Cuando se confunde el lápiz y el papel con el proceso ciudadano y la soberanía popular (1988-2020)

En las narrativas dominantes del plebiscito del 5 de octubre de 1988 escuchamos frecuentemente que la sociedad chilena derrotó a la dictadura con un lápiz y un papel, dejando de lado o a lo más otorgándole un papel muy menor a las luchas ciudadanas y populares que permitieron el fin de la dictadura

Por Wari

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En las narrativas dominantes del plebiscito del 5 de octubre de 1988 escuchamos frecuentemente que la sociedad chilena derrotó a la dictadura con un lápiz y un papel, dejando de lado o a lo más otorgándole un papel muy menor a las luchas ciudadanas y populares que permitieron el fin de la dictadura. Luego, las violaciones a los derechos humanos integran estas narrativas en una lógica generalmente despolitizada, invisibilizando que muchas de las víctimas luchaban por una democracia y una sociedad muy distintas a las que se pactó entre las élites políticas y empresariales del país.

Como todes sabemos, la alegría nunca llegó, al menos como promesa de una nueva sociedad sin autoritarismos y más justa e igualitaria. Se logró terminar con la dictadura, pero no con el modelo socio-político, cultural y económico que ésta impuso a sangre y fuego. Hoy día, nos vemos frente a una encrucijada parecida. Estamos frente a un nuevo plebiscito que abre la posibilidad de dejar atrás la Constitución de Pinochet y Guzmán, pero que no asegura que se vaya a generar una nueva constitución que represente el espíritu del levantamiento ciudadano del 18 de octubre de 2019, del mismo modo que el plebiscito de 1988 derivó en el fin de la dictadura, pero no del modelo que impuso. De modo semejante a lo ocurrido a fines de los ochenta, cuando las élites políticas se apropiaron del proceso político, y desmovilizaron a la ciudadanía para poder llegar a acuerdos que les permitieran gestionar y consolidar el modelo, estas mismas élites buscan neutralizar el movimiento ciudadano de modo de mantener todo lo que puedan mantener, pero ahora bajo una constitución “legitimada” en las urnas. Así después podrán decir que cambiaron la constitución del 80 “con un lápiz y un papel”, olvidándose de las y los muerta/os, mutilados, herida/os y presa/os y de tantas y tantos que se han movilizado para transformaciones reales y profundas de la sociedad chilena, más justa, igualitaria, ecológica, plurinacional y feminista.

Las fechas conmemorativas son relevantes para recordar el pasado, pero también para reflexionar críticamente al respecto y ver cómo ese pasado nos permite analizar y actuar en el presente. El 5 de octubre nos habla de una gesta ciudadana que fue apropiada y neutralizada por las élites, de un modo semejante al acuerdo de noviembre de 2019, que ofreció un cambio constitucional para encausar, pero también neutralizar el levantamiento ciudadano del 18 de octubre. En definitiva, cambiar la constitución de 1980, pero con el horizonte de una constitución que deje intactos cimientos del neoliberalismo imperante. Pero a diferencia de lo ocurrido con el fin de la dictadura, la movilización ciudadana rebasa muy ampliamente a unas élites que ya no gozan del reconocimiento social de sus antecesoras, por lo que el levantamiento ciudadano sigue siendo un proceso abierto que, después del paréntesis pandémico, se vuelve a abrir camino en las calles y donde el plebiscito del 25 no es la culminación sino el comienzo de nueva batalla ciudadana en la que seguiremos luchando por una soberanía popular que nos permita tomar el destino en nuestras manos.

Por Roberto Fernández Droguett

Psicólogo Universidad de Chile, integrante del Programa Psicología Social de la Memoria, Universidad de Chile y del Grupo de Trabajo Clacso Memorias Colectivas y Prácticas de Resistencia.

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