Peces nadaban boquiabiertos mientras caía una extraña lluvia: eran los restos expulsados en el impacto del asteroide, que ahora volvían. Gotas de vidrio quedaron incrustadas en sus branquias mientras olas grandes y salientes los arrojaron a tierra seca. Luego, más olas los enterraron en el cieno que, millones de años más tarde, los paleontólogos vinieron a estudiar.