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El debate secreto del Acuerdo Trans Pacifico (TPP)

Conocido por sus siglas en inglés, TPP, este acuerdo se negocia con una reserva única.

La pregunta cae de cajón. ¿Por qué cuando los gobiernos, que representan a sus Estados, negocian tratados internacionales, estas negociaciones tienden a ser secretas? No es fácil divisar una razón objetiva ya que tratándose de acuerdos de paz, se entiende que los mismos pretenden resguardar vidas y una buena negociación implica reserva, pero ¿por qué razón un acuerdo internacional que incluye protección de la vida a traves de farmacéuticos puede crear tanta reserva?

El TPP, según informa la propia Cancillería chilena, es una ampliación del denominado P4 integrado por Brunei, Chile, Nueva Zalanda y Singapur. Se plantea que esta ampliación, que incluye además a Australia, Estados Unidos, Perú, Vietnam, Malasia, México y Canadá y que se prevee en el corto plazo sume a Japón, tiene por objetivo crear – tremenda novedad – un área de libre comercio. Sin embargo, esta afirmación es precisada al indicar cuáles son las características que definen el TPP, a saber: acceso al mercado global a través de la eliminación de aranceles; un acuerdo regional íntegro que facilite el desarrollo de las cadenas de producción y suministro; incluye temas transversales que son la Coherencia regulatoria, la Competitividad y facilitación del comercio y las Pequeñas y medianas empresas; añade el desarrollo y la liberalización del mercado.

Hasta aquí, nada extraño, pero este temario se ha ido ampliando a traves de alrededor de 16 rondas sucesivas de negociaciones que piden compromisos en nuevas materias no menos relevantes que incluyen: competitividad empresarial, servicios transfronetrizos, aduanas, asuntos medio ambientales, contratación pública, compras gubernamentales, propiedad intelectual, acceso a mercados y más temas con denominaciones tales como entrada temporal, defensa comercial, etc.

Se desprende de lo anterior que no estamos ante un mero acuerdo comercial sino que estamos en presencia de un acuerdo relevante por su envergadura e impacto,la cual requiere de una atención mucho mayor y abierta de la prestada hasta la fecha.

No obstante lo anterior, la negociación es secreta. Incluso en la Cámara de Diputados, los grandes temas internacionales se discuten a puerta cerrada. ¿Por qué razón? ¿Qué es lo que no se quiere que sepamos? O quizas la pregunta debiera ser. ¿Qué concesión y cesión de soberanía se está haciendo que no nos cuentan?

Veamos. Estados Unidos es parte de este acuerdo que no cuenta con China y según lo poco que se sabe, entre los temas puestos en la mesa están la propiedad intelectual, los medicamentos y la informática. Es sabido que dentro de las más grandes empresas estadounidenses, y fortunas a nivel mundial, están Microsoft, Apple y otras grandes empresas. En días recientes incluso, Estados Unidos y China centraron el intercambio de sus máximas autoridades en los dilemas del llamado “ciberespionaje”. Es decir, el control informático para Estados Unidos es de suyo relevante y por si no se convence aún, los duros cuestionamientos a la Administración Obama por espiar a su propia población pasa por los estrechos contactos entre la seguridad nacional y las empresas Google, Apple, Yahoo y Facebook. Por si todo lo anterior fuera poco, el propio origen de internet se ubica en el complejo industrial militar norteamericano. El control informático es el control de la población y el control de la población es la clave para perpetuar el poder, única garantía de mantención del esquema de dominación.

La necesidad de dominar el conocimiento es vital en la conservación de la superioridad global de los sectores hegemónicos de los Estados Unidos. Sin embargo, las reglas del mercado y la libre circulación de los factores productivos ha hecho que otros países desarrollan tecnologías que les compiten en la indstria automotriz, telecomunicaciones, construcción e incluso técnica militar. Pese a ello, Estados Unidos y Canadá lideran el conocimiento sobre medicamentos en el mundo aun cuando hoy sus empresas sufren una fuerte competencia. Por ejemplo, la vacuna cubana en contra de la meningitis fue finalmente adquirida por EEUU derrotando sus propias leyes en contra del bloqueo, y es esa misma la que ellos venden al mundo, incluyendo Chile y que genera enormes ganacias por el volumen de dosis involucradas. Para ellos, conservar la superioridad médica no es un tema que pasa por ofrecer menores precios o compartir y socializar conocimiento, sino pasa por patentar y vigilar que se respeten dichos derechos de propiedad intelectual. Este dominio sobre la propiedad industrial e intelectual se extiende a otras esferas, fuera de la salud, siendo un tema relevante en si mismo, en la protección de sus avances y el enriquecimiento que significa.

Está bien, es su prerrogativa pero si hubiera sido Venezuela la que espiaba a su población, tengamos por seguros que la reacción mundial habría sido diametralmente distinta. Privilegios que da el poder y que asegura la superioridad militar.

Mientras uno observa esto, piensa en las palabras del Presidente Piñera hace unas semanas frente a la pretensión boliviana de recuperar una salida al mar. ¡Chile no cederá un milimetro de soberanía! Posición legítima, pero ¿acaso no cede soberanía cuando permite por ejemplo la libre entrada y salida de capitales golondrinas o acaso no se cede soberanía cuando el TPP permite a empresas extranjeras invertir en condiciones que realmente impresionan por la baja carga tributaria? Y asi, hemos cedido soberanía vendiendo agua, tanto el liquido como los derechos, regalando bosques, glaciares, peces, cobre y todo cuanto hay a empresas que tienen cada vez mas libertades y menos restricciones. Si esto no es una novedad y constituye una conducta habitual ¿por qué el TPP es un secreto? ¿Qué se discute y negocia que no podemos saber?

Se entiende que hay cosas que deben ser ocultas para que resulten, pero si se respetara al pueblo, si las relaciones internacionales fueran entre iguales, la verdad y la democracia no serían bienes comerciables y no tendríamos que presenciar el deporte nacional en que se ha convertido la concesión y cesión secreta de soberanía. La verdad es que todos tenemos nuestro precio, pero un mínimo de dignidad no es mucho pedir.

Carlos Arrué

Investigador ICAL

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