Cambio climático y COP25 en Chile: Una cumbre y muchos retos

Por Rafael Calcines – Corresponsal de Prensa Latina – Santiago / En Chile se habla cada vez más del cambio climático, en la prensa y en la calle, pues lo que hace muy poco era considerado un tema de filmes de catastrofismo, parece ser ya parte de la realidad cotidiana. Una sequía sin precedentes, incendios forestales, glaciares que desaparecen por el aumento de la temperatura, contaminación de la tierra y los océanos, son algunos de esos fenómenos cuyos efectos negativos no se manifiestan de forma aislada sino combinados, lo que hace más difícil su solución.

A tono con esa situación, el gobierno, que organiza la cumbre sobre cambio climático de la ONU (COP25) que se celebrará en Santiago de Chile en diciembre próximo, busca que los acuerdos a que lleguen los participantes de más de cien países, vayan más allá de las promesas y se traduzcan en medidas concretas para detener, si aun hay tiempo, el calentamiento del planeta.

Pero el propio país sede llega a esa importante reunión no solo con propuestas para el mundo, sino también con serios problemas y retos que se deben enfrentar en el más breve tiempo. Las autoridades chilenas prevén impulsar junto con otros gobiernos medidas para alcanzar para 2030 la neutralidad en las emisiones de carbono a la atmosfera, pero tienen en su contra que buena parte de la matriz energética del país emplea carbón mineral, uno de los combustibles fósiles más contaminantes.

El plan es ‘descarbonizar’ esa matriz sustituyendo el mineral por fuentes renovables de energía, abundantes en el país, pero con la vista puesta en el 2050, fecha que a juicio de científicos y políticos de oposición, es una meta poco audaz del gobierno y que es posible adelantar sin dañar la disponibilidad de energía eléctrica para el país.

En el propósito de neutralizar las emisiones de carbono a la atmósfera, es conocido el papel esencial de los bosques por su capacidad para captar el dióxido de carbono, pero los avances en la reforestación resultan más que insuficientes.

Según el presidente de la empresarial Corporación Chilena de la Madera, Juan José Ugarte, el país cuenta con tres millones de hectáreas de suelos que alguna vez estuvieron cubiertas de bosques y hoy sufren un acelerado proceso de erosión.

Pero para intentar revertir ese panorama la meta es solo plantar 100 mil hectáreas, el tres por ciento de ese desafío, que se minimiza aun más porque al ritmo actual solo se sembrarán unas 14 mil con vistas a la COP25.

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Por su parte, el director de la Corporación Nacional Forestal, José Manuel Rebolledo, aseguró que actualmente solo se están sembrando de bosques menos de mil 200 hectáreas al año, mientras en igual período se pierden por incendios unas 70 mil.

Esos incendios en buena medida son potenciados por la sequedad del clima en el verano austral chileno, por lo cual las autoridades y la ciudadanía ya piensan con preocupación qué pudiera ocurrir en la temporada que se avecina en medio de una sequía calificada como la más violenta de los últimos 50 años.

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La falta de lluvias sobrepasa el 70 por ciento en más de la tercera parte del país, y ha obligado a decretar emergencia agrícola en varias regiones e incluso en días recientes el presidente Sebastián Piñera decretó zona de catástrofe a la de Valparaíso por las pérdidas ocasionadas por la sequía a la agricultura y la ganadería.

No llegan las ansiadas lluvias, pero también el agua se pierde por el excesivo gasto del líquido por las grandes empresas de la agroindustria y la minería en detrimento de los pequeños agricultores y de las comunidades rurales.

Y administrar más equitativamente su uso resulta hoy casi imposible porque Chile es uno de los pocos países donde el agua no es un bien público, sino que está totalmente en manos de empresas privadas.

Con ello se concatena otro fenómeno preocupante, pues Chile posee el 80 por ciento de los glaciares de América Latina, una reserva enorme y estratégica de agua, pero estos parecen ir desapareciendo lenta e inexorablemente, por el calentamiento del planeta y la influencia contaminante de las industrias mineras que prosperan en sus cercanías.

Y si el calentamiento merma los glaciares también se manifiesta en las costas del país, con marejadas fuertes cada vez más frecuentes e incluso la migración de especies marinas hacia otras latitudes, tal como han señalado estudios científicos, algo muy negativo para una nación que tienen en la pesca uno de sus más importantes recursos económicos.

Estos son algunos de los retos y problemas que tiene ante sí el país austral para hoy y para el futuro, y que justifican con creces que el cambio climático preocupe a las autoridades, al mundo científico y a un número cada vez más amplio de chilenos.

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