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Debates y democracia

Los “debates” políticos de las diversas candidaturas presidenciales en Chile no hacen sino poner en escena el clima en que se desenvuelve la política en nuestro país. Al escuchar los diversos discursos, con algunos matices, todo se resuelve en un insípido formalismo que no alcanza a cautivar a las audiencias. Las sonrisitas y frases de buena crianza de los candidatos pretenden investir de un aire de decencia democrática a una añeja institucionalidad que cada día muestra sus fisuras.

Hemos llegado al punto en que lo más interesante en cualquier candidatura es su compromiso ético y político para cambiar el actual estado de cosas. Como nunca antes en estas últimas décadas hay un malestar ciudadano que está poniendo en cuestión, nada menos, que la legitimidad del modelo. El clamor que se escucha es por un cambio constitucional, por educación gratuita y cambios sustanciales al régimen de pensiones. Hay un claro reclamo de cambios profundos en el país.

El mentado “modelo chileno”, concebido en plena dictadura militar como la solución privatizadora neoliberal para Chile, ha significado para el país la más alta concentración de la riqueza en muy pocas manos, mientras una amplia mayoría ha sido despojada de sus derechos elementales como educación, salud y previsión. El mercado ha funcionado entre nosotros como un mecanismo de segregación entre ricos y pobres, dejando en el desamparo a los más débiles. El Estado ha sido desprovisto de su responsabilidad social y de muchos de sus atribuciones para la defensa del bien común.

Los chilenos hemos debido soportar, hasta el presente, la herencia de una dictadura plasmada en una constitución en que la injusticia se ha convertido en ley de la república. Esta democracia oligárquica ha despojado a los chilenos de su soberanía, convirtiendo al país en un lucrativo negocio. Pocas familias manejan hoy la riqueza en Chile, entregando parte de nuestro patrimonio a inversores extranjeros, con la complicidad de muchos políticos dispuestos a legislar contra el interés de los ciudadanos.

El resultado está a la vista, millones de familias endeudadas a merced de instituciones privadas de educación, salud y vivienda, con bajos salarios en empleos precarios. A los chilenos se nos ha impuesto por la fuerza un régimen que excluye a la mayoría mediante artilugios antidemocráticos legalizados en una constitución ilegítima. Contrariamente a lo que afirman algunos, denunciar las miserias del presente y exigir una asamblea constituyente no es, en absoluto, una conducta extremista sino la más consecuente conciencia patriótica y democrática en el Chile actual.

Por Álvaro Cuadra

Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados. Elap. Universidad Arcis

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