En esta entrevista, Daniel Trujillo, editor de En busca del Nahual. Las enseñanzas de don Genaro (Vol.1) nos introduce en el universo del nahualismo mesoamericano y en la figura de don Genaro, el maestro mazateco cuya existencia, largamente atribuida a la ficción literaria de Carlos Castaneda, aparece aquí respaldada por testimonios y vínculos comunitarios concretos.
A partir de su experiencia como editor y de su histórica entrevista a Castaneda en 1997, Trujillo aborda el significado del nahual, el uso ritual de plantas y hongos sagrados, y el sentido profundo del sueño lúcido y la creación del doble. La conversación recorre también el proyecto editorial que busca publicar las enseñanzas de don Genaro reunidas por Sabino Amaya, como una forma de recuperar el conocimiento ancestral como fuerza de unidad y resistencia espiritual frente a los tiempos de barbarie.

Javier Pineda: Estamos con Daniel Trujillo, editor del libro En busca del Nahual. Las enseñanzas de don Genaro, volumen 1. Quisiera partir preguntándote: ¿qué es el nahual?, ¿por qué escribir sobre esto? Y, ¿de qué forma los lectores de Chile pueden familiarizarse con este concepto?
Daniel Trujillo: Voy a partir por la segunda parte de la pregunta: ¿por qué podría interesarle a Chile? Si alguien leyó a Carlos Castaneda, autor muy influyente en los años 60, 70 y 80, sobre todo en el ámbito de la New Age y del conocimiento místico vinculado a la tradición mesoamericana, sabe que su gran aporte fue ofrecer esa primera mirada al mundo. Castaneda, autor de Las enseñanzas de don Juan y de más de diez libros que abordan esta perspectiva entre antropológica y cultural —más bien como miembro de algunos grupos de comunidades indígenas mexicanas que mantienen este conocimiento ancestral—, generó una enorme cantidad de lectores a nivel mundial. En Chile no es menor. Este mensaje es para ellos. Si les interesó, si leyeron a Castaneda, todo lo que dice sobre el camino del guerrero, la conciencia de ser, etc., este libro ofrece una mirada complementaria.
¿Qué es el nahual? Para los antiguos indígenas de México, las personas son seres duales. El ser humano es dual: por un lado, el cuerpo y su identidad psicológica, todo lo asociado al cuerpo; y por otro, todo lo que no es el cuerpo, que se puede llamar espíritu o alma. Ellos lo llaman nahual. El nahual y el tonal. Entonces, el nahual también es una persona que, por diversas razones —que pueden ser previas a su nacimiento, señales o cosas así— o que nació con algún don, desarrolla su capacidad perceptual más allá de los límites convencionales. Eso lo transforma en un nahual, porque está conectado con esta parte espiritual. En los grupos de las comunidades de aprendizaje, maestro o discípulo, que han transmitido este conocimiento, lo han mantenido vivo desde hace milenios, porque se supone que el origen es tolteca. Existe la tradición de llamar al maestro o al jefe del grupo “nahual”. En busca del Nahual narra la historia de este etnobotánico, Sabino Amaya, que busca algo que no sabía que estaba buscando. Sin ningún interés de transformarse en chamán ni de conocer plantas de poder, llegó a encontrar a este maestro en este camino, en esta búsqueda.
– En esa búsqueda del nahual, ¿de qué forma está representada la sabiduría ancestral? Entendiendo que muchas veces, por la cultura occidental, esta figura se llama principalmente curandero, chamán, sabio de la tribu. ¿En qué forma la figura del nahual representa algo de esas denominaciones más occidentales?
– Las distintas comunidades de origen mesoamericano —no digo pueblos originarios, porque hoy en día es mezcla, y no solo corresponde a gente que pertenezca a pueblos originarios—: la pertenencia a un linaje o a una comunidad nahualica está dada por el nivel de conciencia de la persona y el desarrollo que hace aplicando esta enseñanza a su vida, no por la pertenencia a un pueblo en particular. Pero sí es importante decir que, en este contexto, la tradición dice que los nahuales son los antiguos videntes o los toltecas del nuevo milenio. Para nosotros, eso se asemeja mucho más a una orden monástica, como pudieron ser los caballeros templarios en su momento, que a una cofradía de hechiceros. La leyenda nos ha mostrado a los nahuales en su aspecto postcolonial, después de la conquista, pero antes de la conquista esta gente que desarrollaba estas capacidades perceptuales formaba parte de órdenes militares que eran a la vez monásticas. Se parece mucho más a una orden como los sufíes o la masonería, incluso, que a una cofradía de brujos como la que nosotros conocemos, por ejemplo, de la Recta Provincia. La brujería, en este caso, es un concepto que se toma prestado para hablar del conocimiento de leyes naturales desconocidas por el vulgo y por la ciencia. Si bien a ellos les gusta usar la palabra brujo, hechicero o chamán como una forma provocativa, la denominación que ellos toman es “hombre de conocimiento”. En la Mazateca principalmente, donde este conocimiento llegó a refugiarse después de la invasión española, se dice que hay tres tipos de brujos: uno son los curanderos, la gente que tiene conocimiento de hierbas, de plantas que ayudan a sanar; luego están los chamanes, que son personas que tienen, además de eso, un conocimiento más profundo del desarrollo de habilidades personales relacionadas con el nivel de conciencia, pero no tienen necesariamente una escala moral superior humana. Entonces pueden trabajar para el servicio de terratenientes u otros poderes fácticos, aplicando acciones de brujos, creando encantamientos y cosas que hacen los hechiceros. Y luego está el hombre de conocimiento, que entre ellos se denomina tlacuache. El tlacuache es la zarigüeya, porque hay algunas imágenes que toman de este animal. Me gustaría hacer una precisión, porque existe en la cultura, sobre todo en México, la idea de que el nahual es como tu alma animal: que las personas tenemos un nahual que es como un espíritu gato, lobo o brujo que tiene la capacidad de transformarse en animal. Eso es parte de la cultura, pero no es algo que los propios nahuales designen. No tiene que ver con eso.
– ¿Por qué un hombre de conocimiento?
– Porque a partir de esta práctica y este estudio de las leyes de la naturaleza, el hombre de conocimiento o la mujer de conocimiento son capaces de anular todo lo que significa el mecanismo de su parte animal, es decir, adquirir el control de su ser, de su mente, de sus emociones, y pasar a ser alguien que, en vez de vivir por un mecanismo inconsciente o consciente que lo controla, tiene el control de su vida al 100% y procesa la experiencia como una forma de aumentar su poder energético, por decirlo así. Ellos dicen que eso se nota, por ejemplo, en la capacidad que podría tener un nahual de desenvolverse en el ámbito del sueño, que es el sueño lúcido, el sello de los nahuales mexicanos. Si uno compara el esoterismo en todo el mundo, el principal aporte del esoterismo mesoamericano es el trabajo con el sueño, el sueño lúcido. Eso es un capítulo súper importante. Y asociado a eso está la creación de un doble. Ellos dicen que incluso pueden convertir su parte energética en varios dobles que actúan simultáneamente, con o sin conocimiento de sí mismos, conocimiento del otro doble. Y eso que parece un misterio para quienes han interactuado con esta persona es una realidad. Yo no puedo defender eso, pero te puedo decir que sí.
– Hay un elemento que también está presente en el libro: el uso de determinado conocimiento medicinal no occidental en torno a determinadas plantas, hongos, los cuales permiten una relación con esta creación del doble, del sueño lúcido, en un uso distinto al que algunos de estos elementos han sido utilizados por las personas occidentales. Específicamente el uso de plantas medicinales, de hongos denominados alucinógenos y también de algunas plantas que incluso llevan nombre como el de Dios o en algunos diminutivos con forma como si fueran personajes. Cuéntanos un poco el vínculo de estas culturas mesoamericanas con determinados elementos y de qué forma también han contribuido a realizar un aporte con elementos que están más presentes en la vida cotidiana y que uno no conocía, y que tenían algún origen en estas comunidades mesoamericanas.
– Una de las historias más conocidas surge precisamente en la zona de la Sierra Mazateca, en los años 50 del siglo pasado, cuando se hizo conocida una curandera que se llamaba María Sabina. Vino un investigador que hizo un reportaje en la zona y descubrió que existían estos curanderos que utilizaban hongos, básicamente de la familia de los psilocibios, que también se denominan, como tú bien dices, la carne de los dioses, la carne de Dios o el niño sagrado. También le dicen así los mazatecos. Salió un reportaje que masificó esto en los años 50 y se generó primero la idea de que existen plantas de poder que pueden alterar la percepción. Carlos Castaneda contribuyó mucho a eso con sus primeros libros, aunque él rápidamente, en el tercer libro, dejó muy en claro que el uso que él había vivido de plantas, particularmente del hongo, del humito o el niño sagrado, había sido en un contexto muy definido por su maestro, para poder derribar en él ciertas barreras mentales que pudieran asimilar la idea de que existen otras formas de percepción.
Por lo tanto, no es algo que se recomiende, ni que esté en la práctica, ni que los chamanes del México antiguo promuevan: el uso recreativo de hongos que hoy día está súper de moda. Hay un montón de situaciones experienciales que no tienen nada que ver con la vivencia iniciática que un chamán de estas características te puede brindar. No es lo mismo, no lo van a encontrar, no es el comercio, no se trata de eso. ¿Por qué no tiene nada que ver? Porque esto es una tradición que viene de hace milenios, de un estudio profundo de la relación entre nosotros, las personas, y la naturaleza. No es una experiencia sola; tiene un manejo bien definido. El chamán es capaz de saber las dosis, las circunstancias, el tipo. Para nada es algo que puede estar al acceso de cualquier persona. ¿Por qué? Porque ellos dicen que existe el poder de estas plantas, donde hay, de hecho, se los personifica de alguna manera. Esto es común: en todas las culturas existe la idea de los duendes, los gnomos de la naturaleza, asociados a experiencias de este tipo. Tienen el manejo. Cuando uno ve, por ejemplo, Alicia en el país de las maravillas, donde ella se encuentra con la oruga que habla, que está sentada arriba de una amanita muscaria, fumando,
– O sea, Alicia estaba drogada.
– Bueno, hermano, acuérdate cuando ella entra a la casa y le dicen: come esto, bebe esto, si te haces chica, si te haces grande, y después aparece la oruga. Es claramente una alusión al uso de una alteración psicodélica. Claramente. Pero ya se sabe. Te quiero decir: esta asociación que es muy parte de la cultura del enfoque europeo del hongo alucinógeno con el gnomo o el duende, esto mismo ocurre básicamente con la misma estructura del relato. El niño sagrado, ellos dicen que en sueños o en experiencias con este hongo teonanácatl lo guardan los chaneques, que son niños que juegan. Ahora, en lo concreto, yo he tenido la posibilidad de estudiar este tema porque fui muy amigo, y de hecho voy a publicar un libro con Claudio Naranjo, que fue el psiquiatra que no solo fue el primero en investigar estas cosas con fin terapéutico. Claudio Naranjo aisló el componente activo del éxtasis, por ejemplo, el MDMA. Él lo encontró como una herramienta terapéutica.
Entonces se sabe que existe la posibilidad de despertar ciertos mecanismos en la mente que articulan otras cosas, por ejemplo, la percepción del sueño. Quien haya tenido la experiencia incomparable de despertar en un sueño y darse cuenta de que está soñando, persigue que hay un universo de posibilidades ilimitadas ahí, porque el sueño no tiene ningún tipo de restricción. Y a nivel del proceso cerebral, de las redes neuronales, la química del cerebro, lo que se experimenta en el sueño es equivalente a lo que tú vives en la realidad. Nuestras neuronas no tienen ninguna capacidad de diferenciar si lo que están experimentando en un sueño es real físicamente o no. Y de eso se aprovechan los antiguos chamanes.
– Es como la película “El origen”.
Exactamente. De hecho, está muy influido por la literatura chamánica. El cine ha sido muy influido por eso. De hecho, todo el relato de Star Wars es del relato chamánico. Tú ves los Jedi, son los nahuales; la Fuerza. Está muy influido por los relatos de Castaneda, y eso lo ha reconocido Lucas de todas maneras. Pero lo que te quiero decir es que estas personas, por un conocimiento milenario que ellos llaman la petaca de los dioses… Tú has visto que en distintas civilizaciones antiguas aparece la representación de seres divinos que portan una bolsa, un bolsito. Aquí también está la representación. Esta es la más antigua de todas: Quetzalcóatl en La Venta, de origen olmeca, y aparece una figura con la petaca de los dioses. Ahí los chamanes dicen que está todo el conocimiento de la naturaleza que puede activar el despertar de la conciencia del ser humano. Y eso está en el uso de estos recursos, que pueden ser grandes herramientas cuando están en las manos indicadas. En eso es muy insistente Sabino Amaya y el mundo de los nahuales.
– Quería preguntarte cuál es la relevancia de don Genaro, que amerita que se escriban varios volúmenes o, al menos, que exista la pretensión de escribir varios volúmenes sobre sus enseñanzas. ¿Quién era y cuál dirías que es una síntesis de las enseñanzas que se refleja en la escritura de Sabino?
– Mira, para mí, en lo particular, fue muy emocionante trabar contacto con estas personas que me buscaron a mí en particular, porque yo hice la última entrevista a Carlos Castaneda en el año 97. En esa entrevista, Castaneda —fue algo que planificamos durante más de un año, yo creo, con su equipo y luego con él— decidió que iba a ser la última entrevista que iba a dar, dadas las circunstancias. Era una entrevista dada a un chileno porque había algo importante en el sur. Él me dijo: “Mira, hay una señal”. Ahora yo la puedo entender, pero en ese segundo no entendía mucho.
En esa entrevista, él, en un arranque de egocentrismo personal, dijo que los linajes nahuálicos se acababan con él y que el último representante de esos linajes había sido su maestro, don Juan Matus. Después de la muerte de Castaneda, en el año 98, y en particular con la publicación de un libro que hizo el periodista español Manuel Carballal, titulado La vida secreta de Carlos Castaneda, donde descubrió todas sus mentiras —porque durante mucho tiempo Castaneda le contó un cuento sobre él, diciendo a Matus que era la instrucción de don Juan, su maestro, un supuesto indio yaqui de Sonora, del norte de México, que le había dado la instrucción de borrar su historia personal como una disciplina del guerrero—, efectivamente no había… Antes de entenderlo, él decía que era brasileño, o que había estudiado acá o allá. Lo único que se sabía realmente es que estudió en la UCLA, antropología, que se doctoró en la UCLA cuando publicó el libro Las enseñanzas de don Juan, y que hizo algunos cursos en esa línea, donde conoció a Claudio Naranjo, de quien fue muy amigo. Ahí fue que yo logré cerrar un poco el círculo.
Ahora, lo que a mí me llama más la atención de esto, y creo que a cualquier persona que haya leído a Castaneda le llamaría la atención, es que durante décadas ha habido, nunca mejor dicho, una casa de brujos para tratar de descubrir si existe o no existe don Juan, si lo que dijo Castaneda en relación con estas comunidades era real o no. Y hoy día se ha descubierto que casi todo lo que dijo Castaneda públicamente era falso. Entonces hay una tendencia en sus libros, en su relato sobre esto, en los libros también, porque en alguna parte dice que don Juan era un indio yaqui de Sonora que se instaló en estas comunidades porque llegó después de la persecución de la guerra civil que hubo, no sé cuándo. O sea, da un montón de antecedentes históricos que no son rastreables. No es cierto, no hay indios de Sonora en esas características, te fijas. O, por ejemplo, todas las descripciones que él hace antropológicas en sus libros de las prácticas, como el uso del pellote, no tienen correlato o no se pueden comprobar con otra investigación de campo, porque en ninguna parte la gente ha dicho lo mismo. Es como que yo diga: “Mira, los mapuches utilizan la flor del choclo para volar”, y resulta que en ninguna parte nadie ha podido comprobar esas cosas. Entonces se fue desvirtuando Castaneda y se llegó a la conclusión de que don Juan era un invento literario, porque hay razones para eso.
Sin embargo, en su obra Castaneda cuenta un día, en un libro que se llama Una realidad aparte, que don Juan le dice: “Te voy a presentar a alguien, un amigo mío, otro brujo, que te va a ayudar a aprender algo súper importante, que tiene que ver con el doble y el sueño. Y este te tiene que enseñar porque este es el que sabe de eso”. Y le presenta a Genaro. Carlos Castaneda dice: “Yo ya no conozco a don Genaro”. Lo había conocido en sus investigaciones en la Sierra Mazateca, buscando un contacto. Se supone que don Juan vive o vivía en Sonora.
El punto es que durante todo este tiempo nadie se preguntó jamás si don Genaro existía, si era rastreable. Todo el mundo asumió que era un personaje literario por la forma en que se presenta en su libro: alguien muy mágico, que hace grandes proezas, que es como un malabarista, que va y viene en el sueño, que tiene dobles, que es un brujo, como dicen ellos, muy chingón, muy entrañable.
Cualquiera que haya leído Viaje a Ixtlán queda fascinado con el personaje de don Genaro, que es maravilloso. Pero ahí mismo dice que se llama Genaro Flores, que vivía en Ixtlán, que es un indio mazateco. Datos suficientes como para chequear su existencia. Nadie lo hizo nunca. Pero resulta que una persona que yo conozco, que se llama Luis Yáñez, que es el discípulo de Sabino Amaya, su representante, es un ingeniero que trabajó durante mucho tiempo en la presa Miguel Alemán, que está en la zona mazateca, en los años 80, haciendo ese trabajo. Él tuvo que vincularse con las comunidades indígenas de la zona, y la palabra final la tenía el Consejo de Ancianos de la Sierra Mazateca.
En ese Consejo de Ancianos existía un señor llamado Genaro Flores, que era original de Ixtlán, que era conocido como el Nahual, en el que ya ese grupo, Sabino Amaya, se incorporó porque se casó con una sobrina de él. Sabino Amaya, siendo mexicano, fue en una expedición de estudiantes a conocer la sierra. Se enamoró del lugar, se hizo amigo de algunos de los miembros del grupo, empezó a visitarlo, hasta que un día le dijeron: “Si tú te quieres casar con esta chica, usted tiene que apadrinar a nuestro líder, que es el Nahual don Genaro”. Y él, sin buscarlo, conoce a este brujo, que es alguien rastreable en la Sierra Mazateca. Además, cuando tú lees el libro de Sabino Amaya, te das cuenta de que hay relatos que cuenta el propio Castaneda de esta otra visión, y que los cuenta alguien que no sabe quién es Castaneda. Entonces, por eso te cierro un poquito el cuadro. Lo interesante, finalmente, es que en algún minuto de su aprendizaje, don Genaro le dice: “Cuando tú hayas entendido, cuando Carlitos ya no esté…” Ahí va hablando de Carlitos. Él siempre hablaba, escuchaba hablar de un Carlitos y no sabía quién era, porque nunca había leído a Castaneda prácticamente. Entonces le dice: “Mira, cuando tú sepas quién es Carlitos y el tamaño de él, cuando haya muerto, ahí tú tienes que escribir nuestra versión”. Y don Genaro le dio instrucciones precisas, porque lo que está contando no solo es su experiencia, sino además el contenido ancestral de Tata, que son estos secretos. Esto es súper importante que lo diga.
La tercera decisión que tomaron el linaje nahualico en 1587 fue hacer el símbolo, pasar a la clandestinidad, poner una fecha, porque cuando este símbolo empezara a circular era el momento de reunirse. Y la tercera fue pasar a la clandestinidad, escondiéndose, colaborando con el invasor. Por eso, cuando aparece Diego de Landa, el sacerdote que se da cuenta… No fue Diego de Landa; fue fray Bernardino de Sahagún. De Landa fue el que quemó los códices. Aparece fray Bernardino y reúne a la mayoría de los antiguos tlacuilos, a los antiguos mexicas, a los antiguos hombres de conocimiento, para que vuelvan a escribir lo que quemaron. Y estos personajes se aprovechan y escriben. Tú ves el Códice Florentino o el Códice Dresde, si no me equivoco, que está toda la historia de México antiguo, la enseñanza de Quetzalcóatl, en náhuatl y en español. Entonces tú lees el español y te queda la historia de Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, todo lo que conocemos. Pero si lo lees en náhuatl y tienes el conocimiento suficiente, vas a descubrir que hay otras enseñanzas, que son las enseñanzas del lado oscuro del Tezcatlipoca, que te permite verte a ti mismo, conocer tu sombra, trabajar… Tiene mucho de junguiano esto. Y eso está escrito en lengua cifrada en estos códices, porque colaboraron con los españoles. Entonces, la misión de ellos hoy en día es permitir que exista un manual para recuperar esa información y, además, conectar con el trabajo personal que los nahuales proponen. En este libro y en los que vienen.
– ¿Cómo termina todo este aprendizaje en las manos de un chileno? ¿Qué conexión tiene para que te haya llevado a editar este libro?
– Yo debo reconocer que esto es solamente para mí un privilegio y un gran misterio. Después de toda mi vida dedicado a esto, tengo algunas convicciones fundamentales sobre ese gran misterio, pero no deja de ser un misterio. Yo, cuando tuve la oportunidad de leer a Carlos Castaneda, fue en un contexto en que era estudiante de filosofía. Digamos que tenía una idea más o menos amplia de lo que era el esoterismo occidental. Había estudiado mucho el ocultismo tradicional que viene de la teosofía, de Madame Blavatsky y todas esas cosas, y también el hermetismo. Había tenido la posibilidad de estudiar en una escuela con un maestro hermético, y ahí nosotros veíamos a Castaneda porque tiene premisas que son universales del trabajo espiritual. Tú lo puedes ver, por ejemplo, en el bushido, en el código de honor de los samuráis, que se parece mucho al camino del guerrero: usar la muerte como consejera, ser impecable, la voluntad, todas esas cosas. Entonces, para mí Castaneda pasó a ser un personaje de mucho interés. Yo tenía el deseo de entrevistarlo y me demoré harto tiempo en encontrarlo.
Fue providencial que en los años 90 conociera a Alejandro Jodorowsky, que había tenido un contacto con Castaneda, y él también me dio algunas directrices. Y un día Castaneda apareció en mi casa. No él, pero sí con un emisario: una amiga de mi mamá que lleva años viviendo en Estados Unidos. Un día apareció de la nada, sin saber, muy mágica su aparición, y me dijo que había encontrado un teléfono en California, en Los Ángeles, que era de la oficina de Castaneda, y que a lo mejor me podía interesar. Yo llamé, me contestaron, y así efectivamente era su equipo. Estuvimos conversando durante un año, en el que yo me gané la confianza de las brujas, porque además todas estas viejas después desaparecieron. No se sabe qué pasó con la sexta Castaneda. Eso va a ser mi segundo libro. Yo tengo cartas con ellas, comunicaciones con ellas, con el propio Carlos. Y Castaneda decidió, por el dolor de mi pregunta y por la forma en que nos habíamos relacionado, que iba a darme la última entrevista.
Como te digo, en esa entrevista quedaron distintas cosas dichas entre líneas. El año pasado, hace unos tres o cuatro años, a raíz de mi entrevista me contactaron algunos investigadores mexicanos. Casi siempre, de vez en cuando aparece alguien que la encuentra, me llama, me ubica por eso. Yo creo que periodísticamente es lo único que me va a hacer trascendente en la historia de esa entrevista. Muchas cosas importantes, pero es la única que tiene una trascendencia más o menos. Fíjate que un día uno de estos amigos dice que recibió la visita de alguien que él conocía, que no era un amigo, alguien relativamente conocido, que era este amigo que te digo yo, Luis Yáñez, preguntándole si él tenía más conocimiento. Pues Luis Yáñez es una persona que no ha leído a Castaneda. El equipo de Sabino Amaya no tiene ni idea de Castaneda. No es algo que para ellos sea relevante, y los que lo conocen lo conocen como Carlitos, el gringo que venía. No es más que eso. Estamos hablando de gente que no tiene tele en la montaña, la mayoría son analfabetos. Entonces le dice: “Mira, resulta que yo te conozco un señor que está en la montaña, se llama Sabino Amaya, que tuvo un sueño donde don Genaro le dijo que ubique al chileno”. No sabe nada. Entonces le pregunta qué relación puede tener un chileno con Castaneda. Entonces este amigo mío, que me conocía, le dijo: “Mira, el único chileno que yo conozco que entrevistó a Castaneda se llama Daniel”.
Entonces ahí entramos en contacto. Sabino Amaya, que ya tenía esta instrucción de ubicarme a mí, me mandó el libro a través de su asesor. Yo lo leí, me pareció que tenía un valor editorial, y contraviniendo todas las normas del buen criterio y la planificación editorial, debo reconocer que el dueño de nuestra editorial, Juan Carlos Sáez, siendo alguien que, a pesar de ser un ingeniero muy racional, también entiende el valor de estas cosas, decidió jugársela y publicar el libro de Sabino Amaya a nivel latinoamericano, porque lo sacaban en México y ahora en Chile. Va a estar en Argentina, Perú, Colombia, todos latinoamericanos. Y yo siento que me buscaron a mí precisamente porque era la persona en el momento adecuado que podía abrirle las puertas a un proyecto que tenía que salir en 2025 o 2026, de acuerdo a las fechas que se habían planeado. Un editor que iba a tomar esto como personal, que lo iba a hacer suyo, lo iba a sacar adelante. Desde ese punto de vista, me parece una buena decisión la que tomó don Sabino, porque si no estaría ahí en alguna lista de proyectos a evaluar y no habría salido jamás.
Eso en lo formal. Creo que también hay cosas que son más bien de índole espiritual o mística, que voy a reservarme para otras instancias, en otro momento, en otras circunstancias.
– ¿Cuál es el siguiente paso en el conocimiento de las enseñanzas de don Genaro y qué otra fecha es importante en base a ese punto?
– Buen punto. Nosotros estamos planeando en Chile, porque acá, a diferencia de los otros libros, las decisiones tienen que ver con fechas, tal como tú dices. La apertura de la Petaca se hizo simbólicamente en Playa del Carmen, porque fue un lugar calculado hace cuatrocientos y tantos años por los chamanes, para que en el solsticio de este año, el 21 de junio de 2025, en Playa del Carmen se produjera una alineación astrológica con las pleyades. Eso estaba calculado hace muchos años por estos chamanes. Con eso se inicia la etapa que ellos llaman de resistencia, que en el fondo es un llamado a la humanidad completa a resistir a la tendencia oscura que gobierna el mundo actualmente. Es el llamado a la resistencia.
Entonces, vamos a hacer en Chile, probablemente en octubre, en una fecha que vamos a definir, un encuentro para presentar este libro. Y lo que están planificando en México, vamos a hacer un lanzamiento importante también en Guadalajara a finales de año. Pero lo que se está promoviendo es generar distintos grupos de estudio y talleres para profundizar en cosas que no están precisamente en el libro, pero que tienen que ver con la revelación de los nahuales. Por ejemplo, el verdadero y correcto uso del espejo de obsidiana, que ahora se ha puesto de moda nuevamente y hay gente que hace talleres y habla del espejo. Acá hay un uso real, científico, no esotérico, de ese instrumento y de otras tecnologías. En eso don Sabino está muy embarcado, está muy interesado en desarrollar ese tipo de actividades, y yo, en la medida que pueda, y nosotros como editorial, lo vamos a apoyar.
– Daniel, muchas gracias por compartir la experiencia en la edición de *En busca del Nahual*, y esperamos tener más noticias al respecto, sobre todo en los lanzamientos y en los grupos de estudio que se conformen en torno a esta obra.
– Gracias, Javier, querido. Déjame decir una cosa antes de terminar. Para los nahuales y el grupo de ancianos, nosotros nos referimos a ellos como los abuelos, porque hay una parte visible que es don Sabino y el grupo del nahual, pero se supone que los abuelos, que son los depositarios de este conocimiento, no solo están en México: también hay en distintos países, incluyendo Chile. Y nosotros hemos podido comprobar que hay una decisión de apoyar iniciativas como esta, la de don Sabino Amaya, diversas que se están produciendo. Por ejemplo, hay una en Perú, que desde Chiclayo, la comunidad de la nación Chimú, está convocando a esto mismo, a las comunidades, a reunirse, a recuperar el conocimiento ancestral, porque ellos dicen que lo que viene ahora es político, que desde el conocimiento ancestral, para reencantar a Latinoamérica, podemos levantar un modelo de unidad latinoamericana. Y en eso están de acuerdo todos estos grupos, incluyendo los del Perú, porque fue el acuerdo que tomaron. No es el momento de enfrentar al invasor ahora, sino que hagámonos fuertes. Y han estado haciendo su fuerza en todo este tiempo.
– Un nahualismo bolivariano.
– Un nahualismo bolivariano. Bonita esa expresión. Yo creo que se cruzan ahí. Bueno, Javier, muchas gracias.
