El limbo está en Santiago…

Decenas de viajeros internacionales, de diversas nacionalidades, llegan al aeropuerto de Pudahuel, donde los ágiles del Minsal deciden –por cojones– enviarles de regreso a su lugar de origen sin ofrecer ninguna explicación. Peor aún, mostrándose rudos y arrogantes, para no decir brutales e insolentes.

Por Wari

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Certificado oficial de vacuna con DOS DOSIS: el Minsal lee solo una…

De seguro conoces el via crucis de Novak Djokovic en Australia: para jugar en uno de los grandes torneos mundiales el campeón de tenis recibió una visa que, al llegar a Melbourne fue denegada. Djokovic no ha recibido ninguna vacuna, es la razón alegada por los burócratas australianos.

Australia, que había tenido pocos casos al cabo de 200 días de confinamiento, lanzó una campaña de vacunación masiva después de la cual se desató un fuerte aumento de las contaminaciones: 80% del total de contaminaciones en Australia tuvo lugar después de la vacunación. Novak Djokovic no tiene nada que ver en ello.

Pero Novak fue retenido –para no decir arrestado– mientras sus abogados litigaban con la autoridad judicial australiana. Esta última le dio la razón a Djokovic, por lo que tuvieron que liberarle. Mosqueado, un ministro del Estado de Victoria usó su ‘derecho’ a expulsar a un visitante extranjero y ordenó que el tenista salga de su territorio. Pero el Derecho sigue allí: los abogados de Djokovic apelaron y el tema se zanjará mañana sábado.

En Chile es mucho más simple: no hay Estado de Derecho, de modo que un pinche agente del Minsal (a contrata, boletero o funcionario… eso está por verse) puede deportar o expulsar a quien le salga de las narices sin que nadie diga nada, y sin que ninguna autoridad reaccione. Todo esto en la más completa ilegalidad.

Decenas de viajeros internacionales, de diversas nacionalidades, llegan al aeropuerto de Pudahuel, donde los ágiles del Minsal deciden –por cojones– enviarles de regreso a su lugar de origen sin ofrecer ninguna explicación. Peor aún, mostrándose rudos y arrogantes, para no decir brutales e insolentes.

La causa de todo esto reside en el ‘sistema’ del Minsal que verifica la validez de las vacunas de los pasajeros. En EEUU, en la Unión Europea, en Rusia y muchos otros países, cada ciudadano recibe un Certificado de Completa Vacunación, acompañado de un código QR, sólo cuando ha recibido DOS dosis de vacuna. De modo que hay UN solo documento y un solo código QR (ver ejemplar en la ilustración de arriba). Por alguna razón, el Minsal, o quienes diseñaron sus ‘sistema’, exigen DOS documentos y DOS códigos QR que no existen. Al verificar el Certificado, leen hasta el ítem Primera Dosis, y no leen las líneas siguientes en donde aparece el ítem Segunda Dosis.

La excelencia del Minsal va hasta enviarle a cada pasajero un CERTIFICADO DIGITAL DE INGRESO A CHILE que le hace pensar a cada viajero que obtuvo su autorización de entrada en el país. Pero, taimadamente, en letra chica, el Minsal agrega: Esquema Primario Incompleto. Y en su diabólica excelencia va hasta señalar que el viajero debe pasar 7 DÍAS OBLIGATORIOS en cuarentena.

Para quien no habla castellano, ni inglés, o lee alfabeto cirílico, o griego, o chino, o coreano, o japonés… todo esto no es de una claridad que encandile. Eso, al Minsal, le vale madre. De modo que, aun mostrando sus certificados originales, que muestran que su esquema de vacunas está completo, los energúmenos del Minsal (Seremi de la RM), les expulsan sin dignarse dar una mirada a los documentos que ya obran en poder del propio Ministerio, y que el ‘sistema’ del malhadado Ministerio procesó erradamente.

De este modo, ciudadanos finlandeses, estadounidenses, europeos, rusos y de otros países son humillados cotidianamente, expulsados como si fuesen delincuentes, por un/a pinche agente que se erige ilegalmente en el Poder que decide de la suerte de ciudadanos de países con los cuales Chile comparte Acuerdos Internacionales, TLC, relaciones diplomáticas, económicas, financieras, culturales, deportivas y hasta fronterizas.

Estos viajeros llegan LEGALMENTE al país, no son inmigrantes clandestinos. Al Minsal le importa un comino. La Seremi de la Región Metropolitana no conoce eso de: “Y verás como quieren en Chile, al amigo cuando es forastero”.

Djokovic, en su desgracia, tuvo la suerte de llegar a un país que puede tener autoridades imbéciles, pero es un país civilizado en el que reina el Estado de Derecho que no existe en el aeropuerto de Santiago, convertido en un limbo, una suerte de Guantánamo para despistados.

En Melbourne puedes recurrir a un abogado. A la Justicia. Y luego, una decisión LEGAL puede expulsarte, pero no sin antes ejercer un Derecho universalmente aceptado, incluso por Chile, pero que sus funcionarios se pasan por el círculo polar antártico.

Este tipo de cretino no es propiamente –ni exclusivamente– chileno, aunque dispongamos de un stock de proporciones alarmantes. El burócrata mediocre, dotado de algún poder, se transforma rápidamente en una pálida copia de la DINA. Por ese camino podría hasta golpear a los viajeros, sin recibir ninguna sanción.

En Francia también existe ese tipo de imbécil. El 3 de abril de 1940 Pablo Picasso, que vivió casi toda su vida en el país galo, solicitó –como era su derecho– la nacionalidad francesa. Un oscuro funcionario del Ministerio del Interior leyó la ficha de la policía de seguridad interior del Estado, y notó que Picasso tenía ‘simpatías comunistas’. Por esa razón, sin consultarle a nadie, no le dio curso a la demanda de Picasso. Gracias a ese tarado y al dictador Francisco Franco, el más grande genio pictórico del siglo XX fue apátrida.

En nuestro caso, el limbo está en Santiago. En Pudahuel. Uno sueña con que el nuevo gobierno disponga dos abogados en el aeropuerto: uno del Minsal, y otro de los pasajeros. Para que –al menos en la forma– Chile recupere, así solo sea parcialmente, su calidad de república. Con la esperanza de transformarse algún día en un país civilizado en el que los Derechos Humanos de quienes desean visitarnos sean respetados.

Por Luis Casado

Publicado originalmente el 14 de enero de 2022 en Politika.


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