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El Chile que involuciona

A menudo escuchamos en Chile la frase: “Somos un país en vías de desarrollo.”

El concepto “desarrollo” comprende avances culturales, con hechos. El discurso de las personas, creo que va en franca transformación, con palabras aceptadoras y menos descalificadoras. Sin embargo, eso le ocurre a una porción de la población chilena, no a su totalidad.

Si pretendemos ser un país desarrollado, debemos comenzar por desarrollar la mentalidad de la sociedad. Mientras muchas personas avanzan, otras se estancan y eso es peligroso. Vergüenza debería darles a quienes se autodefinen como “conservadores”, ya que solo conservan elementos carentes de reflexión y, pudiendo avanzar, se estancan en sus sistemas de valores y creencias y aparece la “exclusión”, la “inclusión”, la “tolerancia” y la “intolerancia” – Palabras que contienen una carga simbólica importante, ya que todas tienen un poder para integrar o expulsar, según sea el contexto. Nos olvidamos de la “Aceptación”, nos olvidamos del respeto. Es un derecho humano ser tratado con dignidad y respeto. En Chile existe una ley antidiscriminación, simbólicamente denominada “ley Zamudio” que fue aprobada después de que Daniel Zamudio; un joven homosexual, fuera brutalmente asesinado en un crimen de odio por personas que representan lo peor de la sociedad. Pese a ello, mucha gente se conmovió y el caso hizo reflexionar a este país caracterizado por su homofobia.

Aunque la ley promueva la “No discriminación”, Chile como Estado y como gobierno continúa con contradicciones. Los ejemplos son cotidianos. No ha sido posible concederle a la población homosexual el matrimonio igualitario. Es un tema de muchos países, pero en éste hay excusas como: “Es inconstitucional” o “Dios así lo quiso.” No aprobarlo, expone una discriminación, que muchas veces se esconde bajo argumentos “valóricos”. Suele pasar que quienes discriminan, acusan discriminación por discriminar. Un enredo del que ni ellos saben salir, ya que quien defiende violaciones a los derechos humanos, no puede pretender ser aplaudido.

Cuando un país, sociedad o grupo se estanca, automáticamente se limita. Son estos límites los que llegan a horrores. Por eso sostengo que es peligroso. Hemos sabido en Chile de cientos de casos de femicidios, atentados a jóvenes homosexuales (hombres y mujeres), discriminaciones por etnia, país de procedencia, capacidades diferentes e incluso por estrato socioeconómico. Diferencias salariales según género y diferencias de trato según “color de piel”.

Los límites empáticos de las personas pueden provocar horrores como los mencionados y generar una sociedad de culpas donde se cometen “pecados” y surgen entonces, actos de superioridad como el adultocentrismo, la heteronormatividad, el machismo, el clasismo, el racismo y miles de fobias. La “naturalización” de las conductas producen comentarios como: “Es mujer, es sensible” o “Es que los hombres son violentos.” – Tal vez son resabios de las doctrinas religiosas.

Somos una sociedad que habla de “hombres” y no se esfuerza por visibilizar a la mujer. Que habla de menores para referirse a edad, capacidades (minusválidos) o cantidades de poblaciones (minorías).

Por tanto, considero esencial aprender a utilizar el lenguaje, ya que éste construye realidad y ayuda a organizar nuestro discurso ¿De qué sirve no estar en crisis económica si nuestra crisis es mental? ¿En qué cambiaremos como personas si Chile alcanza el desarrollo económico pero la sociedad discrimina y violenta?

Es menester reflexionar como individuos y como sociedad, para ser capaces de librarnos del prejuicio y no seguir fomentando la prepotencia, los actos de odio y la violencia.

Sebastián Andrade De La Jara

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