Como todos los grandes, Habermas tampoco estuvo exento de errores, y ya habrá tiempo para aquilatar y hacer un balance de sus muchas luces y algunas de sus sombras. Pero, con todo, en tiempos de conflictos bélicos y fake news, el filósofo y sociólogo de la disputa de argumentos deja con su partida un vacío difícil de llenar.