Posición O

La primera noción de la contingencia política que tuve esta vez del país apenitas llegado, a mediados de febrero, fue un comentario que me hizo un viejo conocido en su taller en el valle de Azapa sobre lo que llaman el gabinete de Gobierno

Por Wari

02/04/2010

Publicado en

Actualidad / Columnas

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La primera noción de la contingencia política que tuve esta vez del país apenitas llegado, a mediados de febrero, fue un comentario que me hizo un viejo conocido en su taller en el valle de Azapa sobre lo que llaman el gabinete de Gobierno. Era según él la noticia más fresquita en esos tiempos: Piñera había designado para ser sus más fieles secuaces a “puros tecnócratas”. Sin contar mi carcajada interna por lo que me parecía una peculiaridad discursiva insospechada por parte de mi anfitrión, el pequeño vistazo que pude echar a los medios oficiales de domesticación en sus formatos más saturados (titulares de diarios y noticieros televisivos) me confirmó la noticia, y de paso acabó con convencerme de que la tecnocracia ya no era solo tema de literatura conspirativa paranoide sino que tema de mesa. ¿Los que mandan? Tecnócratas, hijo.

Eso, y también los berrinches de los antiguos regalones del Poder. De tanta risa llegaban a dar pena las alharacas y pleitos de los mafiosos de la Concertación. Muchos, muchos años habían estado apernados en sus asientos, atornillados, completamente asegurados: rechonchitos y contentos, saboreando sus puestos privilegiados, sus sueldos millonarios, sus voluntades poderosas decidiendo por las demás, sus arreglines y sus truculencias. Mala cueva. De alguna manera que no logro precisar mediante el uso de la razón cartesiana instrumental, la gente pareció darse cuenta por un momento (el momento preciso, mal por ellos) de que la Concertación no era más que una manga de bandidos de corbata y les paró la mano. No atribuyo motivación política alguna más que el hastío profundo, una suerte de desencanto y cansancio histórico sazonado con la sutil convicción de que en la variedad tal vez pudiese haber un gusto.

Sea como fuere, esta vez se dio vuelta el plato y los aperados de la Concertación se quedaron sin su parte de la mustia torta del Poder. En su lugar, las anquilosadas y siniestras ambiciones políticas de la derecha despertaron con la sonrisa recién enchulada, a instalarse en los lujosos sillones aún tibios desde donde ahorita pueden gozar del Monopoly de carne y hueso. Cambios de mando, acrobacias faranduleras por doquier y traspasos de varios ceros de unas cuentas a otras. Su apretón de manos y aquí no ha pasado nada mucho.

Lo tragicómico del asunto es apenas la evidencia de la etérea integridad de la ideología política actual. Por obra y gracia de la versatilidad mediática, “malos” y “buenos” rotan en sus puestos, y ahora la Concertación que era EL GOBIERNO resulta que se ha transformao en la Oposición. Claro, porque antes eran ellos quienes tenían el toro por las astas y decidían todo, pus. En cambio la derecha -representada por el conservadurismo, el Opus Dei y la Iglesia, el poder económico neoliberal (aunque en este punto convergen todos, del color que sea) y, por último, el apoyo a la tiranía militar de las dictaduras latinoamericanas gracias a las cuales erigieron sus privilegios-, en un mundo coloreado por los sucesivos gobiernos concertacionistas, devenía oficialmente en el imaginario popular de la muchedumbre chilena en “los chicos malos”. Solían ser la Oposición, el sector político que estaba en contra de los dictámenes del gobierno. Ahora que se invirtió el horizonte político (supuestamente) es la derecha lo Oficial y la Concertación se le Opone.

¿Se le opone? Cuando Parra tomó tecito con la esposa de Nixon fue un acto político. Su obra de arte transmutando la Realidad, estirando el elástico hasta lograr un travestido imaginario social donde la voz supuestamente opositora coqueteaba con el enemigo en alguna lujosa mansión de este mundo con bling bling. Lo mismo los apretones de mano de los políticos. Imagino a Piñera & Co. transando algo innombrable con sus amigotes del otro partido en una mesa repleta de merca, de armas, con guardaespaldas y chicas (y niños…?), cagados de la risa, hueviándose a lo chileno de que la puro vendiste jajaja y la hueá. Será tal vez porque lo habré visto en las películas, no es que me hayan invitado, claro.

Dejando de lado la challa, desde los Chigago Boys que este país es siempre I G U A L. La política apocapitalista neoliberal ha hecho siempre lo mismo, de figurín en figurín cada uno ha cumplido fielmente los sagrados mandamientos del Capital. No ha habido ninguno de ellos que no haya dado poder absoluto a individuos privados sobre recursos naturales que no le pertenecen a nadie y sin embargo son de todos; todos han preservado y “mejorado” el mismo sistema de inequidad trabajar/consumir/morir; todos han perfeccionado sus artes represivas y han torturado & asesinado (1); todos han hecho tratados de librecomercio que les han convenido solo a ellos, etc. Piñera no será la excepción, claro. Seguramente que hará todo más rápido y más piola (tiene experiencia, y además posee los medios como para que creamos cualquier otra cosa), y a mi parecer seguro que estará todo más policialmente “ordenado”, pero tampoco es que cambiará mucho la cosa. Según como lo veo, si Oposición y Posición pueden rotar así no más como si no fueran dos cosas distintas y sin embargo se mantenga todo igual, muy distintas no han de ser.

Varias veces he leído o escuchado a gente de toda alcurnia sociopolítica lamentarse de los millones de -en su mayoría- jóvenes no inscritos para votar. El discurso es tan igual que yo creo que lo dijeron mucho en la tele. Se supone que es un acto de egoísmo y de ingenuidad: ya “así es la vida”, la única forma de “cambiar el mundo” (es decir, que cambiara el Sistema, obviamente no el mundo) es votar para que la Posición sea este apellido o el otro y la Oposición algotro. No estar inscrito, dicen, incluso te quita el derecho a criticar el Sistema. Como dijo alguna vez la María Música, votar es como que te digan: “¿Quieres comer tallarines con salsa o tallarines con huevo?” ¿Y si resulta que no me gustan los tallarines? ¿Y si resulta que no tengo hambre? (2) De acuerdo a cómo hacen el mundo desde arriba, no puede existir ningún otro imaginario ni posibilidad política fuera del Sistema. Sin embargo, no votar es una declaración política, es negarse a perpetuar el actual sistema de estandarización de la vida porque no se tiene, políticamente, ninguna intención de participar en él. Para muchos millones de habitantes, no existe ninguna opción de vida deseable dentro de los ofrecimientos (obligados) del sistema binominal y la vaina ésa. No votamos porque estamos en contra, porque en realidad somos nosotr@s quienes nos Oponemos.

La verdadera Oposición (la posición O) no es una pandilla de políticos rotante, somos todos quienes desde cualquier perspectiva política, ideológica, social, intelectual, emocional e incluso visceral no sentimos representación ni simpatía por el rumbo de las cosas y no nos sentimos obligados a sentirla. Todos quienes conocemos, hemos leído, imaginado, ideado o incluso construido formas de vida, de organización de la vida, diferentes. Diferentes y posibles, completamente diferentes y practicables. Algunas con más claridad organizativa que otras, miles de maneras diferentes en que bestiecitas humanas como nosotros pudiésemos relacionarnos de otra forma, una forma que no tiene definición común, que es distinta y particular de cada individuo o conjunto, pero que de alguna manera se encuentra vinculada en la raíz de la oposición: para millones de nosotros la vida (y todo lo que hay en ella) no es mercancía. Muchos de nosotros creemos porque así lo sentimos que es completamente posible compartir en lugar de competir y vender; desalambrar en lugar de acumular y privar; disfrutar de la naturaleza en lugar de explotarla; liberar en lugar de prohibir.

La Posición y la Oposición han ninguneado e infantilizado nuestra posición O hasta hacerla imperceptible, un fantasma romanticón indeseable e inofensivo, porque no ven, o se niegan a ver, que la oposición es una práctica, no una mera teoría: somos capaces de hacer lo que nos plazca, sabemos que en nuestro mundo no son ellos los que mandan. El trueque, el intercambio de regalos, las economías autosustentables (tu propia huerta, por ejemplo), la toma, la okupación, el levantar tu propia casa, la vida en comunidad, las relaciones no-propietarias entre amantes, la erradicación de las jerarquías, la vida nómade, la autogestión, etcétera, nos pertenecen, desde siempre. No sólo estamos opuestos al Sistema en época de elecciones ni tampoco sólo a nivel de texto, sino que estamos en la calle, en el grafiti, en el afiche en la pared, en los fanzines, en los libros, en la prensa independiente, en la música, en la biblioteca popular, en las radios libres, en el jodido internet. Nos oponemos a Piñera tal como lo hemos hecho con todos los demás, en la práctica de emprender una vida que sea de veras propia. Cada cual sabe cuál es la suya, y es ideal que así sea. La posición O es compleja y múltiple, es ilimitada, pero es la única que nos queda. Y siempre, siempre nos gusta más.

Por el cometa Ludo
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(1) Mauricio Vásquez, septiembre 1992. Raúl González Órdenes, octubre 1993. Francisco Díaz Trujillo, diciembre 1997. Norma Vergara, 1993. Ignacio Escobar Días, diciembre 1991… y un largo etcétera. Ver lista completa en http://todosnuestrosmuertos.blogspot.com/2008/08/listado-de-asesinados-en-democracia.html/
(2) La estudiante secundaria María Música le lanzó un jarro de agua a la entonces ministra de Educación cuando ésta no respondía sobre el estado de l@s adolescentes detenidos y golpeados, en el marco de lo que llamaron “Revolución Pingüina”, hace algunos años.

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