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Siguen repercusiones por profesor acusado de discriminación

Srs: Jaime Portales y alumnos UDEC.
Presente.

He leído en las noticias la carta anónima con que sus alumnos de la UdeC han denunciado maltrato verbal (tratar de prostituta) a una alumna de raza afroamericana. He leído comentarios de ex alumnos suyos defendiéndolo, y de ex alumnas ratificando los comentarios discriminadores. También he escuchado su defensa sobre los hechos, diciendo que sus comentarios tenían una connotación distinta y fueron sacados de contexto.

Entonces, he decido escribirle. Porque esto sucede justo una semana después de que en mi ansia por adoptar una niña, la persona encargada de los trámites me preguntara si estaríamos dispuestos a adoptar una niña negra. Mis ideas sobre esa pregunta, y el tumulto interior que desataron, lo encuentra en este articulo: “El color de mi hija”. No sé si lo leerá, pero quiero contarle, explicarle, intentar hacerle comprender el daño que hace su comentario, que aún en su intención al parecer jocosa, y “educativa”. Sus dichos hacen que, como decía en el artículo antes mencionado, yo, en vez de abrir los brazos a una niña que lo necesita y cuya voz no tendrá color al llamarme mamá, mi familia tenga que pensar en que hará cuando ella sea una mujer de 20, en la universidad, en un país xenófobo y racista como es nuestro querido Chile. Actitudes como la de su comentario hacen que miles de niños negros sean dejados en orfanatos, porque familias como la nuestra no se sienten con las herramientas para enfrentar la discriminación. Como lo dice el libro “Siútico”, en nuestro querido Chile, las mujeres negras son aceptadas sólo para fantasías sexuales. Vaya por dónde, usted ratifica los dichos del libro.

¿Sabía usted que en adopción internacional, adoptar un niño negro puede costar la mitad de lo que cuesta adoptar a un niño rubio? ¿Sabe por qué? Porque las familias adoptantes están asustadas. Asustadas, de que al crecer, los niños se encuentren con la misma discriminación que denuncian sus alumnos. Entonces, nadie los quiere. Su comentario, señor, me ofende como madre, me duele en alma. Si esa alumna atacada (sí, atacada) fuera esa niña que quiero adoptar, si mi hija fuera la mujer que ha llegado estudiar derecho a una buena universidad, y nosotros la familia que se esfuerza por darle un futuro, y me contaran que SU PROFESOR dijo algo así como “Los mineros en el norte, bajan al pueblo y se acuestan con prostitutas negras, voluptuosas, grandes, Colombianas… Así como la señorita (Nombre de la alumna).” Me destrozaría el alma. ¿Sus hijas son planitas, blancas, de ojitos azules? ¿Jamás han sido discriminadas? Me alegro por usted, de verdad. Porque yo tengo un hijo de seis con problemas de lenguaje y solo eso es difícil y doloroso… tener que afrontar cuando otros niños se ríen o le cierran las puertas. (Me corren las lágrimas al hablar de esto.) Sufrir la discriminación de un hijo es mil veces peor que sufrirla en carne propia, porque al menos uno se come la rabia, la pena, la humillación. Pero tener que sufrirlo en un hijo, no se lo doy a nadie.

Su comentario no afecta solo a alumna señor. Afecta a su familia, a quienes escuchan y se quedan sentados y no hacen nada, a quienes leen las noticias. (Así como ahora usted se da cuenta de que todo este lío afecta a SU familia) Se queda en el recuerdo, en el subconsciente. Es el permiso explícito para poder pasar a llevar a mujeres en otros contextos. Son los chistes machistas, los “murió por un ataque de celos” (como si los celos tuvieran patas, cerebro y una pistola cargada) en vez de un “la asesinó su marido” los que perpetúan el racismo, la división y el dolor en nuestra sociedad. Este excelente post de Ximena Jara lo describe mucho mejor que yo ().

Sus comentarios, señor, son el tipo de brutalidad que pasa encubierta, que es aceptada por esta sociedad, por todos nosotros. Hace varios años, alguien de mi familia, en un restaurant, divertía a todo el mundo con chistes ofensivos de homosexuales. Y yo pensé (y lo dije) “que triste sería que una de las personas a nuestro alrededor tenga un hijo homosexual y tenga que estar oyendo esto”. Otra persona dijo entonces “discúlpenla, viene llegando de USA y tiene todas esas ideas raras”… así que la necesitaba ser disculpada era yo…Si, venía llegando de USA, donde una beca me dio la oportunidad de vivir con gente de todos los colores, de todas las razas y todos los credos y orientaciones sexuales. Y la principio nos hicimos un lío por no poder contar chistes ni de judíos, ni polacos, ni rubias, etc, etc, porque siempre alguien se nos ofendía. ¿Pero sabe qué? Encontramos humor propio, humor de estudiantes sin color, de tareas no hechas, de parejas, altos y bajos de tono. Y aprendimos a reírnos de nosotros mismos y a respetarnos. Señor, una profesional educado y de mundo, perdone que se lo diga así, es una profesional que sabe cómo ser cortés con algo más de la cultura en la que le tocó nacer. Demuestre su cultura mostrando respeto.

Usted dice que lo sacaron de contexto, (no que no haya dicho algo ofensivo) Me pregunto. ¿En qué contexto se puede tratar, insinuar o hacer un chiste a costa de llamar a una alumna prostituta? Por favor señor, su comentario me ofende también como profesional de la educación. El humor es una hermosa y poderosa herramienta de enseñanza. Pero disfrazar críticas, racismo o sexismo dentro de un chiste o un eufemismo, no es educación es RACISMO, XENOBOFIA o SEXISMO. Eso es lo que es. No tiene otro nombre, y por favor no ofenda a los profesores que sí usamos el humor para educar, al intentar justificar “el contexto” en que se dijeron estas palabras. Dice usted “que no tiene que salir de la universidad” y que su familia se ve afectada. Por su familia, le pido sinceras disculpas. ¿Pero pensó usted en la familia de su alumna? ¿Y como es eso de que no debe salir de la universidad? ¡Tiene que salir! TIENE que ser noticia, porque ES INACEPTABLE. Para que podamos conversar y aprender y evitar que se vuelva a repetir. Me siento orgullosa de esos alumnos carta anónima o no, que no dejaron pasar esta situación y que defendieron a su manera (quizás no fue la mejor) a su compañera. Ellos me dan esperanza. Esperanza que en unos años, cuando mi hija quizás negra llegue a la universidad, ELLOS sean los profes, y se acuerden del dolor de su amiga, y traten con decencia a mi hija, la dejen brillar por sus esfuerzos, sus trabajo, su estudio. Espero de verdad que para ese entonces, todos en nuestro país hayamos aprendido a respetarnos y querernos como somos. Es todo lo que una madre espera.

Atte.
Sofía Victoria Calderón Miller
Comunicadora audiovisual
www.victoriamiller.cl

Lea también:

Carta de estudiantes

En defensa del profesor

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