Leyes como las que están proponiendo los diputados DC sólo van en contra del espíritu de la cueca y, como sucedió durante la dictadura, cuando fue impuesta como baile nacional y sólo consiguió disecarla en ballets siúticos y pomposos, entregándonos una versión institucionalizada del baile y el canto, desprendida de su origen y devenir como práctica social: cultivada en los lugares populares por silentes cantores, que guardan todavía toda su riqueza cultural.