Inteligencia Artificial puede distinguir entre material fósil de humanos y perros

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Reconocer una cosa entre varias por alguna característica o señal distinta es una cualidad que requiere, de alguna manera, un poco de razonamiento, y no precisamente es algo exclusivo de los humanos o animales, al menos es lo que la ciencia va demostrando a través de la Inteligencia Artificial (AI).

Y es que estos sistemas tecnológicos que piensan como humanos y reemplazan agunas capacidades animales,  automatizan actividades como la toma de decisiones, la resolución de problemas y el aprendizaje, también pueden identificar, diferenciar y reconocer las heces humanas frente a las de un perro.

Según la arqueóloga molecular Christina Warinner, de la Universidad de Harvard; Maxime Borry, del Instituto Max Planck para la Ciencia de la Historia Humana, y sus colegas, existe una herramienta para distinguir entre el material fósil de heces humanas y de perros que pueden parecerse mucho.

La novedosa herramienta resulta factible y fiable para los antropólogos, que usualmente se topan con restos fósiles y arqueológicos.

Las heces antiguas pueden permanecer por miles de años, incluso conservando su forma y color originales. Y si bien los arqueólogos generalmente pueden diferenciar la excremento humano del animal, en función del tamaño y otros atributos, el estiércol de perro es notablemente difícil de distinguir del tipo humano, algo que puede confundir a los investigadores que intentan reconstruir lo que comían los antiguos.

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Los investigadores entrenaron un programa de aprendizaje automático para distinguir entre los microbios en los excrementos humanos y de perros modernos, y luego hicieron que el programa analizara el ADN recuperado de muestras de heces antiguas de todo el mundo.

Complicaciones del oficio

Una de las complicaciones que pueden presentarse en el trabajo de campo es que el desperdicio humano puede contener ADN de perro si las personas comieron perro, y los excrementos de perro pueden contener ADN humano si los perros comieron excrementos humanos.

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Para solucionar esto, Warinner y sus colegas han desarrollado una herramienta basada en inteligencia artificial que, según afirman, puede distinguir con precisión las «paleofeces» de humanos y perros. Y después de analizar más de una docena de muestras que abarcan miles de años, han llegado a una conclusión sorprendente: el registro arqueológico está lleno de excremento de perro.

Evidentemente,  los investigadores destacan que hay muchas cosas realmente buenas que se pueden hacer con esta tecnología, al punto de considerarlo un «salto adelante», pues si se refina, el método podría ayudar a revelar hitos clave en la domesticación del perro.

Para demostrarlo, Maxime Borry entrenó un programa de aprendizaje automático para distinguir entre los microbios en los excrementos humanos y de perros modernos, y luego hizo que el programa analizara el ADN recuperado de muestras de heces antiguas de todo el mundo.

De 13 muestras de excremento antiguo, el programa pudo identificar cinco de ellos como humanos y dos como caninos. Se determinó que otras tres muestras de prueba probablemente provenían de perros.

Ayuda tecnológica

Ante este desarrollo tecnológico, los críticos sugieren que los datos adicionales recopilados de perros que no consumen una dieta de alimento para mascotas podrían hacer que el análisis del programa sea más preciso.

La arqueozoóloga Melinda Zeder, del Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsonian, afirma que el nuevo método de análisis podría ofrecer información sobre el proceso de domesticación del perro, al rastrear los cambios en el microbioma del perro a medida que comenzaron a vivir con humanos.

Se espera que a partir del nuevo enfoque se ofrezca una idea más precisa de la evolución de la relación humano-perro, una relación que a pesar de no saber exactamente cuándo, dónde y cómo sucedió esto, los expertos datan en más de 15.000 años.

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