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Clonación humana: ¿inevitable?

Pese a que la mayoría de los países tienen prohibida la investigación en clones humanos, el trabajo de cualquier científico puede generar un ser humano. En Chile hay una ley que prohíbe la clonación humana, aunque ya han resultado experimentos con bovinos hechos por la Universidad Austral.

Solo se necesita que un científico cree el primer humano clonado para cambiar la situación”. Claro, certero y polémico. La frase es de Chamundeeswari Kuppuswamy, uno de los autores del informe “¿Es la clonación humana reproductiva inevitable? Opciones futuras para la ONU” del año 2007.  Aun cuando la mayoría de los países lo tienen prohibido en sus constituciones, el ánimo científico ya vislumbra un horizonte de clones.

El nacimiento de la oveja Dolly, el 5 de julio de 1996, fue el punto de inflexión del debate sobre  la manipulación de información genética para crear otro ser vivo o un ser humano. “Si aguzamos la mirada y tratamos de ver más hondo, creo que tendremos que reconocer que estamos ante una de las grandes revoluciones en la historia de la humanidad, casi tan importante o quizás más aún que el descubrimiento de la energía nuclear”, comenta el filósofo chileno de la Universidad de Georgetown y miembro del Consejo de Bioética de la Casa Blanca, Alfonso Gómez-Lobo. Es “nuestro futuro post-humano”, según el politólogo conservador, Francis Fukuyama.

El 2001 se hizo el primer anuncio de clonación humana en el globo. En diciembre de ese año, la compañía norteamericana Advanced Cell Technology comunicó el crecimiento de embriones formados con muy pocas células. La intención no era establecer una clonación reproductiva, sino que transformar esas células madres en tejidos. A esto se le llamó clonación terapéutica.

DEBATE ÉTICO

El debate no tardó en levantarse. La iglesia católica se opone tajantemente a cualquier tipo de clonación humana, aún cuando la terapéutica pueda contribuir a los avances en investigación médica que podría, por ejemplo, acabar con los fracasos en los trasplantes de órganos. Se presume que mediante la clonación se podrían crear órganos completos a partir de una sola célula del mismo sujeto y que ésta, al ser genéticamente idéntica al dueño de la célula, no sería rechazada por su organismo. La clonación reproductiva se ha presentado como útil para el tratamiento de enfermedades genéticas, degenerativas y autoinmunes, como el Mal de Parkinson, el Alzheimer, la fibrosis quística, el lupus, entre otras.

Hugo Obiglio, director del Instituto de Ética Biomédica de la Universidad Católica Argentina y miembro de la Academia por la Vida del Vaticano denunció que “el embrión, aún en su estadio inicial, es un hombre, y cosificarlo -manipularlo- no sólo pone en peligro su vida sino que lesiona su dignidad e integridad personal. Usar la clonación como recurso terapéutico no se justifica”.

Sin embargo, hay quienes muestran una justificación religiosa para la clonación.  Si ésta se plantea como una forma habitual de reproducción asexuada, entonces vale recurrir a lo que exponen las religiones semíticas basadas en los 5 primeros libros del antiguo testamento, según lo que  plantea Carlos Valenzuela, del Programa de Genética Humana del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina, Universidad de Chile, en su artículo “Ética médica de la clonación humana”. En él  señala que “el mal proviene de criaturas con ‘libertad’ o ‘autonomía’ para seguir o no el plan divino. Como la reproducción asexuada (referida a la clonación) existió antes que el ser humano, debemos concluir que es buena ya que así la vio Dios, según esas religiones (…) Para estas religiones y la gran mayoría de las existentes (incluido el materialismo donde la naturaleza reemplaza a Dios), Dios (la naturaleza) creó (produjo) la clonación como buena (natural)”.

Pero no sólo posturas religiosas o éticas definen esta discusión, también el negocio potencial que podría causar la clonación es una dimensión relevante. A juicio del biólogo y Premio Nacional de Ciencias 1994, Humberto Maturana, “vivimos una cultura en la que cuando hay oposición entre una visión ética y una comercial, predomina esta última. Por eso, me opongo a la clonación en este momento histórico. Pienso que cualquiera sea el propósito declarado, mientras no cambie nuestra psiquis mercantil, más pronto que tarde la clonación será motivo de negocio y las consideraciones éticas serán olvidadas o violadas”.

CONTEXTO MUNDIAL

Las presiones internacionales por detener el avance de las investigaciones con clonación han sido fuertes. Más de 50 países prohíben la clonación reproductiva, entre ellos Chile, y ninguna nación ha aprobado legislación alguna que lo permita.

Si bien el debate a nivel de cúpulas ha sido intenso, en  la sociedad civil ha sido escaso. El 2005 ocurrió uno de los más agudos debates en torno al tema en una convención de la Asamblea General de Naciones Unidas, que tenía por finalidad la redacción de una postura oficial. En aquella oportunidad la división de perspectivas fue suficiente para declarar la reunión como un fracaso. No hubo consenso. La divergencia provocó que al momento de realizarse
la votación que concluyó “prohibir todas las formas de clonación humana dado que son incompatibles con la dignidad y la protección de la vida humana”; esta postura fuera respaldada por 84 votos, hubo 34 en contra y 37 abstenciones.

Países como España, Reino Unido, China e India votaron en contra argumentando que la clonación terapéutica puede ser vital en sus investigaciones médicas para encontrar curas a enfermedades catastróficas. Al otro lado de la balanza estaban países como Estados Unidos, Costa Rica y Uganda, los que manifestaron su oposición tenaz a cualquier tipo de clonación.  “Cualquiera sea el camino que la comunidad  internacional elija, necesitará actuar pronto, tanto para prevenir la clonación reproductiva como para defender los derechos humanos de los individuos clonados”, alerta el director del Instituto de Estudios Avanzados de la ONU, doctor A. H. Zakri.

Chile tampoco ha estado ajeno a este debate. Y a pesar de que decir debate queda un poco fuera de lugar, considerando que una discusión popular-mediática sobre este punto nunca ha existido, a nivel parlamentario el tema se comenzó a conversar desde 1996. Diez años después se aprueba la Ley Nº 20.120 “Sobre la Investigación Científica en el Ser Humano, su Genoma y Prohibición de la Clonación”. Dicha iniciativa estuvo a cargo de los senadores Mariano Ruíz-Esquide, Nicolás Díaz, Juan Hamilton, Sergio Páez y el ex parlamentario Andrés Zaldívar.

“Prohibimos absolutamente la clonación humana, porque significa violentar la naturaleza de un ser único e irrepetible como es el hombre y la mujer. Esta legislación lo que incentiva es que el uso de las técnicas científicas sean a favor de las personas, de la felicidad de la gente y evitar el mal uso que puedan hacer de ella ‘los sabios locos’ que siempre aparecen en la humanidad”, dijo el senador Ruiz-Esquide tras la promulgación.

El proyecto también tuvo otros alcances. La ley parte en su artículo I señalando lo siguiente: “Esta ley tiene por finalidad proteger la vida de los seres humanos, desde el momento de la concepción, su integridad física y psíquica, así como su diversidad e identidad genética, en relación con la investigación científica biomédica y sus aplicaciones clínicas”, es decir, el escrito también define que legalmente el ser humano nace desde el momento de su concepción. Dicho punto causó que, en noviembre del 2005, el entonces presidente Ricardo Lagos enviara un veto para modificar este artículo. Sin embargo, casi un año más tarde, el entonces presidente del senado, Eduardo Frei, declaró inadmisible el veto, y todo quedó como al principio.

Al rechazo anterior se suma la fuerte injerencia de instituciones ligadas al mundo católico en centros de investigaciones médicas y universidades, lo que ha limitado potenciales trabajos. Aunque experimentar en clonación de hombres es algo real y no se necesitan grandes laboratorios para efectuarlo: “cualquier centro que estudie biología del desarrollo o que haga reproducción asistida tiene la tecnología” para trabajar en clonación, dice Manuel Santos, genetista de la Universidad Católica.

Lo anterior, se vio expresado cuando en febrero de 2004 la revista Science contó que científicos de la Universidad Nacional de Corea del Sur crearon más de 30 embriones humanos por clonación. Estaba todo a la mano.

En Chile los trabajos de esta naturaleza sólo se efectúan con animales. Un año después que naciera la oveja Dolly, nació el primer ternero clonado en Estados Unidos y en 2001, científicos brasileños lograron la vaca Victoria, el primer ternero clonado en Latinoamérica.

Investigadores de la Universidad Austral de Valdivia consiguieron la clonación de una vaca en  2006. “Estamos rescatando la genética de los animales más puros y así multiplicarlos idénticamente para resguardar esa genética que se está perdiendo”, decía en su oportunidad el doctor en reproducción animal de dicha universidad y director del proyecto Mario Martínez.

Pese a aquello, aún existen voces que reclaman una reapertura del debate sobre la clonación humana en Chile. Si bien el tema está cerrado legalmente, no fue por una discusión amplia de la sociedad, sino más bien por quienes dirigen, como en este caso, la dirección valórica de lo que se debe y no se debe hacer en el país.

por Julio Sánchez

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