Highway to Hell

Nuevamente y de la mano del nuevo gobierno de Piñera, viene otra reforma más al ya podrido cadáver de la educación en Chile, que a pesar de venir con un proceso de decadencia profunda desde la reforma de Eduardo Frei Montalva, se niega a desaparecer

Highway to Hell

Autor: Wari

Nuevamente y de la mano del nuevo gobierno de Piñera, viene otra reforma más al ya podrido cadáver de la educación en Chile, que a pesar de venir con un proceso de decadencia profunda desde la reforma de Eduardo Frei Montalva, se niega a desaparecer. No obstante, cabe detenerse en aquella relación contradictoria entre el muerto y su interminable vida, ya que, quizás, hablar de un cadáver educacional no resulte tan efectivo si tenemos en cuenta que el modelo educativo actual tiene y mantiene una larga y próspera vida, puesto que, claramente, no corresponde al anterior modelo chileno de educación con el Estado docente, el cual efectivamente murió, sino que éste es el modelo neoliberal que crece, evoluciona y consolida de manera creciente desde su imposición a mano de “ya sabes quién” y que está lejos de estar muerto. Es por ello que es mejor colocarse en el plano, preocupante por lo demás, de cómo el modelo educativo neoliberal se consolida a través de estas reformas y no cómo me destruye un modelo que ya murió, por ello pretendo en las siguientes líneas dar cuenta de lo que, para mí, significaría para el sistema neoliberal este pasito en educación, pues el problema en educación, que en sí es el modelo neoliberal, está lejos de terminar porque forma parte esencial del sistema, y por lo que hacer un real cambio en educación amerita amenazar al modelo neoliberal en sus bases y éste es defendido por muchos de quienes gobiernan en este país. Igualmente, debemos de tener en cuenta que el neoliberalismo dejó hace tiempo de ser un mero modelo económico (de implementación exitosa por lo demás), sino que se ha logrado extrapolar hacia una dimensión más macro para la sociedad, conforme se ha convertido en una forma de pensar, actuar y por sobre todo decidir para los chilenos, o tal como dice la canción “es que te has convertido en parte de mi alma”, por lo que en ello recae lo complejo de esta situación, producto que estas reformas en educación tienen repercusiones que van mucho más allá y que ayudan a consolidar aún más el modelo socio-económico a fin de llegar , si ya no se llegó, al punto sin retorno, en que el sistema se transformará en un ente tal, que no necesitará más reformas, puesto que alcanzará su máxima plenitud, y cuando ese momento llegue, que Dios nos pille confesados.

Primero que todo, cabe indicar, que tampoco se debe culpar de todo esto a Piñera y su patiño Joaquín Lavín, sino que el problema se debe ver siempre desde la larga duración, es decir, desde los amagues de Pinochet para dejar sus planes bien amarrados hasta el largo proceso de consolidación de estos por la Concertación, ya que la llamada “transición a la democracia” significó un proceso únicamente político en cuanto a terminar con la dictadura. En educación cabe igualmente hacer notar la participación de la Concertación en este proceso de consolidación de un sistema neoliberal, que si bien, se comprende dadas las fuertes ataduras que el régimen militar dejó a fin de impedir un cambio radical, cabe hacer notar que la misma Concertación, salvo algunos casos y/o personajes, se colocó en la postura defensora del modelo dejado por Pinochet, pues, sea como sea, los intereses creados forman parte importante de dicho conglomerado para con el modelo. Ejemplo en lo inmediato fue el de Michelle Bachelet, la mamá de Chile, quien, recordemos, nos goleó con la LGE mejorando aún más la Loce para sus defensores (quizás por eso se juntaba tanto con Bielsa, le enseñaba buenas técnicas para hacerle goles a equipos que parecían fuertes como fuimos los pingüinos del 2006). No obstante, volvamos a Piñera quien está a punto de plantar su arbolito en este jardín por medio de las siguientes reformas, que se pueden implementar gracias a lo coyuntural, como el terremoto y los 33, y además, gracias a la perplejidad del chileno que simplemente se mantiene tan escéptico o temeroso de la política, desde la mano dura de Pinochet, que a fin de cuentas la ayuda al “dejarla ser” sin tener en cuenta que ese dejar hacer y deshacer lo afecta en su cotidianeidad. Esta situación genera que la administración de este gobierno y las demás, se vean con absoluta libertad de actuar sin la necesidad de preguntar, o quizás eso se entendió por las beneficiosas encuestas.

La súper reforma en educación de Piñera (suma urgencia), que Lavín anunció la semana pasada, se refiere al aumento de horas de clases para los ramos de Lenguaje y Matemáticas, ya que según el ministro (y obviamente el gobierno), los consideran ramos esenciales para la formación de los niños ya que si no sabemos leer y comprender, no podremos aprender en ninguno de los demás ramos al igual que si no sabemos hacer ejercicios en matemáticas, no podemos realizar las complejas fórmulas que la física, la química y la biología exigen. En parte y obviamente, el análisis es cierto y no creo que se requiera ser brillante para darnos cuenta de la relación. Sin embargo, el tema está en lo torpe de la medida. Se aumentarían en 800 horas las clases de Matemáticas y Lenguaje en cada establecimiento y obligatoriamente para que por fin se puedan mejorar los puntajes PSU y los niños y niñas de este país puedan ingresar a la Universidad. Claramente, la reforma es una estupidez, puesto que, por un lado, al alumno, ya cansado con la jornada completa, se le pretende implementar aún más horas de clases y de un mismo ramo, sabiendo lo difícil que es para un alumno promedio lograr concentrarse por tanto tiempo en el mismo tema y haciendo un calvario para quien simplemente manifiesta un desdén importante por una o ambas materias. Se está pensando de la forma más cuantitativa que hay, se cree que más horas darán como resultado peritos en lingüística y algebra, el mismo Lavín (lo escucho mientras escribo) acaba de decir que quienes reciben menos materia aprenden menos, obviamente ello es un error garrafal, ya que el aprendizaje no tiene nada que ver con las horas de clases, sino que esencialmente en cómo se enseña la materia. Quizás, de tanto imponer e imponer, repetir y repetir la materia y aburrir con el tema es obvio que algo quedará en la retina, pero difícilmente ello sea un aprendizaje significativo, más bien parece un conductismo al hueso. Para variar, la reforma hace notar que se trabaja meramente en lo teórico y los alumnos nuevamente y como siempre tendrán que sufrir las consecuencias de ello en su diario vivir.

Por otro lado la viabilidad de ello resulta, una vez más, casi imposible, a menos que hablemos de colegios que cuenten con los fondos para ello, como los privados, o para los que puedan hacer el esfuerzo para ello, ya que para el caso de lenguaje, las “horas extras” serían de lectura, preferentemente literatura, en las bibliotecas de cada establecimiento y sabemos que muy pocos colegios tienen bibliotecas o las que tienen son tan pobres y básicas que solo alcanzan para tener uno que otro libro de García Márquez y los verdes cortitos de ZIG-ZAG, esta utopía desarrollista es tan descabellada en la situación escolar actual real, como la idea de que cada alumno tenga un notebook o computador y pizarras electrónicas en cada sala para estar a la par con el desarrollo de la tecnología. Igualmente, tal aumento de horas demandarían más profesores, ya que un solo profesor, como ocurre en algunos establecimientos, no podrá aguantar con tantas horas bajo el brazo, teniendo en cuenta que son varios cursos, muchos alumnos y muchas materias en cada curso (la reforma va desde 5° básico a 2° Medio), por lo que aumentará la demanda de profesores (que nuevamente solo correrá para los colegios que tengan los recursos para ello) y con ello se ayudará a absorber a la sobre oferta de docentes que saca anualmente el mercado gracias a que pedagogías las enseñan hasta los institutos. Estas exigencias para la implementación de las reformas llevarán a que los colegios municipales no logren responder de la mejor manera, con lo que irán en decadencia al no poder sostenerse producto de que sus matrículas disminuirán conforme su infraestructura no da para “la nueva forma de educar”, entonces los Simce darán cuenta de su situación y menos matriculas con bajos resultados, provocará a que se verán obligados a cerrar o fusionarse con otros establecimientos como ya ha sucedido. Los subvencionados, con el prometido aumento de Piñera, se verán beneficiados, ya que lograrán cubrir aunque sea con cartón las exigencias de las reformas e igualmente, al entrar en crisis las instituciones municipales, muchas familias harán el esfuerzo para matricular en ellos a sus hijos en busca de mejores colegios, por lo que nuevamente las reformas darán cuenta de un neoliberalismo en marcha galopante.

Otro punto importante es el fin de dichas materias, se apunta exclusivamente a Lenguaje y Matemáticas, ya que son las materias que mide en Simce y la PSU, por lo que se pretende, de forma tan clara e innegable que hasta personas dentro de la misma derecha, como José Manuel Ossandon (alcalde de Puente Alto), duden de la reforma, generar alumnos funcionales a dichos patrones de medición y el mismo Lavín lo dice, esperando que el Simce suba 10 puntos para el 2012, con lo que realmente no se pretende, y si se hiciera sería simplemente una coincidencia, que los alumnos mejoren sus capacidades para las demás materias o un mejor desempeño universitario a futuro. Lo que se quiere son alumnos buenos para hacer ejercicios y raudos lectores para que sepan marcar bien el circulito a la hora de medirlos, por ello es severamente explicable que este aumento de horas sea en desmedro de materias tan esenciales como la Historia, Geografía y Ciencias sociales, ya que además, de no ser de medición obligada como en la PSU, es patente que nunca han sido ni serán buenas o funcionales para el modelo, ya que obviamente son un arma de doble filo conforme constituyen una herramienta real para generar un pensamiento crítico en los alumnos que luego constituirán a la sociedad, con lo que, por consecuencia, se tendrán ciudadanos más conscientes de la realidad de la que son parte y porque estos se podrían revelar al darse cuenta de las profundas contradicciones que tiene el sistema y con ello llegar a ponerlo en duda y/o amenazarlo, o aún peor destruirlo. Este peligro el sistema lo ha tenido claro y por ello se le teme y constantemente se ha tratado de limitar la enseñanza de la Historia, la Geografía y las Ciencias Sociales, ya que son una amenaza en las bases. Esta limitación se demuestra en la PSU que pregunta por fechas o personajes más que una real comprensión del acontecer histórico y los procesos que dan forma al pasado y presente, al igual que en geografía, que termina siendo meramente descripciones y características físicas del espacio o datos cuantitativos de la población. Por lo mismo, como profesores de Historia, Geografía, Educación cívica y Ciencias Sociales, conscientes de la disciplina que amamos y lo que ella implica para el modelo en cuanto a generar cambios, es clara la oposición y el repudio a la medida de disminuir en una hora la cátedra, puesto que el conocimiento de la Historia y Geografía es esencial para comprender nuestra realidad. Junto a ello, reitero que el aumento de horas en Lenguaje y Matemáticas no mejorará en nada, pero absolutamente en nada, la situación de la educación hoy.

Por último, vuelvo al tema de la PSU, ya que si se pretende mejorar los puntajes de ingreso a las universidades no se realmente cual sea la efectividad de ello, más bien me parece que es casi como fabricar un enemigo virtual, en que el ingreso a la Universidad constituye un Osama Bin Laden de la educación, porque debemos tener en cuenta que la sobre oferta del mercado universitario generó que la educación fuese para todos y por ende ya no se necesitan los mejores puntajes para acceder a ella. El problema en parte tiene que ver con esta Universidad para todos, pero tampoco es tan así, sino que los puntajes no significan en grueso del conflicto, ya que sabemos el tema acá recae en que el proceso formativo es tan irregular y las formas de fiscalización tan inútiles (como de que ninguna institución de educación superior sería autónoma o la ya desprestigiada acreditación) que la educación superior termina dando para todos lados. Ello también es un agravante para el problema que plantearé a continuación.

Otra reforma del gobierno de Piñera son las súper becas para pedagogía según los 600, 700 u 800 puntos que logre obtener en la PSU el postulante a una de dichas carreras. Nuevamente, vemos la mirada del gobierno orientada a lo cuantitativo, creyendo, de forma sumamente torpe, que los problemas en educación provienen de los malos puntajes que entran a estudiar pedagogía. Obviamente ello tiene que ver con algo mucho más profundo y complejo, que tiene dentro de sí a una cantidad mayor de factores que explican dicha situación. El problema de pedagogía y los bajos puntajes que entran a dichas carreras tiene que ver simplemente con un proceso gradual y acelerado de deslegitimación social del profesor por parte de un sistema que se ocupó de destruirlo. Ello ha generado que estudiar pedagogía, dentro de esta mentalidad neoliberal (que entiende calidad de vida el tener un auto catalítico, un LSD de 80 pulgadas, una casa en la playa y dos perros labradores) sea sumamente poco rentable, ya que el ser profesor implica, en muchas ocasiones, sueldos sumamente bajos y un ritmo laboral en reiteradas ocasiones insostenible, sumándole a ello que el ambiente en que el profesor se desempeña ha ido empeorando gradualmente conforme la propia sociedad va empeorando y manifestándolo en sus hijos e hijas, refiriéndome a una sociedad cada vez más sustentada en el lujo y lo material junto con el individualismo profundo con que se vive hoy en día, que a la vez provoca desconfianza en el otro, lo que aumenta los grados de violencia y ello termina superando el respeto por la otra persona como ser humano. Por ello el profesor es visto como inferior o complicado, en cuanto a que ganan menos y trabajan en condiciones que no son las óptimas, lo que condiciona la decisión de estudiar pedagogía. Esto provoca que muchas veces los puntajes menores terminen optando por estas carreras, ya que quienes lo hacen, sin vocación, muchas veces apuntan a “perdidos” que no sabían qué estudiar o porque simplemente les alcanzó y querían entrar a la universidad. Un porcentaje bajo son quienes entran porque no les alcanzó para otra cosa, con lo que me opongo de manera tajante a las lesas palabras del mal llamado profesor Campusano, ya que con el grado de oferta universitaria que hoy existe por 500 puntos puedes ser ingeniero o abogado, por lo que las opciones están y por montones. Las reformas de Lavín y la administración Piñera provocarían en muchos casos un vuelco gigantesco en esta realidad, pero un vuelco que creo peor para la pedagogía, ya que sumado a las promesas de beneficios a los egresados en cuanto a sueldos y mejoras venidas del propio presidente, generarían que las carreras de pedagogía se volviese bastante (o excesivamente) rentables, por lo que, gracias a la mentalidad neoliberal, las ferias de carreras se llenarían, puesto que ahora estudiar pedagogía es sinónimo de estudiar gratis, por lo que todos entrarían a estar 5 años (de salir todo bien) sin gastar un peso en la Universidad y luego podrían salir (de ser buenos) con beneficios salariales por lo que prácticamente es un paraíso. No obstante, cabe recordar que la realidad educativa chilena no cambiará por lo que los profesores no saldrán en muchas ocasiones a trabajar en lugares paradisiacos, sino que deberán cumplir con el trabajo en liceos municipales (forma que tiene el gobierno de impedir que los docentes los eviten para trabajar) por lo que el sueño de una vida genial no es tan así, por ello para ser profesor lo que se necesita es una real vocación. Por otra parte, este estudio gratis y hasta pagado por tener un buen puntaje atraerá a muchos estudiantes que simplemente no tendrán ni la menor vocación como docentes pero que vienen atraídos por el tesoro, lo que empeorará la poca pedagogía que se tiene dentro de las aulas chilenas. Igualmente ayudará a las instituciones privadas, ya que las carreras de pedagogía no son tan caras de mantener, por lo que ante este incentivo del gobierno y la excesiva demanda que se generará de parte de los postulantes llevará a que dichas instituciones comiencen a colocar la docencia en su oferta y con ello la sobreproducción de profesores a nivel país se disparará provocando que el mercado laboral no de abasto para tanto profesional de la educación y por ello habrá mayor cantidad de docentes sin empleo lo que ayudará a que la carrera vuelva a desacreditarse. Pero ello no importa, porque los bolsillos de quienes forman parte del “arreglin” estarán llenitos de monedas, provenientes ya sea del Estado o de las familias que ven en ello la posibilidad para sus hijos.

Para terminar, lo que se pretende igualmente es que las Universidades del Estado vayan perdiendo poder y participación en la formación de la sociedad chilena, lo que, al debilitarlas (que ya lo están) resulta un paso genial para el neoliberalismo producto que las encaminan hacia la privatización obligada. Ejemplos de ello son lo que pasó con la U de Valpo y la Utem, e igualmente las sobrevivientes se verán complicadas profundamente cuando se les rebaje el porcentaje de ayuda estatal para las Ues públicas (de 14% a 5% U de Chile) el próximo año, lo que demuestra lo que se pretende. Igualmente, las Ues privadas se ven beneficiadas en su intento por acceder a fondos públicos ya que con la beca de Pedagogía de 600,700 y 800 podrán acceder a ellos al implementar pedagogías, ya Lavín lo había pronunciado meses antes, al pretender que las becas exclusivas de las Ues públicas también fuesen para las privadas, para “nivelar la situación de la educación superior”.

En síntesis, las muestras son claras y realmente la educación pública, en este avance para el neoliberalismo, se ve sumamente amenazada. Las reformas son muestra de ello y este proyecto con suma urgencia de Piñera debe ser detenido por quienes formamos parte esencial de la educación como somos los estudiantes, los profesores y apoderados. No se debe permitir que un gobierno actúe con tanto autoritarismo al hacer reformas sin consultar a nadie, no se debe permitir ya más que las medidas en algo tan esencial para el desarrollo de un país se hagan en contra de la misma población que forma parte de él. De no hacer algo solo cabe esperar que la única barrera que ha impedido el desborde tenga que volver a actuar, y esa barrera son las limitantes propias de la sociedad chilena en cuanto a su conformación histórica y características estructurales que impiden que el neoliberalismo pueda alcanzar su consolidación final. No podemos depender que la pobreza y la desigualdad vuelvan a poner el tope que nosotros como sociedad no logramos colocar por nuestra propia convicción y acción.

Puente Alto, 23 de noviembre de 2010

Sergio Estrada A.

Estudiante de Pedagogía en Historia, Geografía y Educación Cívica. Umce

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