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¿Por qué el futuro del humedal de Arica depende del nuevo Plan Regulador de la comuna?

De lo que fuera un extenso humedal costero, ecosistema único en el mundo, que abarcaba desde el sur del Perú hasta el sector de la Chimba en Arica (donde hoy se ubican los casinos), actualmente sólo 30 hectáreas cuentan con protección, área que está en riesgo por la propuesta del nuevo Plan Regulador Comunal que propone el cambio de uso de suelo de la zona de protección de avifauna, de rural a urbano residencial, dando carta blanca a proyectos inmobiliarios, lo que acabaría con el santuario protegido por normativas nacionales e internacionales, sector de riqueza biológica y regulador natural del inicio y fin del ciclo del agua en el desierto.

En 300 páginas, el Comité Ambiental Comunal de Arica presentó en el proceso de observaciones del Plan Regulador, un estudio realizado por especialistas y profesiones de la instancia -compuesta por organizaciones de preservación y protección ambiental-, documento donde exponen la fragilidad del santuario principalmente en los aspectos biológico, legal y cultural.

Amortiguador de desastres naturales

“Desde el punto de vista biológico, es uno de los pocos humedales en el mundo que está ubicado en desierto absoluto como el de Atacama, siendo más que un privilegio, pues ese solo hecho genera la necesidad de darse cuenta que una condición ecosistémica como esa no se repite frecuentemente en el mundo”, recalca Jorge Abarca, biólogo, académico, presidente de la organización Observadores de Aves de Arica y Parinacota y del Comité Ambiental Comunal, CAC.

Abarca agrega que, en 1993, el Estado de Chile consideró el humedal de la desembocadura del río Lluta como sitio prioritario para la biodiversidad y para las aves silvestres. Sumado a ello, que es considerado uno de los 40 humedales prioritarios según el Plan Nacional de Humedales 2018 al 2022, y es apreciado como uno de los lugares prioritarios para la conservación de biodiversidad de acuerdo a la Estrategia de Biodiversidad del 2017 al 2030.

Gabriel Pulgar

“El humedal genera beneficios ecosistémicos básicos para la existencia de la vida, que son: la absorción del CO2, la generación de oxígenos, amortiguador de desastres naturales como tsunamis. Se ha visto que en lugares donde se han sacado humedales de la costa, como Indonesia, la aparición de un tsunami generó miles de muertos. Entonces es un beneficio ecosistémico de seguridad y vitales para todo tipo de vida incluyendo la humana, donde cualquier esfuerzo que se haga es poco para salvarlo”, menciona el biólogo.

Desde el ámbito jurídico, explica Abarca, el Ministerio de Bienes Nacionales generó un estudio el 2018 que señala que la extensión del humedal alcanza a las 370 hectáreas, no solo las 30 hectáreas que están protegidas, por lo que considerando que desde 1971 Chile es parte de la Convención Relativa a los Humedales de Importancia Internacional, especialmente como Hábitat de Aves Acuáticas, Ramsar, debe acogerse la delimitación que propone Bienes Nacionales.

Y la significancia cultural, que tiene que ver con los orígenes costeros de las poblaciones de Arica, es el tercer aspecto a considerar en la preservación del humedal: “La cultura Chinchorro no podría haber existido sin el humedal del río Lluta y de Camarones, entonces cuando hablamos de imponer edificios de 56 metros, establecer industria contaminante o no contaminante, pero definida de ruido molesto, de aumentar la densidad poblacional a 1200 personas por hectárea en un sector donde no debe haber nadie, para proteger esta biodiversidad, nos parece una contradicción”, asevera Abarca.

Ciclo del agua

Para Olivia Pari, directora de la Junta de Vigilancia del río Vitor y sus afluentes, el humedal es un patrimonio natural importante para la Región de Arica y Parinacota y la vida en el desierto, porque pertenece al ciclo del agua, su inicio y fin, y viceversa.

“Como humedal costero está interconectado con los humedales alto andinos y es ahí en este ciclo reproductivo, a través de la cuenca de río Lluta y de las nubes que suben al altiplano, donde se genera la mayor cantidad de productividad de agua en la zona”, agrega Pari.

“Nosotros como comunidades indígenas entendemos que este patrimonio natural no solo es importante por su ciclo del agua, sino que, porque ha sido preservado por distintas culturas por más de diez mil años, y hoy como comunidades nos sentimos sensibilizados en preservar el humedal porque somos los representes de la cultura que ya no existe, porque también fueron nuestros ancestros, en el sentido que había un intercambio con la cultura andina y entendemos que es importantísimo para la vida ene desierto más árido del mundo”, dijo la comunera e integrante del CAC.

Pari recuerda la defensa que los pueblos han realizado por el territorio y agua contra la minería, y resalta la importancia de la forma de vida de las culturas andinas en relación con el recurso hídrico. “Nuestra cultura tiene rituales que honran el agua, están nuestros mitos y leyendas, la veneramos, la llamamos, nos llena y nos regocija de intenciones positivas y de pertenencia cultural porque vivimos en un lugar del mundo donde la vida es un milagro”, sentencia.

“Entonces, tenemos suficientes elementos biológicos, jurídicos y culturales que hace que este humedal debe ser conservado y protegido y no dejarlo al abandono de decisiones de privados. Nosotros debemos ser claros, tenemos un patrimonio natural que está en peligro y el Plan Regulador puede definir los destinos de este humedal, y hoy hay que dar la pelea para que las futuras generaciones disfruten de este patrimonio como lo hemos hecho nosotros”, concluye el presidente del CAC.

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