¿Modelo o bienestar social?

Ignacio Basualto Morales, Periodista / El debate en torno al retiro del 10% de los fondos de las AFP ha estado lejos de ser una discusión sobre la ayuda que desesperadamente necesita la clase media

Ignacio Basualto Morales, Periodista / El debate en torno al retiro del 10% de los fondos de las AFP ha estado lejos de ser una discusión sobre la ayuda que desesperadamente necesita la clase media. Lo que está en juego no es otra cosa que las bases fundacionales de un modelo económico ya cuestionado y profundamente debilitado. Tanto así que las propias AFP, en un acto a lo menos cuestionable, han decidido sacar la voz públicamente en el debate político y enviar cartas a sus afiliados advirtiendoles del peligro que corren sus ahorros previsionales de aprobarse esta iniciativa.

Sin embargo, dejando por un segundo de lado la discusión en torno al modelo (que no ha hecho más que comenzar), la gran pregunta es: ¿qué otra medida real, concreta y de efecto inmediato se ha presentado para ir en ayuda de una desvalida clase media? Las y los detractores del retiro de fondos de las AFP en el parlamento esgrimieron distintos argumentos para señalar que esto es una pésima idea, pero en estos meses ninguna otra iniciativa se levantó con fuerza para socorrer a la clase media.

El 6 de julio el Banco Central informaba que la deuda en hogares nacionales alcanzó su máximo histórico, superando el 75% de sus ingresos. En ese contexto, el Plan de Apoyo a la Clase Media presentado por el Gobierno, que llega cuatro meses después de iniciada la pandemia y aún sin nada más concreto que propuestas teóricas, tiene para ofrecer únicamente más endeudamiento. Para una familia de clase media promedio, donde las deudas por educación, vivienda, casas comerciales o salud no son opcionales, sino una realidad cotidiana, la propuesta de créditos para afrontar la pandemia no es solo poco afortunada, mas bien parece una burla.

Por otro lado, proyecciones de la Fundación Sol calculan que el costo del retiro de este 10% no afectaría mucho más allá de 20 mil pesos mensuales a las pensiones (entendiendo que para muchas personas dicha cifra es significativa). Pero en febrero de este año, solo una semana antes del inicio de la pandemia, la Superintendencia de Pensiones informó que todos los fondos de AFP registraron pérdidas, algunas millonarias, debido a las vicisitudes del mercado. Estas pérdidas son algo común, cotidiano, parte del sistema, tal y como han señalado en innumerables ocasiones economistas defensores o detractores del modelo.

Cabe preguntarse si la grave crisis sanitaria y social, con un desempleo por sobre el 11% según el INE, no es motivo suficiente para que estos fondos, que en teoría son propiedad de los propios trabajadores y trabajadoras cotizantes, puedan ser utilizados a modo excepcional para sortear las dificultades propias de la pandemia, principalmente considerando que de momento no existen otras propuestas serias, más allá de ofrecer más endeudamiento. ¿O será que el miedo a la debilitación del modelo está, una vez más, por sobre el bienestar social?

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