Más que utilizar de manera responsable una herramienta de control democrático, como es la interpelación parlamentaria, lo vivido ayer en el hemiciclo de la Cámara de Diputados, estuvo más cercano a un espectáculo televisivo –tipo Campeonato Estudiantil, con sus respectivas barras adolescentes en las tribunas, incluido el papá chocho de la interpeladora–, que a un acto político.