Servicios religiosos y capellanías en La Moneda:

¿Presupuesto estatal para vagonetas del Estado?

Necesitamos releer las categorías conceptuales de Estado laico, libertad religiosa, servicio público, acompañamiento espiritual y recursos estatales; de lo contrario, las anheladas capellanías del Palacio de La Moneda corren el riesgo de transformarse en espacios de fondos estatales para vagonetas que viven del servicio público y Estado chileno.

¿Presupuesto estatal para vagonetas del Estado?

Por Benjamín Escobedo Araneda

En Chile el Palacio de La Moneda dispone de tres capellanías (católica, evangélica y judía), las cuales dependen de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (Onar) y del Ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres). Todas estas prestan servicios de acompañamiento pastoral y espiritual hacia funcionarios que desean recibirla; sin embargo, en los últimos días y en medio de recortes presupuestarios para el año 2027 las críticas se acentúan quedando en evidencia una pésima idea por parte del Gobierno, un error no forzado que “bendice” a los mismos vagonetas religiosos de siempre.

En primer lugar, en medio de la polémica por los recortes y a diferencia de años anteriores, y según la discusión pública, el gobierno de José Antonio Kast, en teoría, habría establecido para el Presupuesto del año 2027 fondos destinados para las capellanías del Palacio de La Moneda. Probablemente, estamos frente al presidente más practicante de su religión en todos los últimos gobiernos y la fe ha sido uno de los pilares en sus discursos desde sus días de campaña, preceptos adyacentes a sus narrativas sobre moral, discusión valórica y fundamentos políticos-religiosos. En este sentido, la incorporación de las capellanías al presupuesto abrió un debate sobre las prioridades del Gobierno, especialmente por coincidir con recortes anunciados en áreas como educación y cultura, como la eliminación de la entrega de computadores a escolares y la reducción de recursos para los Liceos Bicentenario. Cabe señalar que los recursos para las capellanías del Palacio de La Moneda irónicamente van en función de las personas y el funcionamiento de aquellas organizaciones, no para el fomento de las iglesias. Algunos podrán defender los servicios religiosos en La Moneda señalando que forman parte de la tradición del país, incluso, que las tradiciones religiosas contempladas (católica, evangélica y judía) son lo más representativo del fenómeno religioso del territorio nacional, sin embargo, ello abre un debate respecto de quiénes tienen o no el derecho a tener capellanía en el Palacio de La Moneda, en otras palabras, si cualquier creencia religiosa es válida y merece representatividad al interior de la casa presidencial, o bien, hasta ahora la selección alberga sesgos religiosos debilitando el denominado Estado laico chileno.

En segundo lugar, las tres capellanías esbozadas, como dijimos previamente, dependen de la Oficina Nacional de Asuntos Religiosos (ONAR) y del Ministerio Secretaría General de la Presidencia (Segpres). En ese horizonte, el trabajo de la aclamada ONAR debe avanzar hacia un diálogo no solo con quienes adhieren a los mismos preceptos ideológicos, morales y sociales. Esta organización fue creada con el objetivo central de promover desde una perspectiva de Estado el goce del derecho a la libertad religiosa, garantizado en la Constitución Política de la República. Así lo asevera la propia web en cuestión. El tema es que los objetivos específicos que dice plasmar la ONAR no siempre reflejan como fin último el motivo para lo cual fue creada, por ende, se visualizan entramados, ausencias y ciertas dudas que, entre paréntesis, inscriben tensiones políticas, públicas y religiosas a mi parecer. La ONAR debe estar a la altura de las propuestas, objetivos y proyectos que la sustentan. Por lo general, observamos reuniones, encuentros y constantes incidencias sobre temáticas muy puntuales. Más aún, hay una ausencia pública muy significativa de indicadores cuantitativos respecto del alcance y real impacto de su trabajo. Sin duda, la incidencia para estas materias erige sobre la base de lo global, no meramente en un diálogo con el mundo protestante y adyacentes “seleccionados”. La idea es fomentar laicidad de manera transversal en Chile, eso incluye a otras líneas políticas, históricas y teológicas; aun no formando parte del cristianismo occidental. La tarea es construir y preservar un Estado laico totalmente enajenado de ideologías políticas individuales que subyacen al ejercicio público profesional, a mi juicio, un vicio muy sistemático en la organización. Es fundamental hilvanar proyectos concretos y no meramente reuniones con fotos, fotos y más fotos. Tal vez, estamos en presencia de un gran paraguas llamado ONAR que alberga tres tradiciones religiosas muy significativas en términos históricos, sin embargo, parece no estar en tabla la idea de reformular sus alcances, dejando en evidencia aquellos servicios religiosos de capellanía al interior de La Moneda como símbolos de “laicidad” y “tradición” un tanto indelebles. Ante esto, surgen varias preguntas a modo de diálogo cívico, social y político en nuestro país.

¿Son las capellanías del Palacio de La Moneda y sus servicios religiosos una prioridad económica para Chile? ¿Estamos frente a un vicio y espacio de “trabajo” que pseudo líderes religiosos, “teólogos fruna” y grandes “asesores” anhelan para recibir el “maná” económico desde el Estado chileno? ¿Son realmente las capellanías instancias de acompañamiento espiritual y pastoral, o bien, nichos de proselitismo religioso al final del día? ¿La representatividad religiosa en términos de capellanía que tiene el Palacio de La Moneda es símbolo de libertad y laicidad religiosa, o simplemente un espasmo de valorización únicamente en función de algunas tradiciones religiosas propias del cristianismo? ¿Tiene poder la religión en Chile? ¿Realmente tiene impacto la ONAR (Oficina Nacional de Asuntos Religiosos) en nuestro país, o simplemente es una organización estatal con poco y nada de alcance, considerando los recursos que le son asignados por parte del Estado?

Necesitamos releer las categorías conceptuales de Estado laico, libertad religiosa, servicio público, acompañamiento espiritual y recursos estatales; de lo contrario, las anheladas capellanías del Palacio de La Moneda corren el riesgo de transformarse en espacios de fondos estatales para vagonetas que viven del servicio público y Estado chileno.

Por Benjamín Escobedo Araneda

Secretario Ejecutivo de la Sociedad de Historia de las Iglesias Protestantes y Evangélicas de Chile. Investigador Asociado de Monte Alto Editorial (Colombia). Investigador de Ediciones Escaparate (Chile). Columnista – Escritor – Historiador.

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