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Científico sospecha de estudio que justificó prohibición de Spice



Bruce Cassel, profesor de Química de la Universidad de Chile, luego de revisar el comunicado que entregó el ISP que justificó la prohibición de Spice, acusa errores en el uso de la bibliografía sobre la sustancia.

Ya quisiéramos ver la premura con que actúan las autoridades cuando se trata de prohibir vehículos de ebriedad, aplicada a compuestos dañinos y sustancias sintetizadas usadas por la industria animal o agrícola. Esta vez le tocó a Spice, un compuestos hecho a base de hierbas, que en una semana pasó de completo desconocido a ser indexado en el listado de drogas prohibidas. El problema es que, según los expertos, no hay razones para ello.

El alegato de un par de médicos y un diputado UDI hecho a medidos de abril contra Spice, una sustancia hecha a base de hierbas vendida en algunas tiendas del país, hizo actuar con premura a las ‘autoridades’ de salud y de drogas. En tiempo record se mando a hacer un estudio al Instituto de Salud Pública (ISP), para el cual dicha institución no está equipado, se sacaron conclusiones y se terminó declarando que Spice es una sustancia “altamente peligrosa”.

El subsecretario del Interior, Patricio Rosende, cinco días después de hecha la denuncia dijo que análisis químicos “han dado como comprobación fehaciente y efectiva de que efectivamente la sustancia Spice  tiene componentes muy similares a la marihuana, de alta adictividad, de alta peligrosidad tóxica”. Por lo que el Gobierno determinó “incorporar esta sustancia en el decreto que establece y regula la circulación, venta y comercialización de sustancias prohibidas”.

Los medios habían hecho ya la alarma diciendo que se trata de una “marihuana sintética  cuatro veces más potente”. También el senador UDI, Jaime Orpis, metería la cuchara, diciendo que las autoridades reaccionan cuando estas sustancias ya están generando “estragos en los consumidores”.

A juicio de Bruce Cassel, doctor en Química y profesor de la Facultad de Química y Farmacia de la Universidad de Chile, toda la discusión generada por Spice “es un absurdo. Lo que se ha dicho en los medios estos días es en base a suposiciones infundadas ajenas al saber científico. No puede hablarse que esta sustancia es marihuana sintética, porque en estricto rigor la marihuana sintética no existe, es como hablar de ‘rosas sintéticas’ o ‘boldo sintético’”.

Cassel, quien revisó un estudio presentado como argumento para la prohibición1, señala que dicho informe en verdad dice que “los autores hicieron un autoensayo fumando entre los dos un caño de 0,3 gramos de “Spice Diamond” (la variedad que contiene mayor cantidad de los ingredientes identificados) e informan que a los 10 minutos observaron un considerable enrojecimiento de las conjuntivas, un aumento significativo del pulso, sequedad de la boca y una alteración del estado de ánimo y la percepción (que no describen). No se observaron anormalidades en ensayos objetivos de actividad psicomotora, aunque tenían la impresión de estar moderadamente bajo los efectos de una sustancia psicotrópica”.

Cassel además cuenta que en el trabajo se identifican extractos etanólicos algunas variedades de Spice, y la presencia de 2 canabinoides sintéticos (CP 47,497) y un isómero del mismo: “En “Yucatán fire” se encontrarían las dos primeras substancias y también el canabimimético JWH 018. Este último está presente en cantidades mayores en “Smoke” y “Skunk”, junto con el canabinoide natural oleamida. Citan que la presencia de JWH 018 habría sido identificada anteriormente (no dicen en qué) por un laboratorio en Frankfurt (no dicen cuál, pero citan un despacho de prensa de la dpa (Deutsche Presse Agentur) del 15 de diciembre de 2008)”.

Al químico le llama la atención que “los autores mencionan la supuesta presencia de alcaloides, citando específicamente aucubina (que no es un alcaloide) y leonurina (que sí lo es), pero la literatura científica no registra ninguna actividad en el sistema nervioso central para ninguno de estos dos compuestos”.

Agrega que “aunque se pueda asegurar que sus efectos en animales de laboratorio imitan los de los canabinoides naturales (y quizá algunos sean ‘cuatro veces mayores’, lo que no es una expresión particularmente feliz ni comprensible dado que los animales no cuentan sus experiencias psiconáuticas), su extrapolación al hombre, por muy verosímil que sea, es poco más que especulativa”.

El Ciudadano

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