Carta al mundo sin mi hija

Poema desahogo de la escritora chilena Mayda Plant, por la muerte de una hija.

Mayda Pant

Desde que murió mi hija Rayén hace poco más de 4 meses, la vida perdió su color. Al levantarme en las mañanas y hasta dormirme en las noches, mi mente está con ella. Flor de fuego hermosa. Quiero vivir anestesiada todos los días que me quedan para no sentir su ausencia, que es sufrimiento… demasiado.

Su partida trajo la tormenta más horrorosa del mundo… en (casi) todo me ha ido mal, vibro mal, si es que eso existe… pal jipismo barato. Ella, mi hija adorada del sueño eterno, convulsionó a los 2 dias de nacida… se reventó por dentro, sangraron sus órganos completos, aún así vivió 7 días, los mismos días en que la tradición cristiana afirma que su dios creó el mundo. Falleció en mis brazos y en los de su padre.

Le canté y la obligué a irse… la bacteria que la atacó por ser prematura o por capricho de esta vida extraña, siempre la tuvieron en extrema gravedad… siempre. La enterramos con un algodón en su nariz pequeña para que no sangrara todavía después de muerta. La vestí en la UCI de neonatología ya sin máquinas ni ruidos de esa clínica que congeló mi alma… se fue abrigada, porque hacía frío ¿Cómo es posible que exista tanto dolor?

Ya no creo en nada y muchas veces odio a todos… la existencia es locura, esquizofrenia, idiotez, un mal chiste contado 3 veces sin poder entenderlo. Lloro pa’ dentro para que mi maravilloso hijo mayor, Lautaro, no me vea tan triste, a pesar de que él entiende todo, incluso más que yo… subestimamos la niñez por «inexperiencia», pero la infancia tiene sabiduría propia y magnífica.

En las noches o cuando estoy sola o cuando algún brebaje o medicina ancestral me domina, lloro, lloro mucho, y suelto y maldigo. Jamás volveré a ser la misma persona, estoy amarga. Tengo una condición psicoemocional bien sabida y la llevo como bandera de lucha, fuera de todo closet… pero el luto por la partida de un hijo es otra cosa que nunca se comparará con algo de este planeta ya muy oscuro y horrible.

Rayén, flor eterna, hija de mi corazón que 31 semanas estuviste en mi vientre quizás maldito, duermes en el jardín más silencioso del mundo, un cementerio con olor a humedad y tristeza. Yo debería estar ahí…

Mayda Plant .

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