Bajo la supervisión administrativa del Arzobispo, el abusador serial John Smyth sometió a adolescentes a sesiones de tortura y vejación piadosa; cuando al fin tomó cartas en el asunto, no dio aviso a otras parroquias sobre las conductas criminales del pastor, por lo que la estela de tormentos de Smyth se extendió a las juventudes de Zimbaue y finalmente a las de Sudáfrica.