Quintero-Puchuncaví: el tóxico historial del Chernobyl chileno

Las recientes emanaciones que han afectado a la población de la comuna de Quintero han encendido alarmas acerca de la contaminación histórica que han sufrido Quintero y Puchuncaví con la instalación y varias décadas de funcionamiento del Complejo Industrial Ventanas. Una zona ampliamente estudiada, con antecedentes de impactos desde la década de 1980, una larga lista de denuncias y enfermedades entre la población, evidencias de presencia de elementos tóxicos, y antecedentes de afectación a la capacidad respiratoria en escuelas locales.
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Quintero y Puchuncaví


Por Jorge Molina Araneda

Durante la tarde de este lunes sesionó el Comité para la Gestión del Riesgo de Desastres, liderado por el Gobernador Regional de Valparaíso, Rodrigo Mundaca; la delegada presidencial, Sofía González y el director de Onemi regional, Mauricio Bustos para coordinar acciones conjuntas ante la situación ambiental en Quintero.

La comunidad de Quintero, Concón y Puchuncaví comenzó su semana con un nuevo peak de dióxido de azufre o SO2, lo que obligó a las autoridades a decretar una nueva emergencia ambiental para las comunas. La concentración máxima admitida por la norma fue superada un total de 4 veces, ascendiendo a más de 1.300 microgramos por metro cúbico.

Los gases tóxicos fueron detectados la madrugada del lunes y al paso de las horas, a pesar de que los niveles de contaminación disminuyeron, decenas de personas especialmente en Puchuncaví y Quintero, comenzaron a experimentar malestares.

En la comuna de Quintero 19 personas fueron atendidas en recintos asistenciales debido al malestar, entre ellas 10 menores de edad del colegio Don Orione y 9 funcionarios del colegio Costa Mauco. Lo que llevó a la Seremi de Educación de Valparaíso a declarar la suspensión de clases en Quintero y Puchuncaví para este lunes 6 y martes 7 de junio.

Además, la delegada presidencial de Valparaíso confirmó más de 60 pacientes con síntomas atribuibles a la emanación de gases, pero González declaró que antes de entregar mayor información, deberán investigar los elementos correspondientes.

Las recientes emanaciones que han afectado a la población de la comuna de Quintero han encendido alarmas acerca de la contaminación histórica que han sufrido Quintero y Puchuncaví con la instalación y varias décadas de funcionamiento del Complejo Industrial Ventanas. Una zona ampliamente estudiada, con antecedentes de impactos desde la década de 1980, una larga lista de denuncias y enfermedades entre la población, evidencias de presencia de elementos tóxicos, y antecedentes de afectación a la capacidad respiratoria en escuelas locales. Pese a la carencia de redes de monitoreo con información transparente y en tiempo real para poder focalizar el origen de episodios de emanaciones agudas, la certeza que un envenenamiento constante afecta a la población se mantiene vigente.

El complejo industrial Ventanas en las comunas de Quintero y Puchuncaví es una de las principales áreas industriales de Chile. Las actividades en el área son: la fundición de cobre, el funcionamiento del complejo termoeléctrico de carbón, industrias petroleras, terminales de gas licuado e industrias químicas entre otras. En la larga historia de contaminación en la zona, se han generado incidentes ambientales tales como: reiterados casos de intoxicación en la escuela de La Greda, los continuos eventos de varamiento de carbón en las costas, casos de cáncer que afectan a extrabajadores de la ENAMI, o el derrame de 38.700 litros de petróleo en la bahía de Quintero en septiembre de 2014.

En 1958 se había instalado Chilectra en la zona, en 1964 se puso en marcha la fundición de cobre ENAMI Ventanas y dos años después, en 1966, comenzó a funcionar la central termoeléctrica Ventanas I con una potencia de 120 MW. El mismo año se construyó el puerto de Ventanas (Chilgener).

A principios de la década de 1960 habían llegado inversiones de capital a la zona, con proyectos como la planta termoeléctrica Chilgener S.A. (Aes Gener), la Fundición y Refinería de ENAMI Ventanas (Codelco División Ventanas). Inicialmente las comunas de Quintero y Puchuncaví se disputaron la instalación del parque industrial, ya que en aquella época se veía esto como un beneficio y oportunidad de progreso en la zona como algo positivo, alejada a la percepción actual en vista de las consecuencias generadas décadas después.

En 1977 se puso en marcha la termoeléctrica Ventanas II con una potencia de 220 MW. En 1981 comenzó a funcionar el terminal marítimo de la empresa de productos químicos Oxiquim.  En 1987 se modificó el plan regulador intercomunal, llegando más industrias como: Oxiquim, Gasmar, ENAP, Moliendas de Cementos, entre otras. En 1991 se instaló la planta de recuperación de ácido sulfúrico de la División Codelco Ventanas, el mismo año el puerto pasó a propiedad de Puerto Ventanas S.A. y se amplió. Mientras tanto ENAMI y Gener propusieron una red  privada de monitoreo de dióxido de azufre o anhídrido sulfuroso (SO2) y material particulado de tamaño entre 2,5 y 10 micrones (MP10). Al año siguiente, en 1992, se construyó el terminal marítimo GASMAR para la distribución de gas licuado. En 1995 se implementó el llamado «plan de descontaminación Ventanas». En 1996 la empresa Melón construyó un domo de almacenamiento. En el año 2000 se construyó el terminal de Asfaltos y Combustiles Cordex que almacena y distribuye petróleo y derivados. En 2001 se construyó una bodega de almacenamiento de cobre en el puerto de Ventanas mediante un contrato con la multinacional minera Anglo American.

En 2004 empresas COPEC instaló la planta de lubricantes Loncura. En 2006 se instaló la central termoeléctrica Nueva Ventanas de Gener que comenzó a funcionar en 2010. En 2008 se instaló la central termoeléctrica Campiche (empresa eléctrica Campiche). En 2009 comienza a funcionar el terminal marítimo de gas licuado GNL Quintero. En 2013 se realizó la ampliación de terminal marítimo Quintero Oxiquim S.A.

Actualmente, en la zona se encuentran operando las siguientes empresas: Refineria Codelco División Ventanas, AES Gener, GNL Quintero S.A., Puerto Ventanas, Planta de Lubricantes COPEC, Planta de Resinas Oxiquim, el terminal marítimo Oxiquim, la planta de polímeros Oxiquim, el terminal de combustibles y asfalto PACSA, el terminal de acopio cemento Melón, el terminal GASMAR, y la minera Montecarmelo-Tocopilla-Catamutún. Cabe detallar que Puerto Ventanas es una empresa proveedora de instalaciones y servicios portuarios; Cementos Melón es una empresa de materiales de construcción con actividad en cemento, agregado de concreto y morteros; Catamutún Import vende carbón, y su división de vapor la cual maneja sistemas industriales de vapor con combustión de carbón; Panimex Química S.A. produce plástico y ácido fumárico; Gasmar es una compañía dedicada al mercado de gas licuado; Minera Montecarmelo es una planta de tratamiento de residuos industriales; Cordex es una fábrica de producción de asfalto y también un terminal de combustible.

En marzo de 2011, una nube tóxica golpeó a la escuela La Greda en Puchuncaví, 31 niños y nueve adultos resultaron intoxicados, presentando fuertes síntomas de mareos y náuseas, la tragedia alcanzó la atención de los medios de comunicación y la organización de activistas se acrecentó.

Fue por esto que el entonces Subsecretario de Educación, Fernando Rojas, pidió un informe que analizara el estado de los 15 colegios que hay en Puchuncaví. En octubre de ese mismo año, el Seremi de Salud de la Región de Valparaíso, Jaime Jamett, constata que se encontraron por aire y suelo metales pesados. Estos eran: plomo, cadmio, níquel, cromo, arsénico y zinc.

Luego de un año de investigación, el Tribunal de Garantía de Quintero formalizó al Gerente de Operaciones y  al Jefe de Planta de Ácido de Codelco por el delito culposo de lesiones menos graves.

Sin embargo, en septiembre de 2013 la querella se suspendió. Esto gracias a un acuerdo de la empresa con las víctimas, con un fondo de $164 millones para pagar atenciones médicas y mover la escuela a 2 km. La escuela, financiada también por la Corporación de Desarrollo Puchuncaví- Quintero, fue inaugurada por la Ministra de Educación de ese entonces, Carolina Schmidt.

Schmidt, quien pasaría a ser Ministra de Medioambiente en 2018, ha tenido activa participación en empresas del cordón industrial. Fue nombrada parte del directorio de Enersis en 2013 y  del directorio de Enel America S.A. entre 2014 y 2015. Además de haber sido accionista en COPEC.

En agosto de 2018 una nube tóxica se propagó en la intercomuna afectando a 301 personas que resultaron intoxicadas, 105 de ellas debieron ser hospitalizadas, quedando 2 en observación. En ese momento, el comité de emergencia de la región del Valparaíso, decretó alerta amarilla suspendiendo las clases en los colegios municipales y particulares.

El entonces encargado de la comisión de Medio Ambiente del Colegio Médico de Chile, Andrei Tchernitchin, se refirió a los elementos nocivos para la salud humana que estaban presentes en el aire de Quintero y Puchuncaví. «Con el pasar de los días logramos saber qué elementos son los que produjeron la intoxicación a más de 300 personas. Entre los más nocivos son el Nitrobenceno, Metilcloroformo, Isobutano y Tolueno. Estos traen como consecuencia enfermedades como la leucemia, y en especial la exposición a largo plazo al Nitrobenceno, que produce metahemoglobinemia, es decir, el cuerpo no puede transportar el oxígeno suficiente. Además daña el ADN, entonces pueden haber mutaciones. Pero a corto plazo la exposición al Nitrobenceno provoca fuertes malestares en la zona intestinal originando fuertes mareos y vómitos: esto confirmaría la intoxicación» indicó. El toxicólogo alertó sobre un elemento que la legislación chilena prohíbe y que, sin embargo, se encontraba presente en el aire de Quintero y Puchuncaví: el Metilcloroformo. Según el médico, ese elemento estaba prohibido en Chile desde hacía más de tres años, tras la firma de un convenio internacional de Montreal. Para el profesional «esto demuestra que no existe fiscalización de los elementos que están dañando a la ciudadanía. Las enfermedades orgánicas se harán presentes y son irreversibles«.

Ya en la década de 1980 algunos estudios reportaban evidencias de deterioro ambiental, tales como: corrosión anormalmente acelerada de estructuras metálicas, desaparición de explotaciones ganaderas, principalmente ovinas, y una caída en la producción agrícola de hasta un 85%. Un análisis publicado en 1986 determinó el contenido de metales pesados y su distribución en suelos y hojas de eucalyptus. Los resultados determinaron anormalmente altas concentraciones de cobre (Cu), plomo (Pb), zinc (Zn) y cadmio (Cd) en las muestras, siendo el cobre el metal más abundante encontrado en el área. El estudio concluyó que los metales pesados provenían de la emisión de material particulado desde la zona industrial de Ventanas.

En 1993 la Bahía de Quintero había sido declarada como zona saturada por dióxido de azufre y material particulado. En 1999 se concluyó que la salud respiratoria de la población infantil residente en el área industrial de Puchuncaví se ve afectada por los altos niveles de PM10 y SO2.

Las áreas de manejo destinadas a la pesca artesanal, constata un informe de la Cámara de Diputadas y Diputados, también presentan altos niveles de mercurio y plomo. De acuerdo a una denuncia formulada por la ONG Dunas de Ritoque, el informe del Instituto de Fomento Pesquero (IFOP) de 2015 arrojó cifras de arsénico que superan 23 veces la norma establecida por el Reglamento Sanitario de los Alimentos. La jaiba mora y la jaiba peluda promediaron 24,1 y 57,58 milígramos por kilo respectivamente. La regla tiene como máximo 2 mg/kg.

Entre 2008 y 2014 se registraron más de 50 varamientos de carbón combustionado en las playas de la bahía, sin que las empresas se hayan hecho responsables.

Por otra parte, una investigación encargada por el Ministerio de Medio Ambiente y realizada en 2015 por la consultora PGS Chile, se encargó de tomar muestras en distintos tipos de suelos que reportaron la acumulación de metales pesados como: cobre, arsénico, mercurio, plomo, cadmio y hierro, los que sobrepasan en un 99% lo permitido por la norma canadiense. Las fuentes son señaladas como la fundición de cobre de ENAMI y las termoeléctricas de AES Gener.

Otra investigación, pero de 2016, había evaluado el gradiente espacial de riesgo a la salud humana, el cual es principalmente causado por la presencia de metales traza en los suelos. Se recolectaron 121 muestras desde 5 locaciones representando distintos grados de impacto desde las fuentes industriales. El arsénico fue el factor dominante alcanzando un inaceptable riesgo carcinógeno, es decir, potencialmente capaz de producir cáncer al exponerse a tejidos vivos. Este riesgo es considerado inaceptable para los niños en dos de las locaciones del muestreo más cercanas al complejo industrial; mientras tanto, en el resto de los sitios de muestreo en el área de estudio el riesgo fue considerado como justo en el rango tolerable para niños y adultos. La más importante vía de exposición a elementos presentes en los suelos es la ingestión, y el arsénico representó el más alto agente carcinógeno de riesgo por exposición al suelo en el área de estudio. Todas las locaciones presentaron riesgo carcinógeno total y este riesgo de impacto es observado incluso a 20 km. desde el complejo industrial. Los investigadores apuntan a que controles de contaminación más efectivos deberían ser desplegados.

En la llamada División Ventanas de Coldeco, el 50% del cobre que llega al lugar proviene de concentrados de la pequeña y mediana minería desde la IV a la VI Región, mientras que la otra mitad proviene de la gran minería (Divisiones Andina, Teniente y Anglo American). Tiene una capacidad de producción anual de 420.000 toneladas en su fundición, 400.000 toneladas en su refinería y 360.000 toneladas en ácido sulfúrico.

La zona, aunque suene majadero señalarlo, ha sufrido daño en el medioambiente. En diciembre de 1993 el Presidente Patricio Aylwin y sus ministros de Salud y Agricultura decretaron como Zona saturada por anhídrido sulfuroso y material particulado respirable la zona circundante al Complejo Industrial Ventanas. El DS N° 346/93 señala que conforme a la red de monitoreo instalada, “resulta fundamental proteger la salud de las personas, las actividades silvoagropecuarias, las actividades complementarias al Complejo Industrial y la actividad turística de la zona afectada”… O sea, en términos prácticos, letra muerta.

La planta actualmente aún contamina, ya que tiene un diseño antiguo. No es una planta sellada, muchos de sus reactores son abiertos, en galpones abiertos. Tiene pérdidas, pequeñas, pero pérdidas al fin y al cabo.

De acuerdo a la ecologista y excandidata presidencial Sara Larraín, “a inicios de los  ‘90 el Gobierno ya  tenía claro que la bahía de Quintero y Ventanas estaba saturada de contaminantes y era necesario tomar medidas al respecto para proteger la vida de las personas y otras actividades económicas de la zona. La información epidemiológica sobre incrementos en la morbilidad, partos  prematuros, reducción de coficiente cognitivo; ni las intoxicaciones masivas han logrado que se ponga fin a esta violación a la garantía constitucional de vivir en un medio ambiente libre de contaminación«.

Finalmente, el discurso del progreso capitalista y del desarrollo empresarial va de la mano con el deterioro de la calidad de vida y salud de los seres humanos, el agotamiento de los bienes comunes y la degradación ambiental acelerada. ¿Hasta cuándo cerraremos escuelas y no industrias contaminantes que paulatinamente están liquidando a nuestros conciudadanos?

Por Jorge Molina Araneda


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