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Asamblea Constituyente: Una nueva esperanza para las regiones

Chile es un país enfermo, que desde su interior clama enérgicamente por recuperar su bienestar. Y han sido principalmente los movimientos sociales los vehículos de esas voces interiores, voces que demandan igualdad, justicia y libertad. Ello, principalmente en banderas levantadas por los estudiantes y desde las reivindicaciones de las regiones.

Muchos –sino todos- los males que han enfermado a Chile, son causa de la Constitución vigente, entendiendo que ella establece las bases de una sociedad de mercado desregulada. Desde la génesis de la Constitución del 80’, los gobiernos que la han sucedido se han abocado a crear mercados, incluso en las áreas donde no correspondía, como la educación y la salud. Por ello, en la sociedad chilena la economía prima por sobre todo lo demás.

Lo anterior explica cómo un país que ostenta grandes cifras de desarrollo económico, es a su vez uno de los más desiguales de la región. Unos pocos concentran mucho y el resto ha quedado relegado. Aquello ha generado tal descontento, tal indignación, que la ciudadanía ya no sólo protesta, sino también propone y exige un cambio de reglas, el que pasa por una nueva Constitución. Pero incluso más, la exigencia dice relación con ser parte de la construcción de la misma y el mecanismo tiene nombre y apellido: Asamblea Constituyente.

La Asamblea Constituyente representa una gran posibilidad para las regiones, puesto que sería una instancia donde estén realmente representados los intereses de los territorios, toda vez que suelen estructurarse con delegados que representen a los habitantes de un territorio determinado, pudiendo así, establecerse en nuestro caso con delegados comunales o provinciales.

A diferencia de los parlamentarios -que una vez electos no guardan ninguna obligación con cumplir con lo prometido-, los delegados de una Asamblea Constituyente tendrían la responsabilidad de presentar y defender las demandas de las comunas o provincias que representen, si así queda establecido en el proceso de su conformación, y si no cumpliese con la tarea encomendada, su mandato debiese ser revocado.

Asimismo, hay otra garantía que ofrece la Asamblea Constituyente, la que dice relación con que no es un instrumento de los partidos políticos ni de ningún poder del Estado, sino que convoca la participación de la ciudadanía, algo inédito entendiendo la lógica imperante con el sistema binominal, que no ofrece una representatividad real y ha motivado la duopolización del poder y de las decisiones políticas en el país.

Pero las ventajas más importantes que podría generar un proceso constituyente para las regiones, va más allá de su estructura y se centra en la elaboración de la nueva Constitución.

Hay que decir que en Chile el proceso de regionalización ha fracasado. La mejor muestra de ello está en el instrumento al cual se ha apelado para el desarrollo de las regiones: El Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR).

Más allá del sentido del FNDR, la manera de su distribución sigue de alguna manera definiéndose desde el centro, pero además terminó igualmente privilegiándose a la capital, puesto que en los últimos años, dicho fondo ha aumentado sólo un 44% en regiones, mientras que en la Región Metropolitana la cifra es de casi cuatro veces más, alcanzando un 160%.

El problema está en que no ha existido una disposición real por fortalecer las regiones y las políticas implementadas al respecto han sido, sobre todo, reaccionarias ante los alegatos de determinados territorios. Imposible pasar por alto en este contexto el proyecto “Fondenor y Comunas Mineras” del gobierno de Sebastián Piñera, que surgió tras las movilizaciones que animamos en Calama, pidiendo que en nuestra zona quedara un porcentaje de la riqueza que generamos en nuestros suelos. Dicha iniciativa terminó siendo irrisoria, en la medida que asignaba recursos del tesoro público a más de 30 comunas en un plazo de 25 años. A los calameños nos tocaría algo así como mil millones de pesos al año, que alcanzaría para la construcción de dos multicanchas, ¿Desarrollo?

Pero no sólo eso, el confeccionar una nueva Carta Magna a través de una Asamblea Constituyente, abre la posibilidad de que nuestros delegados instalen en esta instancia, la necesidad de generar un nuevo modelo organizativo del gobierno territorial, que permita fortalecer las regiones.

De esta manera se podría lograr que el Gobierno y la administración superior de las regiones descansen en un Consejo Regional elegido directamente por quienes habitamos en los territorios, a través de un sistema proporcional con el que demos por superado el ya agotado sistema binominal.

Esto es lo que llamamos un sistema de federalismo atenuado, con carácter normativo, resolutivo y fiscalizador dentro de las competencias debidamente establecidas para los gobiernos regionales. Así, podríamos tener incidencia en las definiciones relacionadas con la explotación de los recursos naturales y reclamar nuestro derecho a percibir cierto porcentaje de la riqueza que éstos generan.

Aún más, la nueva Constitución debería considerar la participación ciudadana en la resolución de problemas no sólo de carácter nacional, sino también regional y local, por medio de consultas ciudadanas, referéndums revocatorios y consultivos e Iniciativas Populares de Ley.

Y un elemento igual de valioso, que está directamente vinculado a la preservación de nuestra cultura e identidad, es la pretensión de que en este nuevo núcleo constitutivo se establezca que Chile es un país multicultural y multilingüístico, lo que permitirá reconocer los derechos de nuestros pueblos originarios.

Estos son sólo algunas de las ventajas que implica el concretar la Asamblea Constituyente para quienes construimos socialmente Chile desde los extremos. Una gran oportunidad para sentirnos tan chilenos como nuestros compatriotas de la zona central.

En definitiva, estamos frente a la posibilidad de obtener un infalible antídoto que detenga aquellos males que padecemos en este deprimido cuerpo territorial.

Por Miguel Ballesteros

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