Festival Acéfalo – Día 4

quilombo

En un esfuerzo generado por el músico viñamarino Luis ‘Toto’ Álvarez y algunos de sus cercanos, el Festival Acéfalo reunió en Valparaíso, Viña y Limache, del 4 al 8 de noviembre, a improvisadores provenientes de Europa y Latinoamérica, que se mezclaron para tocar y ofrecieron su experiencia a través de clases maestras. Además, esta fue la ocasión para que la agrupación de improvisación fundada a mediados de los ’80 en Londres por los chilenos Lukax Santana y Miguel Campusano, junto al inglés Paul Moss, el Quilombo Expontáneo, se reuniera luego de 26 años de pausa y tocara por primera vez en Chile.

La cuarta jornada del Festival, el día viernes 7 de noviembre, se realizó simbólicamente en Viña del Mar, en una pequeña y cómoda sala del Palacio Rioja, y un retraso obligó al músico uruguayo Carlé Costa a abrir informalmente la jornada mostrando un par de sus bellas composiciones en la guitarra clásica.

Si Costa demostró abstracto sentido melódico y minimalismo en su intervención en solitario, formalmente el programa lo ubicó abriendo la jornada con la cellista Isidora Edwards y el resultado fue un brillante dúo acústico donde la comunicación generó una música que transitó por momentos de intensidad creciente y calma, con valiosos espacios para el silencio, y un virtuoso desplazamiento por las posibilidades que otorgan los instrumentos. Edwards tiene la capacidad de sumergirse en momentos llenos de furia y luego llenar el espacio con notas profundas y tibias. Costa, por su parte, utilizó muchos de los elementos timbrísticos desarrollados en sus composiciones, aunque siempre dispuesto a movilizarse según las necesidades del instante.

costa-edwards

Posteriormente,  el trío conformado por los veteranos improvisadores brasileños Marcio Mattos y Marilza Gouvea y el joven Rodrigo Montoya, quienes mediante cello, la voz y shamisen, generaron una interacción donde cada uno destacó por el manejo de sus materiales. Gouvea utilizó la fonética para marcar dinámicas y generar texturas, Mattos, apoyado en un efecto, expandió la, ya de por sí amplia, gama de sonidos extraíbles desde el cello, mientras Montoya intervino de manera acústica el shamisen y también extrajo sonidos desde una aguja para vinilos. Momentos de improvisación más abstracta dieron paso a sonoridades de reminiscencias orientales, en lo que fue una clara demostración de vasta experiencia en la composición instantánea.

trio brasuca

Quilombo Expontáneo fue la primera agrupación de improvisación libre en Europa con músicos chilenos. Por sus filas pasaron africanos y latinoamericanos: el predominio del tercer mundo sobre Europa dentro del grupo era un requisito tácito. Este hecho, y el crisol cultural londinense, generaron que la música del Quilombo se nutriera de diversas fuentes, incluidas las músicas folclóricas y  tradicionales, la electrónica, el free jazz, y el rock.  En esta ocasión, el Quilombo se reunió con su formación clásica: Miguel Campusano en kalimbas, percusiones, vientos andinos, berimabau y accesorios, Lukax Santana en percusiones y objetos, y Paul Moss, en armónica, saxo, clarinete, melódica, y objetos.

En la presentación de Quilombo uno percibe un interesante diálogo en torno a la identidad, ya que su música fue un viaje; un viaje en el que caben sonidos y vocalizaciones africanas (Campusano), polirritmias (Campusano y Lukax) mezclados con las notas de una armónica a la que desde el otro extremo del escenario Moss le saca lamentos. Esa imagen contrapuesta es decidora.

Santana es inquieto y tiene una disposición musical lúdica, Campusano se da el tiempo de detenerse a mirar y escuchar a sus compañeros. Moss extrae sonidos hasta del choque de una flauta con la mesa, mientras de a poco su voz aparece como un elemento más hasta instalar la frase “Everybody is dancing” en la cabeza de todos los presentes, casi como causa o casi como efecto. Quilombo podría ser un grupo de fusión, si es que cada cierto rato no irrumpieran heterodoxias y abstracciones desde Santana o Moss, quien a la par que frasea sueltas alaridos desde el clarinete. Ecos al Art Ensemble of Chicago, a cierta etapa de Coltrane o Pharoah Sanders, pero, más allá, a la actitud de las músicas tradicionales, un espacio donde entra y sale cualquiera de acuerdo a las necesidades prácticas, es decir, un espacio directamente relacionado con la llamada improvisación libre.

Hacia el final, luego de una hora de música improvisada, pareciera que el viaje del Quilombo no pudiera acabar, porque la vuelta al mundo puede costar toda una vida.

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Por Cristóbal Cornejo

El Ciudadano

Fotografías: Toto Álvarez – Festival Acéfalo

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