Perdónalos Víctor, no saben lo que hacen

¿Sabrán en la UDI que Víctor Jara militaba en el Partido Comunista y que fue acribillado por 44 impactos de bala?

Por Opazo

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Chile / Columnas / Política

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Por Patricio Araya González

Hace ya largo tiempo que la sociología dio cuenta del fenómeno de la homologación entre ciertos objetos del arte y determinados significados sociales o políticos; por su parte, la serigrafía estampó en todo tipo de telas las imágenes de Jesucristo, Calvin Klein, Marlboro, el Che Guevara, Salvador Allende (sus gafas), Gandhi, John Lennon, Bob Marley, Marilyn Monroe, y muchos otros. A su turno, el marketing se encargó de darles su respectivo valor comercial.

Así, es posible encontrar en una misma tienda a un personaje bíblico como Jesucristo, o a un revolucionario latinoamericano como Ernesto Guevara, sin que haya entre ellos la más mínima pertenencia. Peor aún, muchos compradores lucen en sus pechos semejantes imágenes sin tener cabal conocimiento de lo que representan.

¿Sabrán en la UDI que Víctor Jara militaba en el Partido Comunista y que fue acribillado por 44 impactos de bala? Quizás Longueira lo desconoce. Tal vez piensa que Víctor está vivo. Es muy probable que piense aquello, así como también debe tener la plena certeza que hoy, a sus 87 años, Víctor forma parte de esos comunistas que lo persiguen. Con una realidad tan macondiana, que incluye a un fundador que le habla a Pablo Longueira, y a un alcalde socialdemócrata que gobierna una comuna de derecha pura, en la UDI “otro mundo es posible”.

¿Sabrán en la UDI que las canciones de Víctor Jara hablaban de un Vietnam invadido por Estados Unidos, y que el derecho a vivir en paz era implorado en favor de ese pueblo de aldeanos arroceros? A la UDI, igual que los compradores de poleras del Che, esa frase de Víctor les suena comercial, y por tanto, pueden incluirla como parte de la banda sonora de la campaña por el Rechazo, en el marco del plebiscito constitucional del próximo 25 de octubre. El dinero todo lo compra. “La economía, que pretendió ser la más consistente de las ciencias sociales, muestra ahora sus recursos de evidencia (estadísticas, relaciones entre costos y ganancias, entre deudas y productividad) como datos alucinantes”, sostenía Néstor García Canclini en 2010.

El sociólogo argentino agregaba que “el neoliberalismo, anunciado como único pensamiento capaz de ordenar los intercambios y controlar las desmesuras de la inflación, acabó subordinando la economía dura, la que produce bienes tangibles, a delirios con el dinero”.

Dentro de esa alucinación mediada por la seguridad aberrante que otorga el dinero, las personas acaudaladas que otra vez se vuelven a congregar en el lado opuesto del interés mayoritario de la ciudadanía –que anhela un cambio radical de la Constitución aprobada en 1980–, hoy se sienten con el derecho de sustraer esa canción escrita por Víctor Jara desde la memoria emotiva de la izquierda, para instalarla en la comodidad de los sofás de Los Trapenses, cuyos habitantes reclaman solo para ellos el derecho a vivir en paz, como si la paz fuera privativa de quienes la pueden comprar a empresas de seguridad privada que patrullan sus barrios, mientras ellos escuchan en sus living rooms la tierna historia de Luchín, un patipelado de Barrancas, una comuna que desapreció de la geografía moderna del Santiago Poniente, donde Víctor develaba la pobreza sesentera.

Perdónalos Víctor, no saben lo que hacen.

Si en la UDI tuvieran una mínima conciencia moral y ética, si dimensionaran el daño inconmensurable que el asesinato de Víctor Jara provocó en el alma de la verdadera izquierda –no esa izquierda aburguesada que lo escucha desde Zapallar–, no harían la brutalidad que hoy están haciendo al tomar parte de una canción escrita por un acribillado por la dictadura que muchos en ese partido aún se empeñan en negar.

En la UDI deberían pedirle perdón a la memoria de Víctor Jara, y no convertirse en sus nuevos fusileros, porque el cuerpo del dramaturgo sacado a culatazos desde la Universidad Técnica del Estado (actual Universidad de Santiago de Chile), no resiste su balazo número 45. Quién más que tú, Víctor, tiene derecho a vivir en paz en la sagrada memoria de tu recuerdo infinito.

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