Ahora comienza la etapa más dura

Bueno, ¿Ni siquiera lo sospechaban? ¿Qué es el Estado? ¿Qué entienden por Estado? ¿Qué significó el golpe de Estado? ¿La Doctrina del Schok? ¿Ser la cuna del neoliberalismo? ¿Qué rol jugó la Concertación en la ‘privatización’ de Codelco, las sanitarias, en la mantención del 701 para las forestales? ¿Que monos pinta en esto un Julio […]

Por Wari

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Columnas

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Bueno, ¿Ni siquiera lo sospechaban? ¿Qué es el Estado? ¿Qué entienden por Estado? ¿Qué significó el golpe de Estado? ¿La Doctrina del Schok? ¿Ser la cuna del neoliberalismo? ¿Qué rol jugó la Concertación en la ‘privatización’ de Codelco, las sanitarias, en la mantención del 701 para las forestales? ¿Que monos pinta en esto un Julio Ponce Leroux, financiando a casi todos los políticos/as? El Estado es un espacio en disputa, pero esencialmente es un instrumento de opresión. Sus respuestas, para emergencias y catástrofes, reflejan quiénes lo controlan y cuál es su carácter: Los pobres no tendrán ventiladores mecánicos; si tienes un excelente plan de Isapre, hasta la Fach estará a tu servicio para salvarte la vida: El Estado es un instrumento del poder económico y su actual gerente es Sebastián Piñera. Todo el período surgido desde el 18 de octubre hasta el 9 de marzo, debe ser considerado sólo como un apronte, una ejercitación previa, que desde ahora deberá aumentar en complejidad. Porque Piñera reconquistó, en representación de la élite a la que pertenece; agazapado entre la cuarentena y protegido por el miedo a la pandemia, la Plaza de la Dignidad. Y no lo hace sólo por su narcisimo. No, es la señal poderosa que demuestra la decisión de retrotraerlo todo hasta el 17 de octubre y reposicionarse tomando el control de la agenda política, cultural e ideológica. El mensaje que envía Piñera es a la derecha, la que juega a la demócrata, y a la del neofascismo kastiano y sus librepuntapeuquistas, y reza «Hemos recuperado el control, todo volverá a estar bien». Encubierto por una oposición adláter, genuflexa (incluido el mudo FA, o lo que queda de el). Pero retumba en la memoria emotiva, en el conflicto histórico que estaba en proceso de ser resuelto, gracias a estudiantes adolescentes saltando el torniquete; tomando la posta del mundo juvenil y popular. El Estado tiene en su base de sustentación una arquitectura, cuya base es la fuerza militar, policial y gendármica. Continúa con su justicia y sigue con sus estructuras políticas. Pero su destino, su razón de ser son los grandes empresarios, es la Sofofa, la SNA, la CPC. Que ahora con su limosna de diez millones de dólares (80 mil millones de pesos) utiliza toda la prensa disponible (casi toda propia, de ellos, por ellos y para ellos) para lavar su imagen, demostrarnos de manera práctica lo útil que resultaron las clases de ética y decirnos que son ellos, los de la plata, los de las lucas, lo solidarios, los salvadores. Y así se suman a su líder multimillonario los explotadores, armando su kukuxklan de patriotas. Este Estado, como todo Estado, este instrumento en disputa, sigue en manos de los de siempre, pero apoyados por los adláteres y genuflexos, los que convirtieron en detenida desaparecida a «La Alegria ya Viene», los y las que desactivaron el poder popular, que quisieron, pero no pudieron, hacernos olvidar cómo armar ollas comunes, hacer huertas populares, levantar barricadas, reorganizar el mundo de las y los oprimidos con la telepatía de la utopía. Ahora comienza la etapa más dura, porque sólo nuestras prácticas definirán si podemos purgar en cuarentena y eliminar el virus de fondo, el real: Este ADN capitalista que nos han inoculado esta mafia de explotadores chupasangre.

Por Antonio Fernández Rivas