El ocho de diciembre de 2010, César Pizarro perdió a su hermano en el incendio que consumió uno de los módulos de la Cárcel de San Miguel. Junto a él, otros 80 internos murieron calcinados. A tres años de la tragedia, y en medio de un dilatado proceso judicial que parece no tener fecha de término, las heridas de cientos de familiares todavía siguen abiertas, más vivas que nunca. Esta es la historia de un joven que convirtió el odio en acción y, de paso, se transformó en la voz de los privados de libertad.