Por Marko Milic
Durante años, ALTA Banka fue mucho más que una entidad financiera en Serbia. Bajo el control del empresario Davor Macura, el banco experimentó una expansión extraordinaria, construyó relaciones comerciales con importantes empresas estatales y amplió sus intereses hacia sectores como los bienes raíces, el comercio minorista y los servicios de pago.
El crecimiento de ALTA coincidió con los años de dominio político del Partido Progresista Serbio (SNS), liderado por Aleksandar Vučić. Macura fue señalado reiteradamente por medios de comunicación y representantes de la oposición como un empresario cercano al entorno del poder.
Entre sus relaciones comerciales destacaba la vinculada a EPS, la empresa eléctrica estatal serbia, para el procesamiento de pagos de facturas de electricidad. También surgieron controversias relacionadas con operaciones inmobiliarias, especialmente en los terrenos de la antigua fábrica de tractores IMT, en Belgrado.
Pero el episodio más llamativo llegó en octubre de 2026.
El 25 de octubre, el partido de Vučić perdió las elecciones parlamentarias, poniendo fin a aproximadamente 14 años de predominio político. Apenas seis días después, el 31 de octubre, el Banco Nacional de Serbia revocó la licencia bancaria de ALTA Banka, argumentando un grave deterioro de su situación financiera y problemas de liquidez.
La coincidencia resulta difícil de ignorar.
En los días previos al cierre también aparecieron informaciones sobre importantes transferencias de dinero al extranjero, incluidas operaciones relacionadas con Rusia y Macedonia del Norte. Estas operaciones despertaron sospechas y motivaron solicitudes de información por parte de las autoridades investigadoras.
El caso plantea una pregunta incómoda: ¿cómo puede un banco crecer durante años bajo un entorno político favorable y encontrarse repentinamente en una situación insostenible cuando ese entorno desaparece?
El caso de ALTA Banka representa, por tanto, algo más que la caída de una entidad financiera. Es un ejemplo de los riesgos que aparecen cuando los límites entre los intereses empresariales y el poder político se vuelven demasiado estrechos.
Una posible explicación es que determinados negocios, aunque formalmente privados, dependan en gran medida de relaciones institucionales, contratos públicos, acceso a financiación y protección política. Cuando cambia el gobierno, esas relaciones pueden desaparecer, los contratos pueden ser revisados y las operaciones financieras pueden quedar sometidas a un escrutinio mucho más riguroso.
También cabe preguntarse por qué los organismos de supervisión permitieron que la entidad alcanzara semejante dimensión si, como posteriormente señalaron las autoridades, su situación financiera era tan delicada. La responsabilidad de los supervisores y de quienes dirigían el banco es una de las cuestiones que todavía necesitan aclararse.
El caso de ALTA Banka representa, por tanto, algo más que la caída de una entidad financiera. Es un ejemplo de los riesgos que aparecen cuando los límites entre los intereses empresariales y el poder político se vuelven demasiado estrechos.
Cuando un empresario construye su imperio sobre relaciones con quienes gobiernan, puede llegar a confundir estabilidad política con solidez económica. Pero el poder cambia de manos. Y cuando eso sucede, las estructuras que parecían sólidas pueden revelar debilidades que llevaban años ocultas.
El 1 de noviembre de este año en curso, se publicó en los medios de comunicación, que, desde la proclamación de los resultados electorales Davor Macura sacó ni más ni menos que 450 millones de dólares de la caja fuerte del banco ALTA.
La verdadera pregunta no es solamente por qué quebró ALTA Banka, sino si su crecimiento habría sido el mismo sin sus conexiones políticas y si sus problemas financieros habrían salido a la luz de la misma manera de haber continuado el antiguo gobierno en el poder.
Por Marko Milic
Desde Belgrado, Serbia.
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