«El mundo ha entrado en una etapa de transformaciones revolucionarias»

Discurso del Presidente ruso, Vladímir Putin, durante la ceremonia de la firma de acuerdos sobre la incorporación a Rusia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk y las provincias de Jersón y Zaporozhie.

¡Estimados ciudadanos de Rusia, ciudadanos de la República Popular de Donetsk y la República Popular de Lugansk, habitantes de las provincias de Zaporiyia y Jersón, diputados de la Duma de Estado, senadores de la Federación de Rusia!

Saben que se han celebrado los referendos en la República Popular de Donetsk, la República Popular de Lugansk y las provincias de Zaporiyia y Jersón. Se han calculado los votos, hemos obtenido los resultados. La gente ha hecho su decisión, su decisión inequívoca.

Hoy firmamos los tratados de adhesión de la República Popular de Donetsk, la República Popular de Lugansk, la provincia de Zaporiyia y la provincia de Jersón a Rusia. Estoy seguro de que la Asamblea Federal apoyará las leyes constitucionales sobre la adhesión y la formación de cuatro regiones nuevas rusas, cuatro sujetos nuevos de la Federación de Rusia, porque es la voluntad de millones de personas.

Y eso es, por supuesto, su derecho, su derecho inalienable, estipulado en el primer artículo de la Carta de la ONU, que señala manifiestamente el principio de la igualdad y la libre determinación de los pueblos.

Reitero: es un derecho inalienable de la gente, se basa en la unidad histórica, por la que muchas generaciones de nuestros antecesores ganaban luchas, los que, desde el principio la Rus Antigua, llevaban siglos creando y defendiendo Rusia. Aquí, en Nueva Rusia, lucharon Rumiántsev, Suvórov y Ushakov, establecieron nuevas ciudades Catalina II y Potiomkin. Aquí lucharon hasta la muerte nuestros abuelos y bisabuelos en la II Guerra Mundial.

Siempre recordaremos a los héroes de la “Primavera Rusa”, los que en 2014 no aceptaron el golpe de Estado neonazi en Ucrania, todos los que murieron por el derecho a hablar el idioma materno, preservar su cultura, tradiciones, religión, el derecho a vivir. Son militares de Donbás, mártires de la “Jatyn de Odesa”, víctimas de actos terroristas inhumanos organizados por el régimen kievita. Son voluntarios y milicianos, son los civiles, niños, mujeres, ancianos, rusos, ucranianos, personas de diversas nacionalidades. Es el verdadero líder popular de Donetsk, Alexander Zajárchenko, son los jefes militares Arsén Pávlov y Vladímir Zhoga, Olga Kachura y Alexéi Mozgovói, es el fiscal de la República Popular de Lugansk, Serguéi Gorenko. Es el paracaidista Nurmagomed Gadzhimagomédov y todos nuestros soldados y oficiales que murieron valientemente en el curso de la operación militar especial. Son héroes. Son los héroes de gran Rusia. Y les pido rendir homenaje a su memoria con un minuto de silencio.

(Un minuto de silencio.)

Gracias.

La decisión de millones de habitantes de la República Popular de Donetsk, la República Popular de Lugansk, las provincias de Zaporiyia y Jersón, surge de nuestro destino común y la historia de miles de años.

Las personas llevan pasando este vínculo espiritual a sus niños y nietos. A pesar de todos los desafíos, ellos han preservado en sí mismos el amor a Rusia. Y nadie podrá destruir este sentido en nosotros. Por ese motivo, tanto las generaciones mayores, como los jóvenes, que nacieron tras la tragedia de la desintegración de la Unión Soviética, votaron en favor de nuestra unidad, nuestro futuro común.

En 1991, en el Bosque de Białowieża, sin preguntar a los ciudadanos ordinarios, los representantes de las élites de los partidos de aquel entonces decidieron desintegrar la URSS, y, en un instante, la gente se encontró separada de su patria. Este hecho cortó por lo sano, descuartizó nuestra comunión nacional, resultó una catástrofe nacional. Como había en algún tiempo después de la Revolución, cuando las fronteras de las repúblicas amistosas fueron determinadas en las conversaciones de pasillo, de la misma manera, los últimos dirigentes de la Unión Soviética, en contra de la voluntad manifiesta de la mayoría de los votantes en el referendo de 1991, arruinaron nuestro gran país, simplemente presentándolo como un hecho consumado a sus pueblos.

Supongo que no entendían por completo qué hacían y qué consecuencias inevitable y finalmente podrían provocar sus acciones. Pero eso ya no importa. Ya no existe la Unión Soviética, lo pasado, pasado. Además, Rusia no lo necesita hoy, no aspiramos a eso. Pero no hay cosas más fuertes que la determinación de millones de personas, que a partir de su cultura, religión, costumbres, idioma, se consideran una parte de Rusia, cuyos antecesores han vivido en un solo Estado durante muchos siglos.

No hay cosas más fuertes que la determinación de estas personas de regresar a su patria genuina, histórica.

Durante ocho años largos, las personas de Donbás han sufrido un genocidio, bombardeos y asedios, y en Jersón y Zaporiyia había intentos de cultivar en ellas un odio hacia Rusia y todo lo ruso. Ahora, ya en el curso de los referendos, el régimen kievita amenazaba con represalias, matanzas de maestros, mujeres que trabajaban en comisiones electorales, intimidaba con represiones a millones de personas que vinieron a expresar su voluntad. Pero el pueblo no aplastado de Donbás, Zaporiyia y Jersón expresó su opinión.

Quisiera que me oigan los dirigentes de Kiev y sus dueños reales en Occidente, para que lo recuerden todas las personas: los que viven en Lugansk y Donetsk, Jersón y Zaporiyia, se hacen nuestros ciudadanos para siempre.

Exhortamos a que el régimen kievita cese el fuego inmediatamente, así como todas las hostilidades, la guerra que desató en 2014, y que regrese a la mesa de negociaciones. Estamos listos para eso, lo hemos mencionado muchas veces. Pero no vamos a discutir la decisión del pueblo de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, ya lo han tomado, Rusia no va a traicionarla. Y los dirigentes de Kiev actuales deben respetar esta libre expresión de la voluntad popular, no hay otra manera. Solamente así puede ser el camino hacia la paz.

Vamos a defender nuestra tierra con todas las fuerzas y recursos que tenemos, y vamos a hacer todo para garantizar la vida segura de nuestra gente. En esto consiste la gran misión de liberación de nuestro pueblo.

Sin duda, reconstruiremos las ciudades, pueblos, viviendas, escuelas, hospitales, teatros, museos destruidos, restauraremos y desarrollaremos empresas, plantas, infraestructura, sistemas de seguridad social y pensiones, salud y educación.

Por supuesto, nos dedicaremos a reforzar la seguridad. Juntos aseguraremos que los ciudadanos de las nuevas regiones sientan el respaldo de todo el pueblo ruso, todo el país, todas las repúblicas, territorios y provincias de nuestra enorme patria.

¡Estimados amigos, colegas!

Hoy quisiera dirigirme a los soldados y oficiales que participan en la operación militar especial, a los militares de Donbás y Nueva Rusia, a los que, tras el decreto de la movilización parcial, entran en filas de las FF.AA., cumpliendo con su deber patriótico, a los que, siguiendo a su corazón, llegan por sí mismos a los comisariados militares. Quisiera dirigirme a sus padres, esposas, hijos, explicarles por qué está luchando nuestro pueblo, qué enemigo nos enfrenta, quién va echando el mundo en nuevas guerras y crisis, obteniendo beneficios ensangrentados de esta tragedia.

Nuestros compatriotas, nuestros hermanos y hermanas en Ucrania –una parte propia de nuestro pueblo único– han visto con sus propios ojos lo que están preparando para toda la humanidad las elites dirigentes de tal llamado Occidente. Aquí, en esencia, simplemente se quitaron sus máscaras, mostrando su verdadera naturaleza.

Tras la desintegración de la Unión Soviética, Occidente decidió que el mundo y todos nosotros tendríamos que siempre conformarnos con su dictadura. Entonces, en 1991, Occidente contaba con que Rusia nunca se recuperaría de tales disturbios y luego se desmoronaría por sí misma. Y eso casi sucedió – es que recordamos los años 90, los terribles 90, llenos de hambre, frío y sin esperanza. Pero Rusia resistió, renació, se hizo fuerte y volvió a ocupar su posición merecida en el mundo.

Al mismo tiempo, Occidente pasó todo eso tiempo buscando, y sigue buscando una nueva oportunidad de atacarnos, hacernos más débiles y destruir Rusia, con lo que siempre ha soñado, romper nuestro Estado, hacer luchar a los pueblos entre sí, condenarlos a la pobreza y la muerte. Simplemente, le molesta que exista en el mundo un país tan grande y enorme, con su territorio, riquezas naturales, recursos, y el pueblo que no sabe y nunca va a vivir siguiendo instrucciones de otros.

Occidente está dispuesto a pisotear a todo para preservar el sistema neocolonial que le deja ser un parásito y, en esencia, saquear al mundo, debido al poder del dólar y la dictadura tecnológica, cobrar los verdaderos tributos de la humanidad, aprovechar la fuente principal del bienestar no merecido, la renta de la hegemonía.

El mantenimiento de esta renta es su motivo clave, verdadero y absolutamente egoísta. Precisamente por eso la desoberanización total corresponde a su interés. De eso emana su agresión contra los Estados independientes, valores tradicionales y culturas autóctonas, intentos de socavar los procesos de integración internacionales que no puede controlar, nuevas monedas mundiales y centros del desarrollo tecnológico. Es críticamente importante para Occidente que todos los países rechacen su soberanía en favor de EE.UU.

Las clases gobernantes de algunos Estados convienen voluntariamente en hacerlo, convienen voluntariamente en convertirse en vasallos; otros se ven sobornados o intimidados. Y si fracasan – destruyen países por completo, dejando a su paso catástrofes humanitarias, flagelos, ruinas, millones de destinos humanos extorsionados y arruinados, enclaves terroristas, zonas de flagelos sociales, protectorados, colonias y semicolonias. Les da igual, solo quieren obtener su beneficio.

Quiero reiterar otra vez: es la codicia, la determinación de mantener su poder no limitado en ningún sentido, en las que consisten las razones verdaderas de la guerra híbrida que lucha Occidente colectivo contra Rusia. No nos desean la libertad, sino que quieren ver cómo nos hacemos una colonia. No quieren cooperación igual, pero sí un saqueo. Quieren que seamos no una sociedad libre, sino una multitud de esclavos sin almas.

Para ellos sirven de una amenaza explícita nuestro pensamiento y filosofía, por eso atentan contra nuestros filósofos. Nuestra cultura y arte son peligrosos para ellos, por eso tratan de prohibirlos. Nuestro desarrollo y prosperidad son amenazas para ellos también – está creciendo la competencia. De verdad, no necesitan Rusia, la necesitamos nosotros mismos.

Quiero reiterar que, en el pasado, las reclamaciones por la dominación mundial hicieron frente a la valentía y resistencia de nuestro pueblo. Rusia siempre será Rusia. Ahora también defenderemos tanto nuestros valores como nuestra patria.

Occidente cuenta con la impunidad, que salga impune de todo. De hecho, hasta ahora, ha logrado hacerlo. Los acuerdos en el ámbito de la seguridad estratégica van a la basura; los acuerdos alcanzados al nivel político más alto se declaran cuentos chinos; las promesas firmes de no expandir la OTAN hacia el este, en cuanto las tragaron nuestros ex dirigentes, resultaron un engaño sucio; el Tratado sobre Misiles Antibalísticos y el sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio fueron rescindidos unilateralmente con pretextos fabricados.

Oímos todo el tiempo en todos los lugares: Occidente defiende el orden basado en las reglas. ¿De dónde han tomado estas reglas? ¿Quién las ha visto? ¿Quién las ha armonizado? Oigan, ¡es una verdadera tontería, puro engaño, un doble o triple rasero! Simplemente está diseñado para algunos imbéciles.

Rusia es una gran potencia de mil de años, un país-civilización, y no va a vivir siguiendo tales reglas amañadas y falsas.

Fue precisamente ese llamado Occidente quién pisoteó el principio de la inviolabilidad de las fronteras, y ahora decide por iniciativa propia quién tiene derecho a la libre determinación y quién no, quién no lo merece. Por qué decide eso, quién le ha otorgado el derecho a hacerlo, no está claro. Se le ha dado él mismo.

Por ese motivo les genera un gran rencor la decisión de la gente en Crimea, Sebastopol, Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón. Occidente no tiene ningún derecho moral a evaluarla, ni atreverse a hablar sobre la libertad de democracia. ¡No lo tiene y nunca lo ha tenido!

La soberanía nacional y el derecho internacional no son las únicas ideas que rechazan las élites occidentales. Su hegemonía tiene un marcado carácter de totalitarismo, despotismo y apartheid. Dividen impúdicamente el mundo en sus vasallos, en los llamados países civilizados y en todos los demás que, según los designios de los racistas occidentales actuales, deberían pasar a engrosar la lista de bárbaros y salvajes. Las falsas etiquetas de «país paria» y de «régimen autoritario» ya están en marcha. Estigmatizan a pueblos y estados enteros, y esto no es nada nuevo. No hay nada nuevo en ello: las élites occidentales siguen siendo lo que por tanto tiempo han sido: colonialistas. Discriminan, dividen a los pueblos en primera clase y en las otras.

Nunca hemos aceptado ni aceptaremos ese nacionalismo político y racista. ¿Y qué es la rusofobia que se propaga ahora en todo el mundo, sino el racismo? ¿Qué, sino el racismo, es la convicción categórica de Occidente de que su civilización, su cultura neoliberal, es una autoridad innegable para el resto del mundo? «El que no está con nosotros, está contra nosotros». Por lo menos suena ridículo.

Incluso el arrepentimiento por sus propios crímenes históricos, las élites occidentales lo traspasan a todos los demás, exigiendo tanto a sus ciudadanos como a otras naciones que se disculpen por lo que ellos no tienen nada que ver, por ejemplo, por el período de las conquistas coloniales.

Vale la pena recordar a Occidente que él comenzó su política colonial en la Edad Media, seguida del comercio mundial de esclavos, el genocidio de nativos americanos, el saqueo de la India, África, las guerras de Inglaterra y Francia contra China, que le obligaron a abrir sus puertos al comercio del opio. Lo que hacían era enganchar a pueblos enteros a las drogas, exterminar deliberadamente a grupos étnicos enteros por el bien de la tierra y los recursos, y dar una verdadera caza de personas como bestias. Esto va contra la propia naturaleza humana, contra la verdad, la libertad y la justicia.

Y nosotros… Estamos orgullosos de que en el siglo XX fuera nuestro país el que liderara el movimiento anticolonial, que abrió a muchos pueblos del mundo oportunidades de desarrollo, de reducir la pobreza y la desigualdad, de vencer el hambre y la enfermedad.

Me gustaría subrayar que una de las razones de la rusofobia multisecular y la ira inconfesable de estas élites occidentales hacia Rusia es precisamente porque no nos dejamos desplumar durante la conquista colonial y obligamos a los europeos a comerciar en beneficio mutuo. Lo conseguimos por haber creado una fuerte Rusia centralizada, que se desarrolló y fortaleció por los grandes valores morales de la ortodoxia, el islam, el judaísmo y el budismo, por la cultura y la palabra rusa accesibles a todos.

Es bien conocido que en repetidas ocasiones se hicieron planes para intervenciones en Rusia. Trataron de utilizar tanto la Época de la Inestabilidad de principios del siglo XVII, como el período de desorden después de 1917. Han fracasado. Sin embargo, Occidente consiguió hacerse con la riqueza de Rusia a finales del siglo XX, cuando el Estado fue destruido. Nos llamaban amigos y socios, pero en realidad nos trataban como a una colonia: nos desviaron trillones de dólares utilizando planes más diversos. Todos recordamos todo, nada es olvidado.

Y hoy en día, la gente de Donetsk y Lugansk, de Jersón y Zaporiyia se pronunció para restaurar nuestra unidad histórica. ¡Gracias!

Los países occidentales llevan siglos diciendo que llevan la libertad y la democracia a otras naciones. Todo es justo lo contrario: la democracia se convierte en represión y explotación; la libertad, en esclavitud y violencia. Todo el orden mundial unipolar es intrínsecamente antidemocrático y carente de libertad. Es mentiroso e hipócrita hasta la médula.

Estados Unidos es el único país del mundo que ha utilizado dos veces armas nucleares, destruyendo las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. Por cierto, sentaron un precedente.

Permítanme recordarles que Estados Unidos, junto con los ingleses, convirtieron en ruinas a Dresde, Hamburgo, Colonia y muchas otras ciudades alemanas durante la Segunda Guerra Mundial sin ninguna necesidad militar. Y esto fue una maniobra demostrativa, sin ninguna necesidad militar, repito. El objetivo fue solo uno: al igual que en el caso de los bombardeos nucleares en Japón, intimidar a nuestro país y al mundo entero.

Estados Unidos dejó una huella terrible en la memoria de los pueblos de Corea y Vietnam con sus bárbaros bombardeos de saturación, uso de napalm y armas químicas.

De hecho, siguen ocupando Alemania, Japón, la República de Corea y otros países, mientras los llaman cínicamente aliados iguales. Me pregunto qué tipo de alianza es esta. El mundo entero sabe que los líderes de estos países están siendo espiados y que sus principales funcionarios están siendo intervenidos no solo en sus oficinas, sino también en sus viviendas. Es una verdadera vergüenza. Es una vergüenza tanto para los que lo hacen como para los que, como esclavos, se quedan de brazos cruzados con esta insolencia.

Califican las órdenes y gritos groseros e insultantes a sus vasallos, de solidaridad euroatlántica, y el desarrollo de armas biológicas y los experimentos con seres humanos vivos -incluso en Ucrania-, de una investigación médica noble.

El aumento colosal de los flujos migratorios es el resultado de sus políticas destructivas, guerras y saqueos. Millones de personas sufren privaciones, acosos, miles mueren tratando de llegar a la misma Europa.

Ahora están exportando el pan de Ucrania. ¿Adónde va con el pretexto de «garantizar la seguridad alimentaria de los países más pobres del mundo»? ¿Adónde? Todo va a los mismos países europeos. Solo 5 % fue exportado a los países más pobres del mundo. Es una trampería más y un engaño directo.

La élite estadounidense está, básicamente, utilizando la tragedia de estas personas para debilitar a sus rivales y destruir los Estados nacionales. Tal es el caso de Europa, de la identidad de Francia, Italia, España y otros países con una historia centenaria.

Washington exige nuevas sanciones contra Rusia, y la mayoría de los políticos europeos lo aceptan obedientemente. Comprenden claramente que, al forzar la Unión Europea para renunciar por completo a la energía y otros recursos rusos, EEUU está prácticamente desindustrializando a Europa y apoderándose totalmente del mercado europeo; por supuesto, las élites europeas lo entienden todo, pero prefieren servir a los intereses de otros. Esto ya no es un servilismo, sino una traición directa a sus pueblos. Pero bueno, esto es asunto suyo.

Pero para los anglosajones, las sanciones ya no son suficientes, han pasado al sabotaje; es increíble, pero de hecho, al volar los gasoductos internacionales Nord Stream, que pasan por el fondo del mar Báltico, en realidad empezaron a destruir la infraestructura energética paneuropea. Es obvio para todos quién se beneficia. Está claro que lo hizo el que se beneficia.

El dictado de EEUU se basa en la fuerza bruta, en la ley del más fuerte. Puede ser envuelto de manera hermosa, a veces no lleva ningún envoltorio, pero la esencia es la misma: es la ley del puño. Esto es la causa del despliegue y mantenimiento de cientos de bases militares en todos los rincones del mundo, de la expansión de la OTAN y los intentos de forjar nuevas alianzas militares como AUKUS y otras parecidas. Están trabajando activamente en crear un vínculo político y militar entre Washington, Seúl y Tokio. A todos los Estados que poseen o aspiran a poseer una verdadera soberanía estratégica y son capaces de desafiar la hegemonía occidental, automáticamente los califican como enemigos.

Estos principios son la base de las doctrinas militares de EEUU y la OTAN, que requieren, ni más ni menos, la supremacía total. Las élites occidentales presentan sus planes neocoloniales de la misma manera hipócrita, incluso pretendiendo ser pacíficos, hablando de algún tipo de contención, y esa palabra tan astuta está pasando de una estrategia a otra, pero de hecho solo significa una cosa, socavar cualquier centro soberano de desarrollo.

Ya hemos oído hablar de la contención de Rusia, China e Irán. Creo que otros países de Asia, América Latina, África, Oriente Medio, así como los socios y aliados actuales de EEUU, son los siguientes. Sabemos que cuando algo no les gusta, también imponen sanciones contra los aliados, ya sea contra un banco o contra otro, ya sea contra una empresa o contra otra. Es una práctica, y se ampliará. Todo el mundo está en su punto de mira, incluidos nuestros vecinos más cercanos, los países de la CEI [Comunidad de Estados Independientes].

Al mismo tiempo, es evidente que Occidente lleva mucho tiempo haciéndose ilusiones. Por ejemplo, al empezar una guerra relámpago de sanciones contra Rusia, pensaron que podrían volver a hacer que el mundo entero estuviera a su mando. Sin embargo, resulta que una perspectiva tan prometedora no excita a todos, excepto a los completos masoquistas políticos y a los aficionados a otras formas no tradicionales de relaciones internacionales. La mayoría de los Estados se niegan a obedecer dócilmente y eligen el camino sensato de la cooperación con Rusia.

Está claro que Occidente no esperaba tal desobediencia de ellos. Simplemente, se han acostumbrado a actuar según un patrón, tomando todo descaradamente, usando el chantaje, el soborno y la intimidación, y se convencen de que estos métodos funcionarán siempre, como si estuvieran anquilosados y estancados en el pasado.

Este aplomo es consecuencia directa no solo de la susodicha idea de la exclusividad, aunque eso también deja atónitos, sino del verdadero “hambre informativo” que se deja sentir en Occidente. La verdad fue ahogada en un océano de cuentos chinos, inventos y noticias falsas. Se recurre a una propaganda al máximo agresiva, se miente sin parar, muy al estilo de Goebbels. Cuanto más inverosímil es una mentira, con más facilidad será creída.

Sin embargo, a la gente no se la puede alimentar con dólares y euros recién imprimidos. De la misma manera que no se puede calentar sus viviendas con la capitalización virtual, ficticia, de las redes sociales occidentales. Todo lo que estoy mencionando es importante. Y no menos importante es lo que acabo de decir, con este papel cortado no se alimentará a nadie, hacen falta los alimentos. Las capitalizaciones forzadas tampoco sirven para calentar, hacen falta los hidrocarburos.

Es por ello, porque políticos europeos se ven obligados a convencer a sus ciudadanos a que coman menos, se laven con menos frecuencia y se abriguen más, estando en casa. Y a quienes empiezan a hacerse la justificada pregunta de “¿Y por qué ocurre eso?”, se les tilda de enemigos, extremistas, representantes de las fuerzas radicales. Toda la culpa le es achacada a Rusia que supuestamente es el origen de todos los males. Otra vez están mintiendo.

Me gustaría subrayar especialmente lo siguiente: hay motivos para suponer que las élites occidentales no están dispuestas a buscar salidas constructivas de la crisis mundial alimenticia y energética que surgió por su culpa, precisamente por su culpa. Es resultado de largos años de su política aplicada mucho antes de nuestra operación militar especial en Ucrania, en Donbás. No se muestran dispuestas a dar solución a los problemas de la injusticia y la desigualdad. Tememos que puedan recurrir a otros métodos, más habituales para ellos.

Merece la pena recordar que las controversias de principios del siglo XX fueron solucionadas por los países occidentales por medio de la Primera Guerra Mundial. Los beneficios obtenidos con la Segunda Guerra Mundial le permitieron a EEUU a acabar de superar las consecuencias de la Gran Depresión y convertirse en la economía más grande del mundo, imponerle al planeta el poder del dólar como moneda de reserva a nivel global. La crisis que se avecinaba en los años 80 del siglo pasado, que también hubo una agravación de la situación, fue superada por Occidente gracias a que se adueñó del patrimonio y los recursos de la URSS, que primero se fue desintegrando y luego dejó de existir. Es un hecho.

En estos momentos, para salir de un nuevo bucle de controversias, necesitan quebrantar, cueste lo que cueste, a Rusia y a otros Estados que eligen el camino de desarrollo soberano. Eso les permitirá apropiarse aún más de las riquezas de otros y con ello tapar sus propios agujeros. Si eso no llega a ocurrir, no descartaría que intenten hacer que colapse todo el sistema o recurran, Dios no lo quiera, a la famosa fórmula: “después de la guerra ya nadie se acordará de nada”.

Rusia entiende su responsabilidad ante la comunidad internacional y hará todo lo posible para enfriarles los ánimos.

Es evidente que el actual modelo neocolonial está condenado. Insisto, sin embargo, en que sus promotores se seguirán aferrando a él hasta el final. Simplemente no tienen nada que ofrecerle al mundo, si no es el mantenimiento del sistema de saqueo y extorsiones. De hecho, están pasando por alto el derecho natural de miles de millones de personas, de la mayor parte de la Humanidad. Es el derecho a la libertad y la justicia, el derecho a elegir libremente su futuro. Ahora han pasado incluso a negar en rotundo los valores éticos, religiosos, familiares.

¿Por qué no respondemos a unas preguntas muy sencillas? Me gustaría ahora volver a lo que he dicho ya y dirigirme a los ciudadanos de nuestro país, no solo a los presentes en esta sala, sino a todos los ciudadanos de Rusia. ¿Acaso queremos que aquí, en nuestro país, en Rusia, en vez de una madre y un padre, existen “padre número 1”, “número 2”, “número 3”? Es que parece que se han vuelto locos. ¿Acaso queremos que en los colegios, desde la primaria, se impongan perversiones que conducen a la degradación y la extinción? ¿Queremos que se les meta en la mente a los niños que, además de hombres y mujeres, existen otros géneros y se les ofrezca hacer una operación, para cambiar de género? Para nosotros es algo inadmisible, tenemos nuestro propio futuro.

Me gustaría insistir en que la dictadura de las élites occidentales está dirigida contra todas las sociedades, incluidas las propias. Es un reto a todos, esta negación absoluta del hombre, el pisoteo de la religión y de los valores tradicionales, la supresión de la libertad está adquiriendo rasgos “de una religión al revés”, de un evidente satanismo. Ya lo dijo Jesucristo en el Sermón de la Montaña: “Por sus frutos los conoceréis”. Se refería a los pseudoprofetas. Y estos venenosos frutos ya se dejan notar no solo en nuestro país, sino en todos los países. Lo nota también mucha gente en los propios países occidentales.

El mundo ha entrado en una etapa de transformaciones revolucionarias que tienen carácter fundamental. Se están formando nuevos centros de desarrollo que representan a la mayor parte -es importante- de la comunidad europea. Están dispuestos no solo a anunciar sus intereses, sino a defenderlos. Perciben el mundo multipolar como una posibilidad de reforzar su soberanía y, por lo tanto, de adquirir verdadera libertad, perspectiva histórica, el derecho a un desarrollo independiente, creativo, auténtico, a un proceso armonioso.

En todo el mundo, también en Europa y en EEUU, como ya he dicho, contamos con mucha gente que nos apoya, es un apoyo que sentimos. En los más diversos países y sociedades ya está en marcha un movimiento de carácter libertador, anticolonial, dirigido contra la hegemonía unipolar. Su intensidad irá en aumento. Y será esta la fuerza que determinará la futura realidad geopolítica.

¡Estimados amigos!

Hoy estamos luchando por un camino justo y libre, en primer lugar, para nosotros mismos, para Rusia. Estamos luchando para que la dictadura y el despotismo se queden para siempre en el pasado. Estoy convencido de que los países y los pueblos entienden que la política basada en la exclusividad de quien sea, la política orientada a suprimir otras culturas y pueblos es de naturaleza criminal y que hemos de pasar esta vergonzosa página. El quebrantamiento en marcha de la hegemonía occidental es irreversible. Insisto en que ya no se vivirá como antes.

El campo de batalla, al cual nos condujo el destino y la Historia, es el campo donde luchamos por nuestro pueblo, por una gran Rusia histórica, por las futuras generaciones, por nuestros hijos, nietos y bisnietos. Hemos de defenderles de la esclavitud, de los monstruosos experimentos dirigidos a mutilar su conciencia y su alma.

Hoy luchamos, para que a nadie nunca se le ocurra que se puede tachar a Rusia, a nuestro pueblo, nuestra lengua, nuestra cultura, a tachar todo esto de la Historia. Hoy necesitamos consolidar a toda la sociedad y la base de esta unión solo puede ser la soberanía, la libertad, la actitud constructiva, la justicia. Nuestros valores son el amor por el prójimo, la misericordia y la compasión.

Me gustaría concluir mi discurso con las palabras del verdadero patriota Iván Ilyin: “Si considero que mi Patria es Rusia, quiere decir que amo, contemplo y pienso a la rusa, canto y hablo a la rusa, confío en las fuerzas espirituales de mi pueblo. Su espíritu es mi espíritu, su destino, mi destino, sus sufrimientos, mi pesar, su florecimiento, mi alegría”.

Estas palabras entrañan una gran elección espiritual que hicieron durante más de 1.000 años de la existencia del Estado ruso muchas generaciones de nuestros antepasados.

Hoy esta elección la hacemos nosotros, la han hecho los ciudadanos de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, los habitantes de las provincias de Zaporiyia y Jersón. Han elegido estar con su pueblo, con su Patria, de tener con ella un futuro común, de vencer junto con ella. ¡La verdad es nuestra, Rusia es nuestra!

Por Vladímir Putin

Discurso pronunciado el 30 de septiembre de 2022 en el Kremlin de Moscú, y publicado por la Cancillería de Rusia el 1 de octubre de 2022.


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