«Viajar sin viajar»: Ya es posible escalar el Everest desde casa

En internet están disponibles viajes virtuales para “desconfinar” la mente

Desde que los aviones no levantan el vuelo por las restricciones impuestas por la crisis de coronavirus, se está haciendo cada vez más popular  viajar sin viajar, es decir, desplazarse virtualmente sin moverse de casa.

Con anterioridad,  las líneas aéreas y las agencias de viaje habían utilizado la tecnología de realidad virtual para comercializar mejor algunos destinos entre sus clientes potenciales. En el contexto actual de la pandemia, los viajes virtuales se han convertido en una opción.

Por este motivo, comienzan a proliferar experiencias en 5D que aumentan el realismo de los viajes virtuales. Por ejemplo, existen gafas de realidad virtual que recrean la sensación de estar viajando con un barco y que cuando amanece y sale el sol, se coordinan con una lámpara de calor instalada cerca de la montura que lleva a percibir una sensación cálida en la cara para emular al astro rey e incrementar la sensación de realismo, reseñó el diario La Vanguardia.

En la misma línea, existen cascos de realidad virtual que, cuando saltan cerca de la embarcación, las ballenas rocían el rostro con diminutas partículas de agua para reforzar la verosimilitud.

Google busca exploradores para su Street View Trekker
Gracias al sistema trekker de Google (un mástil que se coloca a la espalda dentro de una mochila y que, gracias a sus quince lentes orientadas en diferentes direcciones, fotografía ubicaciones a las que solo se puede acceder a pie), dos equipos de filmación descendieron por el sendero de Bright Angel. Foto: Web.

Sin embargo, estas tecnologías constituyen la excepción, por lo que si la buena noticia es que, técnicamente, los sistemas de realidad virtual actuales comienzan a estar muy por delante de sus predecesores, la mala noticia, señala The New York Times en un reciente artículo, es que la realidad virtual no es lo que las películas de ciencia ficción nos llevaron a pensar: “una experiencia totalmente inmersiva que transporta a otra dimensión y proporciona todo tipo de superpoderes virtuales”.

Para Joan Miquel Gomis, profesor de Estudios de Economía y Empresa, tecnologías como la realidad virtual o la realidad aumentada han demostrado ser de gran utilidad en campos tan dispares como la educación, la industria, la arquitectura, el diseño o el marketing. Sin embargo, “en el terreno turístico todavía no son lo suficientemente disruptivas como para sustituir al viaje físico”, estima.

¿Cuándo podría suceder esto? “Cuando la realidad virtual sea capaz de reproducir la sensación de pasear por un paraje natural, bañarse en una playa, comer en un restaurante especial, conocer de manera imprevista a personas culturalmente diferentes en su propio entorno, disfrutar de un determinado clima, olor o ambiente… ¿Nunca?”, pregunta este investigador del grupo Nuevas Perspectivas en Turismo y Ocio (Noutur) de la Universidad Oberta de Catalunya.

“El viaje virtual –prosigue Gomis– puede convertirse en una alternativa para paliar casos de masificación turística que exijan limitar el número de visitantes, especialmente en espacios cerrados como museos, monumentos o entornos naturales protegidos”.

Sin embargo, muy bien podría ocurrir lo contrario: que los viajes virtuales terminen incrementando todavía más el deseo de viajar y de experimentar vivencias reales. Pero, hasta que llegue el día en que se pueda volver a viajar, la realidad virtual garantiza a los aspirantes a aventureros la posibilidad de proyectarse en las oscuras y gélidas aguas de la Antártida, de cazar auroras boreales o de descender por los endiablados senderos del Parque Nacional de Zion, en Utah (Estados Unidos), para ir abriendo boca.

A continuación, algunas excursiones virtuales disponibles para mandar al cerebro de vacaciones:

Gracias al sistema trekker de Google (un mástil que se coloca a la espalda dentro de una mochila y que, gracias a sus quince lentes orientadas en diferentes direcciones, fotografía ubicaciones a las que solo se puede acceder a pie), dos equipos de filmación descendieron por el sendero de Bright Angel, acamparon en el Rancho Fantasma y, al día siguiente, ascendieron por el sendero sur de la meseta de Kailab. Por ellos, cualquiera puede zigzaguear por caminos pedregosos y admirar el sobrecogedor espectáculo de capas sedimentarias que caracterizan este gigantesco surco de 446 kilómetros de longitud y 1.600 metros de profundidad horadado por el río Colorado durante millones de años. Otras webs interactivas permiten, incluso, descender por el río.

Paseo por el Museo Dalí

Durante esta visita virtual es posible recorrer algunas salas del museo y ver algunas de las obras y objetos expuestos a través de fotos panorámicas de 360 grados, como la Sala del Tesoro (el camerino del antiguo teatro que Dalí hizo tapizar de terciopelo rojo por concebirlo como un joyero) o el Taxi lluvioso, es decir, el Cadillac que conducía Gala y con el que, durante su estancia en Estados Unidos, habían viajado de costa a costa. Pero también es posible viajar virtualmente hasta cientos de museos de todo el mundo, como el MoMa de Nueva York , el Museo Británico, o el Museo Van Gogh de Ámsterdam.

La NASA ofrece diferentes recorridos de altos vuelos, así como visitas guiadas por astronautas como Suni Williams hasta, por ejemplo, la Estación Espacial Internacional y visualizaciones de 360 grados de alta calidad de las superficies de planetas. Otra posibilidad es probar el Tour of the Moon, un recorrido virtual de alrededor de cinco minutos de duración, por la luna con una resolución 4K.

La cueva más grande del mundo: viaje exclusivo a Hang Son Doong ...
La cueva de Hang Son Doong, el nombre por el que la conocen los lugareños y que significa “cueva del río de montaña”, está considerada la más grande del mundo. Foto: Expansión.

La cueva de Hang Son Doong, el nombre por el que la conocen los lugareños y que significa “cueva del río de montaña”, está considerada la más grande del mundo. Situada en el centro de Vietnam, esta kilométrica cavidad puede presumir de alojar estalagmitas de hasta 80 metros. La novedad es que ahora es posible pasear por este paisaje extraño sin salir de casa. Se cree que la cueva tiene entre dos y 5 millones de años de antigüedad. Algunas de sus salas son tan grandes que podrían alojar a un avión Boeing 747.

Otra posibilidad es darse un garbeo virtual por la cueva de Altamira. Por su parte, el gobierno de Cantabria ha creado un recorrido virtual por 7 cuevas prehistóricas denominado Visitas virtuales a las cuevas para apreciar sus texturas orográficas y conocer sus pinturas.

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