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¿Cómo se evidencia el lenguaje androcéntrico y sexista en las instituciones educativas?

Alfonsina (Buenos Aires, 1935): “A la mujer que piensa se le secan los ovarios. Nace la mujer para producir leche y lágrimas, no ideas; y no para vivir la vida sino para espiarla desde las ventanas a medio cerrar. Mil veces se lo han explicado y Alfonsina Storni nunca lo creyó. Sus versos más difundidos protestan contra el macho enjaulador. Cuando hace años llegó a Buenos Aires desde provincias, Alfonsina traía unos viejos zapatos de tacones torcidos y en el vientre un hijo sin padre legal. En esta ciudad trabajó en lo que hubiera; y rodaba formularios del telégrafo para escribir sus tristezas. Mientras pulía las palabras, verso a verso, noche a noche, cruzaba los dedos y besaba las barajas que anunciaban viajes y herencias y amores. El tiempo ha pasado, casi un cuarto de siglo; y nada le regaló la suerte. Pero peleando a brazo partido Alfonsina ha sido capaz de abrirse paso en el masculino mundo. Su cara de ratona traviesa nunca falta en las fotos que congregan a los escritores argentinos más ilustres… Este año, en el verano, supo que tenía cáncer. Desde entonces escribe poemas que hablan del abrazo de la mar y de la casa que la espera allá en el fondo, en la avenida de las madréporas”. (Galeano. Memorias del fuego. III. El siglo del viento. 1986: 121 – 122).

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En el lenguaje androcéntrico habita una concepción ideológica, cuyas normativas culturales, códigos sociolingüísticos y acciones concretas discriminan, menosprecian e invisibilizan a las mujeres. En el plano simbólico, estos valores y actitudes legitiman la situación de subordinación para el 50% de la población. Y en el plano material, este conjunto de prácticas justifica su eterna condición de inferioridad, dependencia, obediencia y sumisión. Asimismo, el lenguaje sexista desvaloriza y subestima los roles y las funciones femeninas. De manera que sus actividades personales, familiares, sociales, académicas y profesionales son minimizadas u ocultadas cuando se relata la historia y el progreso de los pueblos. Y sus contribuciones administrativo-económicas pasan inadvertidas a la hora de analizar las políticas y los presupuestos nacionales. Por consiguiente, el lenguaje androcéntrico y sexista conforma la vida cotidiana de las personas. Quienes terminan aceptando los designios de su sexo porque se encuentran arraigados en la tradición cultural. O adoptan con naturalidad, normalidad y resignación tales comportamientos discriminatorios, ya que están permitidos socialmente.

En tal sentido, las instituciones educativas utilizan un lenguaje androcéntrico y sexista cuando invisibilizan el protagonismo y la importancia de las mujeres en la construcción histórica, socio-cultural, económica, política e ideológica de una nación. Cuando ocupan sus nombres e imágenes como accesorios u objetos de segundo orden, con el propósito de establecer una relación amorosa o de parentesco con un héroe. Cuando denotan y connotan la debilidad-pasividad femenina con expresiones sociolingüísticas estereotipadas, donde sus significados y sentidos quedan asociados a ciertos ideales o formas arquetípicas de discriminación.

Por lo demás, las instituciones educativas evidencian un lenguaje androcéntrico y sexista cuando relevan: “El origen y los derechos del hombre”; “La evolución y el progreso del hombre”; “El hombre urbano y racional”; “Oficina – Director”; “Sala de Profesores”; “Sala de Padres y Apoderados”; “Patio de los niños”, entre otras. Un “lenguaje genérico” que niega la diferencia de género e invisibiliza la participación de las mujeres en tales labores. Al respecto, la diferencia no describe opuestos ni complementarios. Sino que refiere a la innegable existencia de la diferencia sexual, cuyos significados-significantes verdaderamente representen a mujeres y varones en el plano fonético, morfo-sintáctico, semántico y pragmático. Así la producción lingüística y comunicativa, ya sea oral o escrita, re-afirmarán los productos culturales y ámbitos de acción, tanto de lo femenino como de lo masculino.

Desde esta perspectiva, Unesco (2013: 50) establece “Los prejuicios sexistas que el lenguaje transmite sobre las mujeres son el reflejo del rol atribuido a ellas durante generaciones. Si bien, la sociedad ha experimentado desde principios de siglo, particularmente en las últimas décadas, profundas transformaciones. Los mensajes siguen transmitiendo o reforzando su papel social tradicional, otorgándoles una imagen relacionada con el sexo y no con sus capacidades, habilidades, aptitudes y actitudes… las cuales son intrínsecas a todos los seres humanos”.

Por lo tanto, el lenguaje es una herramienta fundamental a la hora de construir relaciones humanas más democráticas e inclusivas en las instituciones educativas. Donde los/las profesionales de la educación implementen procesos de aprendizaje y prácticas de enseñanza más horizontales, a fin de potenciar los intereses, necesidades y expectativas de todos/as los/las estudiantes. Esta consideración permitiría que las mujeres tengan mayor interés por el área matemática, científica y tecnológica; y los varones se inclinen por las humanidades y sus distintas expresiones literarias y/o artísticas. Igualmente, es importante preparar a los actores educativos para la vida familiar, de modo que aprendan a expresar sus sentimientos, afectos y emociones en condiciones de igualdad. Así como, disponerlos/las positivamente hacia el ejercicio de su ciudadanía, de forma que mañana asuman roles de liderazgo en la política o en el trabajo, con actitudes de responsabilidad, equidad y justicia social.

Por Verónica Alejandra Lizana Muñoz

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Alma desnudaAlfonsina Storni.

Soy un alma desnuda en estos versos,

alma desnuda que angustiada y sola

va dejando sus pétalos dispersos.

Alma que puede ser una amapola,

que puede ser un lirio, una violeta,

un peñasco, una selva y una ola.

Alma que como el viento vaga inquieta

y ruge cuando está sobre los mares

y duerme dulcemente en una grieta.

Alma que adora sobre sus altares

dioses que no se bajan a cegarla;

alma que no conoce valladares.

Alma que fuera fácil dominarla

con sólo un corazón que se partiera

para en su sangre cálida regarla.

Alma que cuando está en la primavera

dice al invierno que demora: vuelve,

caiga tu nieve sobre la pradera.

Alma que cuando nieva se disuelve

en tristezas, clamando por las rosas

con que la primavera nos envuelve.

Alma que a ratos suelta mariposas

a campo abierto, sin fijar distancia,

y les dice: libad sobre las cosas.

Alma que ha de morir de una fragancia,

de un suspiro, de un verso en que se ruega,

sin perder, a poderlo, su elegancia.

Alma que nada sabe y todo niega

y negando lo bueno el bien propicia

porque es negando como más se entrega.

Alma que suele haber como delicia

palpar las almas, despreciar la huella,

y sentir en la mano una caricia.

Alma que siempre disconforme de ella,

como los vientos vaga, corre y gira;

alma que sangra y sin cesar delira

por ser el buque en marcha de la estrella.

***

Texto -de origen externo- incorporado a este medio por (no es el autor):

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