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¿Criar para producir o producir para criar?

El discurso del presidente Sebastián Piñera, este 21 de mayo, estuvo marcado por algunos anuncios por decir lo menos, polémicos, como el del bono por tercer hijo. Terminado este discurso, las respuestas desde todos los sectores no tardaron en aparecer. La oposición lo criticó, diciendo que era una medida sin impacto real porque se daba de forma aislada y el Gobierno se defendió diciendo que esta iniciativa estaba enmarcada en una política pública más amplia. Pero de uno u otro lado, al parecer, estaban de acuerdo en que era necesario generar políticas públicas que apuntaran a promover la natalidad. Pero ¿por qué se necesita que nazcan más niños?

Las cifras son elocuentes, la población está envejeciendo -bien lo saben las AFP (esperemos)- y esto, junto a una marcada disminución en las tasas de natalidad, enfrenta al país ante un problema futuro a resolver: Muchos jubilados, y una evidente disminución de la población que representará a los trabajadores del mañana. Acá hemos tocado el punto clave, el país necesita que nazcan más niños porque necesita más “masa productiva” que permita sostener este sistema económico, lo que significa lograr mantener un equilibrio entre los grupos etarios productivos y los no productivos. Así lograremos tener un buen “flujo de caja”.

Lo que cabe preguntarse es: una política que responde a esta necesidad ¿es ética si pensamos que el mismo Estado no tiene resueltos temas fundamentales de infancia? Ni en áreas de educación, ni en protección integral de derechos, ni en salud, ni en bienestar. Este sistema que “se necesita mantener” tampoco apoya la crianza. Basta conversar con madres y padres de este país, agobiados con sus ritmos de vida, añorando poder dedicarles más tiempo a sus hijos, y tensionados por las demandas del ritmo de la vida actual.

Qué hay detrás de tantos niños que pasan largas horas obnubilados por las pantallas? Hay padres que no pueden estar ahí. O padres que están ahí, pero necesitan niños quietos porque están muy cansados, y para esto sí que las pantallas hacen una labor de lujo. De qué se quejan los profesores en los colegios? De la ausencia de los padres. De qué se quejan los padres? Del tiempo que les hace falta para poder disfrutar con sus hijos. De qué se quejan los niños en las consultas de los psicólogos? De que echan de menos a sus padres! Estamos dejando a los niños SOLOS. Este sistema les quita sus padres a los niños.

¿Es justo que, en el descrito contexto, se promueva aumentar las tasas de natalidad por un criterio económico, cuando no tenemos las condiciones para que esos niños sean bien criados, amados, cobijados y cuidados como se merecen? Porque para que un ser humano comience a producir, se debe esperar 25 años. Ese niño debe crecer, considerando además que durante los primeros años será un gasto que atenta contra la productividad de sus padres; sin embargo, este problema se está resolviendo, mediante la masificación de instituciones cuya labor es “cuidarlos” para que los padres puedan trabajar.

Pero, no seamos ingenuos, las salas cunas no se crearon porque el niño lo necesita. De hecho lo que menos necesita un niño menor de dos años es una sala cuna, y en esto la neurociencia y la psicología infantil son enfáticas, el niño a esa edad sólo necesita estar con sus padres y/o cuidadores significativos. Estar tranquilo en casa, jugando.

La salas cunas responden a una necesidad de liberar al adulto de la crianza para que éstos puedan responder a los estándares de producción requeridos por la sociedad más que a satisfacer el bienestar superior del niño.

Criar para producir, diría el Estado, preocupado por las estadísticas. Producir para criar, dirían los padres agobiados por los gastos. A mi juicio, ninguna de los dos nos lleva a la sociedad que queremos. Y qué tal si dijéramos: Criar para amar, criar para disfrutar, criar para crecer, criar para trascender. ¿Sería muy raro?

Antes de entregar bonos por natalidad, debiéramos preocuparnos de temas trascendentes de infancia no resueltos. Y comparto plenamente que es necesario apoyar la maternidad, porque las madres y los niños tienen este derecho. Una sociedad se debe hacer cargo de ello y la crianza necesita tiempo y espacio. Se necesitan acortar las jornadas laborales, flexibilizar los horarios, respetar los tiempos de la familia, promover el tiempo de ocio, que los padres puedan estar más en casa y menos en las oficinas, para así darles a sus hijos el amor y el respeto que se merecen, porque, señores políticos, los niños no son cheques a fecha, son personas que necesitan calidad de vida AHORA, y sus padres también. Esto hace una sociedad más sana y justa, que cuida a sus ciudadanos. Lo otro es simplemente una sociedad que instrumentaliza al ser humano en favor de su interés principal: El Capital.

Por Mariana Assis Garibaldi

Psicóloga

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