Sebastián Piñera se la juega el todo por el todo en favor de las AFP

Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) / El Presidente de Chile, una especie de rey-dictador legal es, a la vez, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y líder de la alianza de partidos que lo apoyan, pero ha demostrado incapacidad en el cumplimiento de cada una de estas funciones

Por Opazo

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Por Rafael Luis Gumucio Rivas (El Viejo) / El Presidente de Chile, una especie de rey-dictador legal es, a la vez, Jefe de Estado, Jefe de Gobierno y líder de la alianza de partidos que lo apoyan, pero ha demostrado incapacidad en el cumplimiento de cada una de estas funciones.

El presidencialismo monárquico-borbónico chileno siempre me ha parecido incompatible con el sentido profundo de una verdadera democracia: en este régimen de gobierno no existen poderes y contrapoderes y, prácticamente, el Presidente puede actuar sin fiscalización y control.

El Presidente Juan Antonio Ríos, (década del 40), y Eduardo Frei Montalva, (en la década de los 60), agregaron al poder presidencial la iniciativa exclusiva del Jefe de Estado en todos los proyectos que implicaran gastos fiscales, por consiguiente, la iniciativa de los parlamentarios se limitaba a conceder “diplomas” a personas destacadas en los distintos quehaceres nacionales (ni siquiera una medalla podría ser entregada a alguien, pues implicaba gastos del dinero del Estado).

Las AFPs son, hoy por hoy, la base del sistema económico: administran doscientos mil millones de dólares, el 80% del PIB nacional, que invierten comprando Bonos del gobierno chileno, lo que equivale a convertirse en dueños de la deuda del Estado y, a su vez, adquieren Acciones y Bonos de empresas privadas (invierten en los bancos principales, el de Chile, Santander, BCI, ITAU, y algunos otros; en las empresas, casi todas las que se transan en el Ipsa, en muchas de estas últimas la familia es socia). Grandes monopolios e imperios familiares (los Paulman, los Angelini, los Matte, los Saieh, los Lucsick) son todos vendedores de Acciones y Bonos a las AFPs.

Por otra parte, las AFPs invierten en los mercados internacionales, generalmente los más riesgosos, que podrían arrojar buenos dividendos. También juegan a “la ruleta” con los fondos de inversión, enormemente más riesgosos que los instrumentos tradicionales.

Poco a poco, el negocio de las AFPs se ha ido convirtiendo en el más abusivo de cuantos existen. Al comienzo, su creador, José Piñera Echeñique, prometía que la tasa de retorno, la jubilación que cada cotizante iba a recibir una vez llegada la edad jubilar, sería de un 80% del último sueldo. Hoy, con suerte, alcanza a un 20%.

Hasta los gobiernos de la Concertación, las AFPs tenían que asumir con su dinero las pérdidas en que incurrieran, producto de las variaciones del mercado; hoy, repercuten directamente en los ahorros de los cotizantes (en cada crisis económica, el Fondo A, por ejemplo, puede perder, fácilmente, el 50% de lo ahorrado). Al comienzo, las AFPs tenían en promedio una rentabilidad del 12%, actualmente, apenas un 4%, y siguen en picada a la baja.

El Presidente Piñera sólo ha cometido fallas: del 18-0, con el estallido social, demostrando incapacidad política en el manejo de la crisis, y ¡error craso!, declarar la guerra a los chilenos (según su señora, Cecilia Morel, definidos como alienígenas), y cuando estaba en la cuerda floja, lo salvó el acuerdo constitucional con la unión de todos los partidos.

La pandemia parecía una nueva oportunidad para que el Presidente repuntara en las encuestas -de sus amigos de CADEM-, pues se suponía había sido muy hábil en sortear las situaciones más difíciles, y lo había demostrado “sacando a los 33 mineros desde el fondo de la tierra”, pero a pesar de que entregó a su leal ministro y empleado de la Clínica Las Condes, Jaime Mañalich, la difícil tarea de enfrentar la pandemia del Covid-19, guardándose para él la vocería y entrega de canastas para los pobres, como ocurría en Don Quijote y Sancho Panza, el escudero terminó haciendo las mismas locuras que su amo.

Piñera es un típico producto de la plutocracia, cuyo “desmérito” principal es la avaricia y la codicia (el millonario Federico Santamaría escribía sus cartas al reverso de la hoja para economizar papel). Cuando sus amigos personales y magnates Presidentes gastaban millones de dólares sacados del fisco para tratar de impedir la muerte por hambre de sus conciudadanos y, además, animar el poder de compra, el Presidente Piñera lo hizo al revés: se mostró más avaro que nunca, a sabiendas de que el fisco chileno había economizado millones de dólares en Bonos en la época de las vacas gordas (con la bendición de la subida del cobre a 4 dólares la libra).

El Presidente Piñera entendió erróneamente que “lo de las vacas gordas era el ahorro para el tiempo de las vacas flacas”, y se decidió a economizar a costa del hambre de sus conciudadanos, a quienes envió a la cuarentena a alimentarse escasamente de pan y agua. Y al verse otra vez en las cuerdas, se salvó nuevamente por el acuerdo de 12 mil millones para enfrentar la pandemia.

Una hábil jugada del diputado Matías Walker puso en tabla de la Comisión de Legislación, Justicia y Reglamento, una reforma transitoria de la Constitución que permitiría a los cotizantes hacer uso del 10% de sus fondos de ahorro por una sola vez y en época de estado de catástrofe, que fue aprobado en la Cámara por más de los 3/5 exigidos, (95 votos), entre los cuales 13 votos del Partido Chile Vamos, (8 de RN, y 5 de la UDI).

El Presidente Piñera, cuya misión es gobernar para los ricos en la economía neoliberal, vio, con desesperación, que incluso sus partidarios votaban -impunemente según él- por la destrucción de la viga maestra de la economía chilena las AFPs.

21/07/2020

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