llegan al poder hoy, pese a presentarse con una careta de demócratas, cuando no son los mismos en carne y hueso, están emparentados consanguíneamente, con aquellos que impusieron el dolor en el pueblo chileno y que le obligaron a cargar sobre sus hombros con la explotación y la desigualdad, sobre la cual se fundamenta el desarrollo macroeconómico del país.

Sin lugar a dudas, la actual derecha sabe por libro cómo actuar en esta catástrofe y su acción no sólo será llevarle una pelota al niño “zafrada” y abrazar cínicamente a quienes sufren; sino que será aprovechar esta oportunidad para terminar de quitar al pueblo los trocitos de dignidad que le quedan, haciéndole pagar la crisis económica y la tan parafraseada “reconstrucción nacional”.

El terremoto, es una nueva oportunidad que le cae de cajón al Señor Piñera y compañía, sobre otras que igualmente nos en-zombizarían en la farándula nacionalista del 2010: el Bicentenario y el campeonato Mundial de Fútbol.

Por Raúl H. Contreras Román

Fotografía: AP

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