Cuando digo patria…

“Cuando alguien… amonesta a la patria, lo hace porque conoce la posibilidad de su grandeza…” (Antes del fin… Sabato, 1998: 99)

Cuando digo Patria…
una lluvia ácida derriba mi memoria, derrumba la fuerza de mis imágenes.

Recuerdo el acto inaugural del golpe militar…
Los bombardeos al Palacio de Gobierno, la muerte del Presidente de la República, la detención por sospecha a “los/las traidores/as de la Patria…” El toque de queda, el estado de sitio, la censura generalizada, la permanente reclusión nocturna…

Sin asco ni remordimiento asesinaron a más de 3.000 personas. Las murallas de los centros de detención guardan los nombres de los/las opositores/as muertos/as, sus rostros clandestinos y subterraneos están manchados con la sangre de los/las torturados/as, relegados/as, exonerados/as, desaparecidos/as, exiliados/as, violados/as, quemados/as…

A veces despierto con sus gritos y sombras desquiciantes… con sus rostros desfigurados en busca de palabras y símbolos subversivos.

En sesenta minutos de noticias…
Recorro el impertérrito rostro de Augusto Pinochet, observo sus anteojos polarizados, medallas y condecoraciones militares… Entre los comerciales aparecía el bufón de palacio, los molinos de viento sacudían su paranoia anti-comunista, anti-izquierdista, anti-todo ensayo de oposición… Durante 17 años de nuestras vidas, nos amedrentaron con sus avances de prensa… la persecución, los atentados, el exilio, la delación entre vecinos/as, amigos/as y enemigos/as… el circo y la difamación conformaban el entretenimiento público.

La Junta Militar cerraba fila, su política de exterminio y silenciamiento estaba asegurada constitucionalmente… Los cimientos del retroceso quedaron estampados en nuestra Carta Fundamental, en los aspectos orgánicos, sustantivos y procedimentales de la Ley Antiterrorista y Seguridad Interior del Estado… Mientras, la Central Nacional de Información operaba en completa impunidad, las tanquetas y fusiles resguardaban las decisiones unilaterales, autoritarias e ilegales de “los/las que nunca quedan mal con nadie…”

Comienza el espectáculo del descaro.
Entre cómplices aniquilaron el Estado Docente.
Entre oportunistas se repartieron las empresas estatales.
Entre especuladores lapidaron los servicios y bienes nacionales.
Entre encubridores siguen huyendo de la justicia.
Paradójica realidad nacional… si pensamos en los/las jóvenes que actualmente son encarcelados/as por delitos bastante menores…

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Cuando digo Patria…
Rememoro mis cuarteles de invierno. Mi niñez y sus largas noches sin salida, mis febriles pesadillas de adolescente, mis desbordes y desorientaciones existenciales… No había escapatoria, los cerdos siempre estaban en cadena nacional.

Cuando digo Patria…
Los cadáveres camuflados en los uniformes militares, me hablan: “En sus botas ajustadas se esconde el paradero de hombres y mujeres, seres humanos asesinados/as por la espalda, sus cuerpos lanzados en fosas clandestinas o submarinas evidencian múltiples quebraduras, hematomas, heridas y vejaciones… sus ojos, pies y manos siguen amordazados…”  Cada septiembre elevo una plegaria, visito sus sepulcros vacíos con una flor de esperanza… enciendo velas blancas, inciensos de sándalo por nuestra memoria histórica.

Cuando digo Patria…
Recuerdo el asfixiante silencio cómplice y cobarde… el terrorismo organizado paralizaba a nuestros padres, madres, familiares, asediaba nuestros proyectos y  expectativas de futuro.

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En la célula política, en las marchas del hambre, en la dirigencia estudiantil, en los encuentros cercanos “del tercer tipo con los servicios de inteligencia, orden y seguridad” me hice mujer… Una ciudadana con derechos y deberes constitucionales, con una responsabilidad política ante las incertidumbres del devenir, con ideales para defender la vida, el cuerpo y sus deseos…

Cuando digo Patria…
Recuerdo a Víctor Jara en el Estadio Chile, imagino su humanidad detenida, torturada y acribillada con 44 disparos… no conformes con lo realizado, los/las entretenedores/as de la muerte arrojaron su cuerpo en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano y en la morgue lo bautizaron con las siglas NN… Pienso en la grandeza de su esposa, en el coraje que se necesita para identificar al hombre amado, y luego en el anonimato enterrarlo en el Cementerio General…

Queridos/as amigos/as:
Augusto José Ramón Pinochet Ugarte no está muerto ni derrotado.
Su auto – designación como Comandante en Jefe del Ejército de Chile,
Su auto – nombramiento como Presidente de la Junta Militar de Gobierno,
Su auto – embestidura como Jefe Supremo de la condición humana…
Aún habita entre nosotros/as.

Por Verónica Lizana Muñoz

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