Miguel Hernández Gilabert

El joven pastor que compuso poemas entrañables

Poeta, pastor, conoció a los de la generación del 27, su trabajo se define y comienza a notarse su compromiso con los pobres, con los desheredados

Por Flor Coca

05/02/2022

Publicado en

Artes / México / Portada / Puebla

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Miguel Hernández Gilabert

Si queréis el goce de visión tan grata que la mente a creerlo terca se resista; si queréis en una blonda catarata de color y luces anegar la vista; si queréis en ámbitos tan maravillosos como en los que en sueños la alta mente yerra revolar, en estos versos milagrosos, contemplad mi pueblo, contemplad mi tierra. Así describió su ciudad, quien nació en ella el 30 de octubre de 1910.  El lugar, Orihuela, en España.

Miguel Hernández Gilabert, el poeta y dramaturgo; vivó sus primeros años en su pueblo natal con su familia. Su padre se dedicaba a la cría de cabras y Miguel fue pastor desde pequeño. Siempre al ir a su trabajo, llevaba en su mochila libros. La lectura lo apasionaba y no perdía momento para dedicarlo a ella. Estudió en Orihuela y cuando llegó el momento de entrar al bachillerato, su padre no acepta el ofrecimiento de una beca y Miguel tiene que abandonar sus estudios para dedicarse totalmente al pastoreo. Tenía entonces 15 años. Es a esa edad cuando comienza a escribir poesía. Para Miguel Hernández, la escritura se convierte en su actividad más importante. Comienza, ahí en su pueblo a juntarse con otros jóvenes que comparten la misma pasión por escribir. Uno de ellos es José Marín, conocido como Ramón Sijé, su seudónimo y, quien se convierte en el mejor amigo del poeta. Un sacerdote, Luís Almarcha, es quien, además de prestarle libros, pasa los textos de Miguel en limpio. Pasan los meses y Miguel no quiere molestar más al clérigo y compra, con mucho esfuerzo, su primera máquina de escribir. Desde ese momento, ya no se separarán. Todos los días sube al monte acompañado de ella, para escribir poemas y pastorear sus cabras. Sus escritos comienzan a publicarse en periódicos y revistas y con la esperanza de poder dedicarse por completo a la escritura, viaja a Madrid en 1931, a los 21 años, para trabajar escribiendo. No logra el empleo, pero si conocer los trabajos de algunos de los escritores de la generación del 27, como Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Federico García Lorca y otros. Este descubrimiento en su viaje, lo alienta para dar a conocer su primer libro Perito en lunas. Cuando se publica el libro, Miguel Hernández es invitado a presentarlo en la Universidad de Cartagena. Y prepara su segundo viaje a Madrid y en este si logra su objetivo. Es invitado a trabajar como redactor en la revista Los Toros y comienza a escribir también en Revista de Occidente.  Pronto se hace amigo de Pablo Neruda y Vicente Aleixandre.

Es ahí, cuando la poesía de Miguel se define y comienza a notarse su compromiso con los pobres, con los desheredados. La vida sigue, y en 1935, el poeta recibe una de las noticias más dolorosas. Su mejor amigo, Ramón Sijé ha muerto. Miguel le escribe Elegía, con el corazón dolorido:

Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.

Este fragmento da cuenta de la infinita pena que él siente por la muerte de su amigo.

Al estallar la guerra civil en España, Miguel de inmediato se alista para luchar en el bando republicano y se afilia al Partido Comunista Español. Es 1936 y el fascismo avanza a pesar de la lucha decidida de los republicanos. El se convierte en Comisario del Quinto regimiento y participa en diferentes frentes defendiendo su causa. En 1937, cuando la guerra no ha terminado, se va a Orihuela a casarse con su novia Josefina Manresa, quien será la madre de sus dos hijos, el primero muere a los pocos meses de nacido y su padre le dedica el poema Hijo de la Luz y de la sombra. Su segundo hijo nace comenzando 1939, en el mes de enero. Ese año termina la guerra civil española y miles de españoles van a dar a las cárceles que se convierten en centros de tortura para acabar con la esperanza de los republicanos, otros miles al exilio y muchos más, murieron en la guerra. El poeta esperaba con ansia su nuevo libro El hombre acecha, pero por órdenes superiores, todos los ejemplares del mismo debían ser destruidos. Alguien salva dos ejemplares y gracias a esta acción, muchos años después se conocieron sus poemas. Miguel es aprehendido y las golpizas y las torturas son cada día peores. La tristeza lo invade al saber por una carta de Josefina que ella y su hijo solo tienen para alimentarse cebollas y pan. El poeta compone en la cárcel Nanas de la cebolla, un conmovedor poema dedicado a su pequeño hijo de 8 meses. Las condiciones de la prisión son extremas y Miguel las sufre cada día más. Es trasladado de una prisión a otra y en esos cambios enferma de bronquitis y poco después, de tuberculosis. Afuera, familiares y amigos luchan por conmutar la pena de muerte que pesa sobre el poeta y lo logran, pero es demasiado tarde. Miguel Hernández Gilabert deja de existir el 28 de marzo de 1942. Tenía solo 31 años.

El frío, la tortura y la tristeza terminaron con una de las plumas más brillantes y comprometidas del siglo XX. Para fortuna nuestra, Joan Manoel Serrat, toma la poesía de Miguel Hernández y musicaliza sus poemas en el disco Para la libertad.

Y es Pablo Neruda, su amigo, quien al referirse a Miguel afirmó: “Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra”

Y ahí seguirá su voz levantándose para buscar la libertad.

Invierno 2021-2022

Ilustración: Iván Rojas

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