Historias de fútbol y el mundial olvidado: Cuando la selección mapuche fue campeona del mundo en 1942

“El Mundial de 1942 no figura en ningún registro oficial, pero se jugó en la Patagonia argentina sin sponsors ni periodistas”

Por Minga

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Una final entre la Alemania nazi y la selección Mapuche

Wallmapu o Wall Mapu es el nombre dado al territorio ancestral del Pueblo Nación Mapuche  que se ha habitado históricamente en miles de años en diversos grados en el Cono Sur de América. Gulumapu es el nombre dado al territorio ancestral del lado del oeste (centro sur de Chile) y Puelmapu es el nombre del territorio del lado este (centro sur de Argentina), quien sufrió el despojo y crímenes de lesa humanidad por parte de la acción bélica de ambos estados a finales del siglo 19, cuyas consecuencias se mantienen hasta el presente..

Alemania, Italia, Argentina, Polonia, Francia, España, Guaraníes, Inglaterra y la selección mapuche, son parte del protagonismo de dicha historia.

“El mundial olvidado”

“En la interpretación de los himnos, como los mapuches no tenían país reconocido protagonizaron una danza que solicitaba auxilio a sus dioses”, se señala en una parte del relato de esta increíble historia.

«Una de las figuras del representativo Mapuche era su portero, cuyo nombre se perdió en los registros encontrados».

Relato desde Italia

“Un misterioso scheletro con in mano una macchina da presa, rinvenuto negli scavi paleontologici di Villa El Chocon nella Patagonia Argentina, richiama l’attenzione su una pagina dimenticata della storia del calcio: i Mondiali del 1942 in Patagonia. Le indagini sveleranno infatti che i resti umani rinvenuti sono quelli di Guillermo Sandrini, cineoperatore argentino di origini italiane, ex fotografo di matrimoni e inventore per hobby, ingaggiato per «filmare i Mondiali in modo memorabile e rivoluzionario».

Es verano de 1942 y el mundo estaba paralizado por la guerra mundial y “se organiza un Mundial de fútbol en secreto”. Se dice que va a ser mítico, mas no acontece. Por la guerra.

La increíble historia del mundial olvidado de 1942

El magistral relato ficcionado del escritor argentino Osvaldo Soriano sigue así: Según los registros del tío Casimiro compitieron Alemania, cuyo equipo era formado por los mencionados ingenieros de la línea telefónica aquella; Italia, representada por obreros piamonteses y emilianos que laboraban en la represa –y que debían defender su condición de campeones vigentes, tras adjudicarse las citas de 1934 y 1938-; Argentina, equipo integrado por obreros locales; Polonia, cuya selección era formada por sacerdotes y también obreros de esa nacionalidad; Francia, elenco conformado por intelectuales galos reforzados por tres chilenos (¡qué nunca falte el compatriota en los eventos importantes de la historia!); España, representada por almaceneros del lugar; agregando a los Guaraníes que eran obreros veteranos de la guerra con Bolivia y que jugaron bajo bandera paraguaya; Inglaterra, equipo formado para bajarle los humos a Alemania; y los Mapuches, quienes participaron pensando que en la Copa en disputa estaban los secretos que utilizaron los huincas para conquistar sus tierras.

Incluso, dice el cuento, hubo subsedes… lo que da cuenta que el torneo fue seriamente organizado. En la Barda del Medio clasificaron los italianos, que superaron a guaraníes y polacos. En Villa Centenario avanzaron los alemanes, que dieron cuenta de franceses y argentinos. Y en la subsede de la Ruta de la Tierra, cerca del prostíbulo del sector, el representativo mapuche clasificó directamente a la final del campeonato tras dejar en zaga a españoles e ingleses.

Una particular semifinal

Para definir al rival de los mapuches en la final, sostiene la historia de Soriano, se midieron italianos y alemanes. El árbitro fue Cassidy, a quien le robaron su dólar de oro justo en el momento que hacía el sorteo con los capitanes. Y como no disponía de un silbato para ejercer su rol, decretaba sus sanciones con un disparo al aire.

Para este duelo, los alemanes ingresaron luciendo cascos, para protegerse de la marca rival; y alfileres, para salir airosos en las pelotas disputadas cuerpo a cuerpo. Los italianos, en tanto, camuflaron pimienta en sus equipaciones, para lanzarle a los ojos de sus rivales. Cuando ese atentado al fair play fue descubierto por el referí Cassidy, sancionó tres penales a favor de los germanos.

Los correspondientes servicios estuvieron a cargo de un ingeniero prusiano que cada vez que iba a chutear, se acomodaba sus lentes. Mediante la vía desde los doce pasos, marcó dos goles que eliminaron a los italianos… impidiendo, de paso, que anotaran el tricampeonato mundial consecutivo, afirma el texto ficticio.

La final

El día de la final (según relata en su fábula el propio Soriano, “un domingo gris que la historia no recuerda”) comenzó a funcionar el teléfono directo a Berlín para comunicar lo que sería la victoria alemana, el triunfo de la raza aria sobre los mapuches.

En la interpretación de los himnos, como los mapuches no tenían país reconocido protagonizaron una danza que solicitaba auxilio a sus dioses.

Según el tío Casimiro, apenas comenzó el partido se desató un granizo tremendo. Obviamente, se pensó en suspender el pleito pero los alemanes se negaron porque ya habían avisado a su país que eran los campeones. Y por ende, tenían que confirmarlo en el juego mismo, continúa el relato.

El relato de ficción no escatima en creatividad e imaginación: Era tanto el granizo, que además del barrial de la cancha, los arcos no se veían. A pesar de ese escenario, el encuentro se extendió hasta medianoche, cuando le avisaron a Cassidy que los arcos habían desaparecido. Ante la emergencia, se envió a un destacamento a buscar los implementos, pero nunca más se supo de esos exploradores.

El caso es que cuando amaneció, prosigue, ni siquiera había pelota con qué jugar. Pero los mapuches seguían saltando y haciendo gestos como si estuvieran dominando el balón. En eso, sonó el teléfono: era una llamada desde Berlín, en la cual se escuchaba el discurso del mismísimo Adolf Hitler.

Y sucedió que, al decir del propio Soriano, “uno de los arcos apareció de pronto en lo alto de una colina, a la vista de todos, y las mujeres reanudaron su danza sin música. Una de ellas (…) fue al encuentro de la pelota que caía de muy alto, de cualquier parte, y con una caricia de la cabeza la dejó dormida frente a los palos para que un bailarín descalzo que reía a carcajadas la empujara derecho al gol”.

Según el mito, William Brett Cassidy anuló ese gol con balazos al aire. Pero el tío Casimiro rejura que validaron ese tanto. Lo único cierto es que en los registros oficiales no aparece la disputa del Mundial de 1942, pese a que Soriano relata tan bien el episodio ficticio que su imaginación y genialidad creativa tienden a confundirse con la realidad.

Documental basado en la historia ficcionada de Soriano.

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