Son muchas las razones del desprestigio de la clase política, pero quizás uno de sus mayores pecados ha sido su incapacidad de leer a un votante que valora que le expliquen los problemas de forma sencilla. Y así lo revelan las últimas elecciones chilenas, donde se “premió” a los que utilizaron discursos simplistas, ya fuera en entrevistas, virales o posteos en redes sociales.