Covid-19: La pandemia y la trampa de la desigualdad

En días de pandemia y cuarentena parciales en Chile, y otras más estrictas en países lejanos y cercanos, volvemos a chocar con los niveles de desigualdad donde algunos evaden restricciones de salud con sus helicópteros, mientras faltan mascarillas, personal e insumos en hospitales y consultorios

En días de pandemia y cuarentena parciales en Chile, y otras más estrictas en países lejanos y cercanos, volvemos a chocar con los niveles de desigualdad donde algunos evaden restricciones de salud con sus helicópteros, mientras faltan mascarillas, personal e insumos en hospitales y consultorios. 

La irresponsabilidad individual y social es real y tiene muchos rostros y matices, desde los que simplemente no creen, los que pueden aceptar una cuarentena y visitan sus segundas casas volando, hasta quienes trabajan sin contratos, al día, sin seguridades sociales, empujados por necesidad a la calle, etc.

También se puede apuntar a una extendida desmemoria histórica sanitaria, resultante de los avances de la medicina, ergo, los progresos sanitarios han significado el olvido de pandemias pasadas y sus consecuencias, una verdadera paradoja del progreso y avances en bienestar. 

Los contagios resultantes de irresponsabilidad individual o grupal no deben permitir que olvidemos el deber del gobierno en asegurar y proteger la salud de la población y la vida sobre la economía. Aplicar una estricta cuarentena no es fácil, hay que reconocerlo, y en un país marcado por una desigualdad escandalosa mucho más, miles de familias viven hacinadas, y más aún cuando sus economías dependen de lo que se “gana” al día.

La desigualdad se ha revelado como una trampa, un obstáculo para una política de cuarentenas más amplias. Parafraseando al Nobel de Economía (2015), Agnus Deaton, los ricos pueden usar su riqueza para influir en los políticos en las restricciones de las seguridades y servicios sociales. En ese camino ha estado Chile y la pandemia revela la necesidad de nuevas perspectivas.

El crecimiento de la desigualdad (o estancamiento de su disminución) desde las últimas décadas en países como Inglaterra, Estados Unidos, Italia, etc., es un factor que suena como advertencia en Chile y otros países donde la riqueza se ha concentrado al ritmo del discursillo fanático de privatización y defensa de la desregulación de mercado, dejando a muchas personas fuera de los “beneficios” del modelo. Y este es un número de población que ronda los 4.000.000 de personas en pobreza multidimensional según estudios del Hogar de Cristo.

El exitismo económico que se venía escuchando hace años, se derrumba, no da respuestas adecuadas. El crecimiento de la economía es enfrentado con la pregunta «crecimiento económico ¿para qué?». La tragedia que experimentamos, más las pérdidas en los ahorros de pensiones, la falta de insumos hospitalarios, entre otras, nos orienta en la respuesta: la economía y su crecimiento debe estar efectivamente orientada al bienestar y la vida de su población. Se hace necesaria una real transformación en la redistribución económica. 

En Chile, y en otros varios países, tendremos que ser creativos en la construcción de un tipo de sociedad donde a la hora de fijar una cuarentena no se levante el problema del trabajo al día, de los bajos sueldos, del hacinamiento en poblaciones alejadas de centros médicos, donde la pobreza y la desigualdad dejen de ser trampas a las emergencias sanitarias. ¿Y los virus? Seguro seguirán como palizas que nos dará la naturaleza, hasta que el ingenio nos de vacunas y tratamientos, pero la pobreza es una creación humana que nos corresponde activamente resolver, con la misma energía que los laboratorios buscan vencer  la enfermedad. 

Claudio Llanos R.
Profesor del Instituto de Historia
Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

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