Coordinémonos y aprobemos

Chile lleva más de 130 días de movilizaciones, sin embargo sigue sin haber reforma alguna que modifique el modelo o algún acto del Gobierno tendiente a la reconciliación. Incluso, a pesar de su deslegitimación, la clase política sigue atribuyéndose la conducción de la sociedad. Así, más por presión que por voluntad, el 15 de noviembre de 2019 se alcanzó un acuerdo político que abrió la posibilidad de cambiar la constitución actual que permitió un crecimiento económico sin una mejora proporcional de condiciones sociales, concentrando la riqueza en unos pocos y dividió el país en clases según capacidad económica.

Independiente de la legitimidad de su génesis, el acuerdo se tradujo en el Plebiscito Nacional 2020 del 26 de abril. Ese día se votará la aprobación o rechazo a cambiar la constitución y el mecanismo de cambio: Convención Constitucional (100% de representantes electos para ello) o Convención Mixta (50% parlamentarios, 50% representantes), cuyos miembros se escogerán el 25 de octubre. Desde el 26 de febrero comienzan las campañas y entre el 27 de marzo y el 23 de abril será la campaña televisiva.

No obstante, de un tiempo a esta parte ambos sectores han promovido sus posturas, aglutinándose la derecha y el empresariado, con su capital y poder político-económico, en el rechazo al cambio, y parte de la centroderecha hasta la izquierda progresista se han reunido por el Apruebo, algunos por la Convención Constitucional, otros por la mixta. En este espacio se incluyen también los deslegitimados partidos de la Concertación, quienes desaprovecharon su oportunidad para hacer los cambios que se demandan.

Seamos honestos, el anhelo era la Asamblea Constituyente, pero en una victoria semántica del oficialismo instauraron el concepto de Convención Constitucional junto a varias restricciones para la participación social. Sin embargo, lo acordado es lo más tangible que tenemos y allí deben estar concentrados nuestros esfuerzos, empujando en conjunto la campaña del Apruebo y la Convención Constitucional. Estamos frente a la oportunidad histórica de que la gente pueda redactar la nueva constitución.

Ahora, las últimas encuestas muestran un gran apoyo al Apruebo, mientras que el rechazo se ubica lejos, pero aumentando. En cuanto al mecanismo preferido, se opta por la Convención Constitucional, por márgenes más estrechos, sobre la Convención Mixta. Independiente de su legitimidad, las encuestas muestran que el rechazo ha crecido, por lo tanto debemos ser cautelosos y señalar que esto viene mediado por una serie de aspectos que es preciso mencionar, y que incluyen una senda tergiversación de la realidad. Si bien el rechazo al cambio se basa en varios argumentos, ahondaremos en tres.

Primero, el miedo a la “hoja en blanco”. Esto consiste en que la Constitución será totalmente nueva, cuyos artículos deberán ser aprobados por dos tercios del total de representantes, lo cual evita que posturas extremas se filtren en el documento. Sin embargo, desde el rechazo se ha construido un relato que ello destruirá la base social del país, y por lo tanto la república corre peligro, siendo deber patrio salvar la nación de un enemigo poderoso-imaginario.

Segundo, producto de su autoritarismo y conservadurismo, la imposición de una normalidad mediada por el mercado y el freno al cambio ha sido costumbre de una élite que ve en la plebe una masa incapaz de tener voluntad, ya que le aterra ceder sus privilegios. Por ello, traspasan el miedo a la gente, construyendo una irrealidad de violencia e inestabilidad para dividir la población poniéndola contra sí, orquestando montajes y reprimiendo a quienes protesten.

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Y tercero, el miedo económico. El documento actual ha permitido grandes réditos económicos, la libertad empresarial sobre la social, y una estabilidad para el empresariado, nacional e internacional, con el cual puedan obtener sendos dividendos. Aquí, la presión se ejerce mediante la amenaza de quiebra, decrecimiento y recesión, ya que la nueva constitución implicaría un retroceso producto de la migración de la inversión, junto a una supuesta expropiación, entre otras.

Si bien todo lo anterior es falso, no debemos sentarnos a esperar que la mentira se devele por sí misma. Existen estándares internacionales y Chile cuenta con una sólida institucionalidad, junto a una población que vive una transformación importante. No obstante, la desinformación es un arma poderosa de manipulación al servicio de ciertos actores. Recordemos que tanto el Brexit como el Acuerdo de Paz en Colombia estuvieron mediados por ella, donde en el primer caso empujaron la salida del Reino Unido de la Unión Europea; y en el segundo, a pesar que las encuestas declaraban la victoria del Sí, impusieron el No por estrecho margen.

La campaña del No al Acuerdo de Paz se centró en la indignación, se apoyó en encuestas y manipuló a la población. Entre las estrategias utilizadas se tergiversó lo firmado, instalaron la frase “Decimos ‘Sí’ a la paz votando ‘No’ al plebiscito”. También, que de aprobarse el Acuerdo se entregaría el país a la guerrilla o a Venezuela, que habría expropiaciones o se establecería un régimen comunista, entre otras. Lo anterior ha sido reconocido por la academia, el Estado, y por Juan Carlos Vélez, coordinador de dicha campaña.

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Si bien el caso chileno es diferente, estratégicamente en el rechazo existen similitudes. Uno de los errores cometidos por la campaña del Sí colombiano fue su pasiva reacción, sentándose en el optimismo y su mensaje de cambio. Claramente no fue suficiente, por lo cual debemos comenzar una campaña activa, propositiva, abarcando diversos frentes, incluyendo desmentir. Debemos promover argumentos por el Apruebo, informarnos e informar, articulando esfuerzos y convocar para consolidar el cambio social.

Ahora, que gane el Apruebo en el plebiscito, no implica por sí mismo el cambio y las mejoras que requiere Chile. Además, deben acompañar reformas de aquellos aspectos por fuera de la constitución que median la desigualdad y el descontento. Esto último es algo que busca capitalizar el rechazo, pero son ellos quienes construyeron el escenario actual y por tanto su ofrecimiento de reformas “para avanzar más rápido” sigue siendo una mentira, sobre todo porque se construye sobre la constitución que se debe cambiar para consolidar un nuevo país.

Tenemos un largo camino por delante y no debemos caer en las provocaciones de la campaña del rechazo; enfoquémonos en que somos un nuevo Chile, más fraterno, sororo y empático, que puede superar este modelo económico-depredador. Por esto y por muchas razones más, coordinémonos para trabajar, aunemos esfuerzos en dialogar, construir y a convocar a las urnas para votar: Apruebo, Convención Constitucional.

Por Simón Rubiños Cea

Ingeniero Constructor, Universidad de Valparaíso. Magíster en Políticas Públicas, Universidad Nacional de Colombia. Coordinador del Grupo de Investigación en Desarrollo Territorial, Paz y Posconflicto (GIDETPP-Unal) e investigador del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag). [email protected]; [email protected]

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