La costa de la Región del Maule es un territorio de alto endemismo y biodiversidad. Allí, bosques nativos donde habitan especies como el hualo y el queule, se encuentran inmersos en un paisaje fuertemente fragmentado, donde quedan pocos remanentes que no hayan sido intervenidos en las últimas décadas.
Así lo demuestra un nuevo estudio publicado en la revista científica ISPRS Journal of Photogrammetry and Remote Sensing, que identificó solo tres fragmentos de bosque sin señales de intervención humana durante los últimos 40 años, de un total de 22 parches analizados en esta zona de Chile central.
El trabajo se concentró en la costa del Maule, principalmente en la zona de Cauquenes, donde los bosques mediterráneos se encuentran rodeados por un paisaje dominado por plantaciones forestales y sometido a diversas amenazas, entre ellas, las mismas plantaciones, los incendios forestales, la tala, la sequía y el cambio climático.
La investigación fue desarrollada por Sebastián Landeros, de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la U. de Chile y del Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), y contó con la supervisión del académico Álvaro Gutiérrez, quien también pertenece al Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y de Mauricio Galleguillos, de la Pontificia U. Católica de Chile y del CR2.
«Se estima que menos del 20% de los bosques del planeta estarían sin intervención humana reciente», plantea el investigador Álvaro Gutiérrez.
Para el académico, «una pregunta relevante es saber dónde están estos remanentes y qué superficie ocupan. En ese contexto, tratamos de mapear todos los remanentes de bosque nativo que pudiéramos identificar en esta zona de Chile y estudiar su estructura, considerando como intactos a aquellos sin intervención en las últimas cuatro décadas».
En la identificación de estos fragmentos de vegetación nativa, los investigadores combinaron información obtenida mediante satélites con datos recogidos directamente en terreno. Esta estrategia permitió no solo localizar los bosques, sino también reconstruir su historia y caracterizar su estructura.
Sebastián Landeros detalló que primero recorrieron los fragmentos remanentes de bosque nativo en la cuenca, pudiendo constatar que la mayoría tienen como especie dominante al hualo (Nothofagus glauca).
«También encontramos robles muy grandes y peumos muy altos en los bosques intactos. Algunos alcanzaban más de 20 metros de altura. En los parches alterados, en cambio, observamos una mayor introducción de especies exóticas, principalmente pino y algunos eucaliptus», indicó.
Álvaro Gutiérrez destaca que estos parches intactos son pequeños, del orden de 10 hectáreas, y están insertos en un paisaje dominado por monocultivos forestales de la especie exótica pino insigne.
«Los parches de bosque nativo tienen una mayor biomasa, árboles de mayores dimensiones en diámetro y altura, y también una mayor riqueza de especies», afirma el especialista.
Respecto a la intervención de estos bosques, la señal más clara que encontraron en terreno fue la presencia de tocones, es decir, las partes de los troncos que permanecen después de que un árbol ha sido cortado. Asimismo, encontraron algunos pinos en dos de los tres parches intactos.
«Afortunadamente, no estaban tan esparcidos, pero eran árboles grandes. Tenían por lo menos unos 20 años y medían entre 20 y 25 metros de alto», describe Sebastián Landeros.
Satélites
Para complementar esta información, los investigadores usaron 2 sensores tecnológicos de observación de la Tierra.
Uno de ellos fue Landsat, una familia de satélites desarrollada mediante un programa conjunto de la NASA y el Servicio Geológico de EEUU (USGS). Su principal aporte fue mirar hacia atrás en el tiempo y reconstruir cómo había cambiado el paisaje durante las últimas décadas.
La segunda herramienta fue GEDI (Global Ecosystem Dynamics Investigation), un sensor que fue lanzado al espacio a finales de 2018 y que utiliza pulsos de luz láser para medir la estructura tridimensional de los bosques, permitiendo obtener información como la altura de los árboles y la distribución de la vegetación.
Tanto Landsat como GEDI generan información que se encuentra disponible para la comunidad científica, un hito especialmente relevante en países como el nuestro.
«El valor de que esta información esté disponible de manera abierta es enorme. Uno de los principales problemas que tenemos en Chile, para entender el estado de nuestros bosques, es nuestra capacidad de monitoreo», comenta el profesor Gutiérrez.
Con estos antecedentes, Sebastián Landeros asegura que uno de los mayores aportes de esta investigación fue demostrar que se pueden utilizar las herramientas satelitales para evaluar características de los bosques y desarrollar un flujo de trabajo que permita distinguir aquellos intactos, y que pueda servir como guía para aplicar esta tecnología en otros territorios.
En ese sentido, los investigadores advierten que la costa del Maule tiene un alto valor para la conservación, pero que los mecanismos de protección existentes no necesariamente aseguran la preservación efectiva de todos los remanentes de bosque nativo.
«En la costa del Maule existen algunas reservas, como la Reserva Nacional Los Ruiles y la Reserva Nacional Los Queules, pero no necesariamente todas las figuras de conservación aseguran el mismo nivel de preservación. Por eso, sería importante contar con mecanismos que permitan proteger efectivamente estos ecosistemas. De hecho, que solo hayamos registrado tres remanentes intactos es bastante grave», planteó Gutiérrez.
Finalmente, ante este escenario, el investigador de la U. de Chile plantea que el objetivo no debería ser únicamente conservar los tres fragmentos identificados como intactos, sino también los otros 19 parches estudiados.
Aunque estos presentan distintos grados de intervención y muchos se encuentran en terrenos privados, siguen formando parte de un paisaje de alta biodiversidad, donde habitan especies que se encuentran en categorías de conservación vulnerable o en peligro de extinción, como el naranjillo y el queule. Esta última especie solo crece en la costa del Maule y su distribución se ha reducido considerablemente.
Seguiremos informando.
