A dos meses del Plebiscito: Más allá del bien y el mal

Siendo un 25 de agosto (mientras escribo, al menos) estamos en Chile, a dos meses del plebiscito
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Siendo un 25 de agosto (mientras escribo, al menos) estamos en Chile, a dos meses del plebiscito. Me atrevo a decir que siendo esto un resultado de la presión social gatillada especialmente con el llamado “Estallido Social”, no estamos hablando sólo de un cambio constitucional. Eso sería una mirada muy acotada respecto al verdadero impacto que tiene el primer referéndum desde el término de la dictadura cívico-militar.

Cuando se habla de #Apruebo, no hablamos solamente de estar a favor de modificar nuestra carta magna en términos legales, sino que se alude principalmente a un cambio de época, de paradigma y de modelo que rige a una sociedad.

Para que la dignidad se haga costumbre, no basta con promover la consigna o con que cada persona cambie su modo de actuar, es necesario que se generen las condiciones jurídicas para posibilitar aquello en su multidimensionalidad. Tanto en los temas de educación, salud, género, previsión, artes, humanidades, ciencia, tecnología, trabajo, culturas, territorio y gobernanza, por nombrar sólo algunas de dichas dimensiones.

Como señalaba Guillermo Blanco (quien murió un 25 de agosto) en su libro junto a Carlos Ruiz Tagle, La revolución en Chile, “Vengo por la revolución que va a producirse […] Las revoluciones las hacemos en las urnas […] Para captar en profundidad una revolución, me parece fundamental conocer costumbres de siglos y siglos.” Lograr cambiar la constitución no es algo simbólico, es abrir la puerta a cambiar prácticas enquistadas en un Estado que, por el contrario, debiese estar más allá del bien y el mal (ya me referiré a esto último). Incluso, Blanco diría en un artículo publicado en el año 1969 y titulado La otra constitución, que “la reforma constitucional es necesaria, pero no basta. Hay que reformar, simultáneamente u ojalá antes, la otra constitución que nos rige: la negativa constitución mental de los chilenos.” Quiero creer que alude a unos pocos y no a todos ni todas.

Trato de decir que lo que estará en juego el 25 de octubre no es como encontrar el billete dorado de Willy Wonka (en la versión de Charlie y la fábrica de chocolates adaptada por Tim Burton, quien nació un 25 de agosto), ni tampoco se trata de que el pueblo dejará de ser domesticado, instantáneamente, como si fuésemos aquellos Oompa Loompa. Lo que digo, es que el proceso constituyente es previo, durante y posterior al plebiscito. A modo de ejemplo, recordemos que en Paraguay un 25 de agosto de 1967 se promulgó la Constitución Nacional que reconoció al guaraní como lengua nacional, pero no fue sino hasta 1992 cuando se reconociera como lengua oficial a enseñar en instituciones educativas para todos y todas.

Con el #Apruebo sólo se logrará iniciar un largo proceso de cambio jurídico, económico y social, en pro de un Estado plurinacional, inclusivo y con enfoque de derechos. Y es de esperar, que aquello se genere más allá del bien y el mal (obra escrita por Friedrich Nietzsche, quien falleciera hace 120 años, un 25 de agosto también).

Dice el filósofo alemán en aquel libro, “El período de la política chica ha culminado y la centuria que sigue trae aparejada la pugna por el señorío del territorio, la compulsión a concretar una gran política.” Describe una sociedad de amos y siervos, deconstruye la subjetividad y orienta la búsqueda del sujeto objetivo, aquel que “se ubica por lo habitual excesivamente lejos como para que exista una causa para tomar partido entre el bien y el mal.”

Por años hemos sabido que la Constitución vigente carece de objetividad y no está, por ende, más allá de lo bueno y lo malo. Es un documento jurídico que favorece el crecimiento económico en condiciones de desigualdad y favorece, también, la discriminación y la lucha de clases. Por ello es por lo que se utilizan tanto los bonos, porque en palabras de Nietzsche, “cuando todos resultamos iguales, ya ninguno necesita derechos.” Por mientras, bien vale seguir propiciando la igualdad y equidad desde las raíces de la carta magna.

Juan Alejandro Henríquez Peñailillo

Profesor de Filosofía

Autor fundador de www.filopoiesis.cl


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