Especial: Memoria sobre el proceso de la Reforma Agraria en Chile

En el día de campesino y campesina compartimos nota, video y acceso a documentos históricos

Por Seguel Alfredo

28/07/2022

Publicado en

Actualidad / Chile / Portada

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Fotografía portada: En la entrada del fundo Loncopán, trabajadores y parceleros se manifiestan durante una toma. Año 1970 (Memoria del S.XXI)

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La tierra para el que la trabaja: La Reforma Agraria (1962-1973)

En las primeras décadas del siglo XX la sociedad rural chilena mantuvo la estructura agraria tradicional, fundada en el predomino del gran latifundio y una jerarquía social rígida, autoritaria y paternalista.

En vista de esta situación las demandas por una reforma agraria fueron desde comienzos de siglo una propuesta de los sectores progresistas del país, como fue en el caso de la campaña presidencial del Frente Popular, en 1938. Sin embargo, una vez en el poder, los gobiernos radicales decidieron privilegiar la industrialización en el mundo urbano, postergando al rural.

Como consecuencia, cientos de miles de campesinos emigraron a las ciudades en busca de un mejor futuro, mientras que la economía agraria comenzó a experimentar una crisis profunda caracterizada por su incapacidad productiva, siendo necesario, en los años cincuenta, llegar a la importación de alimentos.

Al comenzar la década de 1960 la presión por una reforma agraria volvió a manifestarse en la sociedad chilena. Esta vez contó con el respaldo de la Iglesia Católica que repartió parte de sus propias tierras entre los campesinos y con el apoyo de Estados Unidos a través de la «Alianza para el Progreso», iniciativa contrarevolucionaria que buscaba neutralizar rebeliones en América Latina.

Enfrentado a las presiones, el gobierno de Jorge Alessandri promulgó en 1962 la primera ley de Reforma Agraria N° 15.020, la que permitió redistribuir tierras estatales entre campesinos y organizar instituciones fiscales para llevar a cabo la reforma en el campo, sin embargo estas fueron acotadas y llamadas «reforma de macetero».

Con la llegada al poder de la Democracia Cristiana, a través de la presidencia de Eduardo Frei Montalva, el proceso de reforma agraria alcanzó un impulso vertiginoso. Bajo el lema «la tierra para el que la trabaja» el programa reformista del nuevo gobierno buscó la modernización del mundo agrario mediante la redistribución de la tierra y la sindicalización campesina.

Para lograr este objetivo se promulgó una nueva Ley de Reforma Agraria N° 16.640 y la Ley N° 16.625 que permitió la sindicalización campesina. Sobre la base de estos dos instrumentos legales se expropiaron alrededor de 1.400 predios agrícolas, 3,5 millones de hectáreas, y se organizaron más de 400 sindicatos que sumaron más de 100 mil campesinos. Al mismo tiempo, comenzaron a producirse huelgas y tomas masivas de predios.

El nuevo gobierno de Salvador Allende continuó el proceso de reforma agraria, utilizando los instrumentos legales promulgados por el anterior gobierno, con el fin de expropiar latifundios y traspasarlos a la administración estatal, cooperativas agrícolas o asentamientos campesinos. Este proceso también estuvo acompañado de una gran efervescencia campesina que se expresó en la ocupación o tomas masivas de predios, desatándose en el mundo rural un clima de violencia y enfrentamiento.

Al producirse el golpe de Estado, el 11 de septiembre de 1973, la Unidad Popular había expropiado cerca de 4.400 predios agrícolas, que sumaban más de 6,4 millones de hectáreas. La dictadura a punta de sangre y fuego, impuso una contrareforma y en las dos décadas siguientes el modelo neoliberal irrumpió en el mundo rural, produciéndose el traspaso de grandes extensiones de tierra a nuevos capitalistas vinculados a modelos extractivistas industriales.

Antes del Golpe Militar, entre las organizaciones campesinas nacionales más representativas se encontraban la Confederación Triunfo Campesino, ligada a la Democracia Cristiana, y la Confederación Nacional Sindical Campesina Libertad, vinculada a la Iglesia Católica, las que, en conjunto, representaban al 40,95% de los campesinos sindicalizados en el año 1973. Por su parte, la Confederación Campesina e Indígena Ranquil, vinculada al Partido Comunista, al Partido Socialista y a la CUT, y la Confederación Unidad Obrero Campesino, vinculada al MAPU, correspondían al 50,05% de los afiliados ese mismo año. Durante el gobierno de Allende se promovió además la constitución de una organización campesina paralela a la sindical: los Consejos Comunales Campesinos Ejecutivos, proyectados como espacios de debate y formulación de orientaciones políticas para el movimiento, y que tuvieron su respectiva superestructura unitaria en los Consejos Provinciales y el Consejo Nacional.

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