Este momento el sistema político se apoya en un equilibrio precario que no se sostiene en el tiempo. Su proyección, y esto es observable en el día a día y la profundización de la crisis, es que tenderá hacia su entropía en un proceso sin dirección clara ni objetivos. Ante la parálisis del Ejecutivo, en su liviandad y recogimiento, las corrientes políticas enquistadas en las distintas expresiones del poder sólo han sido capaces de mirar al pasado y reforzar el statu quo neoliberal.