Y la pregunta que está debajo de todo, la que ningún medio chileno ha hecho con todas las letras, es la más jodida: si Kast se construyó —no solo, pero sí decisivamente— dentro de una red financiada por una cleptocracia, ¿hasta dónde lo que se decide hoy en La Moneda responde a lo que votaron los chilenos y hasta dónde responde a los compromisos que se armaron en esas cumbres, en esos almuerzos en monasterios de Budapest? ¿A quién le debe Kast lo que Kast es?