Los otrora ahorristas de la ya desaparecida libreta azul del entonces Banco del Estado –hoy BancoEstado, según su denominación comercial–, deben recordar con cierta nostalgia ese sumiso y hasta pueblerino ejercicio que hacían de vez en cuando frente al mesón del banco para pedirle a un funcionario que actualizara su saldo, para luego salir ufanos […]