O bien es la falta de valentía, o bien el apego desmedido y enfermizo al poder y al dinero, lo cierto es que por estos lares la palabra renuncia se utiliza en contadas y honrosas ocasiones. Lo que sí está claro que mientras más alto en la escala social, más difícil se hace exigir responsabilidades. Allá arriba, todo puede ser consensuado.