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Diplomacia moderna: los estilos yanqui, ruso y chino…

El 28 de mayo del año 2015 la BBC exhibió un título de urgencia: “Ántrax activo fue enviado accidentalmente a Corea del Sur y a laboratorios estadounidenses”

Por Wari

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Columnas

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El 28 de mayo del año 2015 la BBC exhibió un título de urgencia: “Ántrax activo fue enviado accidentalmente a Corea del Sur y a laboratorios estadounidenses”.

El ántrax es una soberana mierda peligrosa e ubicua: enfermedad infecciosa grave causada por una bacteria gram+ y baciliforme, conocida como Bacillus anthracis. Algunos fallados del cerebelo y la pituitaria imaginaron, hace algunos años, utilizar el ántrax como arma bacteriológica.

Sabido lo cual, todo dios preguntó: ¿quién fue el tarado que diseminó tan letal bacteria? La respuesta vino del Pentágono“El ejército estadounidense envió, accidentalmente, muestras de ántrax a nueve laboratorios del país y a la base militar de EEUU en Corea del Sur.” (Fuente: BBC).

Asombro: su uso está prohibido en virtud de la Convención sobre Armas Biológicas del 10 de abril 1972, que proscribe el desarrollo, la fabricación y el almacenamiento de esta arma de destrucción masiva. De 197 países potencialmente signatarios, 182 lo habían ratificado al 25 de marzo de 2019. EEUU lo firmó el 10 de abril de 1972, el mismo día en que se abrieron las adhesiones. (Fuente: ONU).

No obstante “un laboratorio del Ministerio de Defensa (USA) situado en Utah envió las muestras (de ántrax) sin darse cuenta”. Saludos te mandaron la seguridad militar y el respeto de los tratados internacionales. El coronel Steve Warren aseguró que las muestras “habían sido destruidas de acuerdo a protocolos apropiados”, pero la duda persiste: ¿qué tan apropiados?

Cada cual lo mira como le da la gana, pero este es el único caso de una bacteria o un virus escapado de un laboratorio del que se tenga noticia.

Hace un mes el portal científico francés Futura publicó una nota de la periodista Céline Deluzarche:

“No existe ninguna prueba de que el coronavirus SARS-CoV-2 se haya escapado de un laboratorio de Wuhan. Pero varios laboratorios ultra-securizados manipulan efectivamente virus peligrosos, y van incluso hasta crear voluntariamente algunos para sus experiencias científicas. Experimentos que generan debate en razón del riesgo de bioterrorismo o de fugas a la naturaleza pero que, según sus autores, son necesarios para anticipar las próximas epidemias”.

De la seguridad en los ‘laboratorios ultra-securizados’ da testimonio el laboratorio de Utah, que disemina una peligrosa bacteria “sin darse cuenta”. En cuanto a la ‘anticipación de las epidemias’, el coronavirus sorprendió a todo el mundo en Babia. Queda la afirmación: “No existe ninguna prueba de que el coronavirus SARS-CoV-2 se haya escapado de un laboratorio de Wuhan.” Si es así, ¿por qué razón los EEUU se empeñan en responsabilizar a China?

Hace un par de años tuve la ocasión de conversar unas cervezas con Sergio Rodríguez Gelfenstein, en Santiago. Sergio da clases en la Universidad de Shanghái. Conocedor del tema, me habló de las características de la diplomacia de Beijing, subrayando que China no tuvo la ocasión histórica de practicarla sino a partir de 1949. Comparada a países como Rusia o Francia, la China moderna es una principiante. De ahí la idea de comparar las manifestaciones públicas de las diplomacias de China y Rusia. No se trata de suscribirlas y aplaudirlas, o de criticarlas condenándolas, sino de constatar la forma que adoptan y cómo evolucionan.

Siempre me maravilló la infinita paciencia y la exquisita cortesía con las que Serguéi Lavrov y Vladimir Putin desmienten los infundios de la Casa Blanca y el Departamento de Estado, para no mencionar a los agresivos periodistas ‘occidentales’, poseedores de la verdad absoluta y del sello que identifica a la ‘prensa libre’.

Los EEUU cercenaron el territorio de Serbia a punta de bombas y misiles, pisotearon la fronteras surgidas de la II Guerra Mundial que juraron respetar, e inventaron un país funcional a sus intereses, –Kosovo–, sin lograr ni siquiera que fuese reconocido por todos sus aliados de la Unión Europea.

Crimea, antiguamente bajo control del Imperio Otomano, fue integrada al Imperio Ruso a partir de 1783, bajo el reinado de Caterina la Grande. ‘Occidente’, siempre al acecho, provocó más tarde la Guerra de 1853-1856, que lanzó contra el Imperio Ruso al Imperio Otomano, a Francia, a Gran Bretaña y al reino de Cerdeña. Muchos años –y guerras– más tarde, los EEUU estimularon y financiaron un golpe de Estado en Ucrania (2014), seguido de una guerra civil, con el propósito de debilitar a Rusia. Moscú echó mano a un referéndum popular en Crimea que votó a 96,6% en favor de su reintegración a Rusia.

Visto lo cual la diplomacia estadounidense y la solícita prensa ‘occidental’ tratan a Putin del nombre del puerco, Biden incluso lo llamó “asesino”. EEUU y sus obligados de la UE aplican sanciones económicas a Rusia, patrullan militarmente en el Mar Negro (mira el mapa para ver dónde queda: para ir allí hay que tener toupet), amenazan en el Mar de Barents y organizan maniobras militares en el Mar Báltico, frente a Kaliningrado.

Vladimir Putin y Serguei Lavrov, imperturbables, dan eruditas lecciones de Historia universal y demuestran que si un país se destaca por su voracidad con los territorios ajenos ese es EEUU, sin apartarse de un lenguaje comedido, sin elevar el tono, sin el menor gesto de impaciencia o de fastidio. Sus lecciones de Historia evocan las colonias francesas y las del Commonwealth, así como las numerosas masacres cometidas en los cinco continentes por ambos imperios.

Alejado el agresivo Donald Trump de la Casa Blanca, con Joe Biden –el ‘abuelito buena leche’– manejando el pandero, fue interesante observar el comportamiento de Wang Yi, ministro de Exteriores chino, y de Yang Jiechi, secretario de Exteriores del PCCh, de cara a las agresiones verbales estadounidenses.

La primera ocasión se presentó durante su reunión con Anthony Blinken, Secretario de Estado de Biden, en Anchorage, el 18 de marzo. De entrada, convocar a Wang Yi y a Yang Jiechi a un hotel de mala muerte (el calificativo proviene de la prensa yanqui) en el culo de Alaska fue una muestra de desconsideración, de descortesía y de irrespeto.

Por convención diplomática la primera ronda de discursos, que es pública, debe limitarse a lo protocolar. No obstante, las palabras iniciales de Blinken se salieron del marco y los chinos estimaron haber sido objeto de una agresión.

La BBC lo resumió así: “En un tajante discurso inicial, antes de pasar a las conversaciones privadas, Mr. Blinken dijo: ‘los EEUU discutiremos de nuestra profunda preocupación ante las acciones chinas en Xinjiang, Hong Kong, Taiwán, así como sus ciber-ataques a los EEUU y su coerción económica a nuestros aliados”.

Sabiendo que los discursos yanquis suelen estar más dedicados a su opinión pública interna y a los aliados díscolos que a sus interlocutores, la parte china hubiese podido imitar a Serguei Lavrov, calmando el juego. Las inmortales lecciones de Charles Maurice de Talleyrand-Perigord sirven para eso.

¡Que nones…!

En su respuesta, Yang Jiechi acusó a los EEUU de utilizar su poderío militar y su supremacía financiera para aplastar a otros países. Los EEUU “abusan de la noción de seguridad nacional para obstaculizar los intercambios comerciales, e incitar algunos países a atacar a China”, agregó Yang, afirmando que “en los EEUU los Derechos Humanos están por el suelo, los negros siguen siendo asesinados”.

Lo que suele llamarse La respuesta del pastor a la pastora.

De ahí en adelante China ha devuelto golpe por golpe, agresión por agresión, insulto por insulto. Si miras la TV china (existe en inglés), verás que la sucesión de éxitos de su industria espacial va acompañada de comentarios muy gráficos: “El espacio no le pertenece a los EEUU”, dice uno de ellos, recordando que cuando Neil Armstrong puso un pie en la Luna, hubo personalidades estadounidenses que exigieron declarar la Luna propiedad exclusiva de los EEUU.

Cuando Biden, imitando a Trump, pide una segunda investigación para probar que el coronavirus salió de un laboratorio de Wuhan, cinco millones de ciudadanos chinos firman una petición exigiendo que esa investigación se lleve a efecto en el laboratorio militar de Fort Detrick (Maryland – EEUU).

Zhao Lijian, portavoz del ministerio de Salud chino, le dice a la OMS que se vaya a freír monos a otra parte: “EEUU debe ser transparente, y tomar medidas para investigar exhaustivamente la fuente de su propia pandemia y su incapacidad para hacerle frente. Quienes fallaron deben asumir su responsabilidad, Fort Detrick y más de 200 laboratorios yanquis en el mundo entero deben ser investigados”.

Esa es otra: los EEUU disponen de laboratorios militares –que llevan a cabo peligrosas manipulaciones– en terceros países…

¿EEUU le aplica sanciones a ciudadanos y entidades chinas? “China, en respuesta a las erróneas prácticas de los EEUU, decide tomar contramedidas recíprocas e imponerle sanciones a siete individuos y entidades estadounidenses”, declaró un portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores el viernes pasado.

Antes de dirigirse a Tianjin para sostener reuniones con sus homólogos chinos, Wendy Sherman, vicesecretaria de Estado, declaró: “Viajo para sostener negociaciones desde posiciones de fuerza”. La réplica no se hizo esperar: “China no negocia sino de igual a igual. No hay países superiores”.

Después de la reunión, los voceros chinos declararon: “Los EEUU no califican para criticar a nadie en materia de Derechos Humanos”. Con una cara de pocos amigos Wendy Sherman confesó que la reunión de Tianjin no llevó a ningún resultado concreto.

Los EEUU acusan a China de espionaje cibernético, y al día siguiente China les recuerda el programa Prism, el escándalo Pegasus, el escándalo NSA, la persecución a Edward Snowden, la persecución a Julian Assange, la persecución al soldado Bradley Manning devenida Chelsea Manning, liberada finalmente como la heroína que es, el programa planetario Echelon, el espionaje contra sus aliados europeos…

Los EEUU se inquietan de la ‘represión’ al pueblo Uigur… China le recuerda a EEUU que hace muy poco –el 20 de mayo– el propio Joe Biden tuvo que firmar una ley contra los crímenes cometidos en virtud del odio a los asiáticos en los EEUU.

Los EEUU hacen transitar sus portaaviones en el Mar de China: barcos militares chinos siguen muy de cerca las maniobras militares yanquis en Australia.

Voceros chinos han ido hasta declarar: “el matón del barrio ya no puede dictar su ley”.

Puede que tan aguerrido comportamiento haya influido en sus socios rusos: últimamente Putin ha tenido palabras fuertes hacia el mundo dizque ‘occidental’, señalando que no le permitirá transgredir las líneas rojas, añadiendo: “esas líneas rojas las dibujamos nosotros”.

Tal vez por eso la prensa ‘occidental’ tituló: “Rusia desafía a occidente” al reportar un tradicional desfile militar naval en San Petersburgo. Allí, Rusia exhibió sus armamentos más sofisticados. En San Petersburgo. En San Petersburgo. Si EEUU le hiciera hacer círculos en el mar a sus navíos de guerra frente a las costas de Virginia… ¿habría que considerar eso como un desafío a Rusia y China?

Cada cual tiene el derecho a opinar lo que quiera, es la regla. A mi modesto juicio las recientes manifestaciones públicas de las diplomacias China y Rusa podrían traducirse al castellano como:

“De ahora en adelante no te aguanto ni una más… ¿Queda claro?”

Por Luis Casado

Publicado originalmente el 26 de julio de 2021 en Politika.


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